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Una gala de los goya marcada por el #metoo, aunque con menos carga de lo esperado

Los Goya de este año llegaban marcados por el #MeToo español. La publicación en El País de los abusos sexuales de los que ha sido acusado por tres mujeres el director Carlos Vermut ha desatado un terremoto del que, sin que hayan salido más nombres por ahora, todavía no se conoce su alcance real. Y estos galardones, frente a unos Premios Feroz en los que apenas se mencionó, han sido una buena ventana para demostrar el hartazgo de las mujeres de la profesión con unos comportamientos que han permanecido silenciados durante demasiado tiempo, aunque sin que la reivindicación llegase a ocupar tanto espacio en la gala como se podía esperar.

En un año histórico para la igualdad en el cine, el primero en el que ha habido una mayoría de mujeres nominadas (un 61%, frente al 37% de la edición pasada), CIMA, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, había propuesto a los invitados que lucieran un paipay con el hashtag #seacabó. Ese ha sido el lema que ha empleado Ana Belén durante la introducción de la gala para dejar claro que este año no había un tema más crucial sobre la mesa. “Desde aquí queremos decir a las víctimas de violencia sexual que no están solas y que su testimonio es admirable y muy valiente. Que su valor para denunciar consiga que estas palabras se transformen en hechos. Aquí, en el cine, también se acabó”, ha sentenciado, desatando la ovación del público.

A lo largo de toda la noche, han sido sobre todo las profesionales más veteranas las que con más claridad han mostrado su indignación por ese histórico de abusos que acusa el cine español y del que, como todo el mundo sabe, solo ha sobresalido una pequeñísima punta del iceberg. La vicepresidenta de la Academia de Cine, Susi Sánchez, ha reclamado que “la igualdad debe ser la norma y no la excepción”, y ha señalado, como Ana Belén, que “se acabó el abuso de poder y la violencia contra las mujeres“, reiterando la solidaridad de la Academia con las víctimas. Un mensaje que se ha podido escuchar en una versión de la canción de María Jiménez que está en su origen, interpretada a tres voces por Niña Pastori, María José Llergo e India Martínez, y que también ha repetido durante sus agradecimientos Estíbaliz Urresola, la premiada directora de 20.000 especies de abejas: “Es importante que cada vez seamos más para decir: se acabó, no queremos más violencia ni acoso”.

Estíbaliz era una de las pocas que lucía también una chapa de solidaridad con Palestina, la otra reivindicación que ha recorrido la gala y que ha tenido en Alba Flores a su portavoz más indignada. La actriz de la nominada Te estoy amando locamente había declarado a su llegada a los premios que no se le hacía fácil compartir ese ambiente festivo cuando se está produciendo una masacre como la de Gaza.

Una alfombra rosa más activista

Más caldeada había estado la alfombra roja, donde los tiempos están algo menos medidos y donde la pregunta sobre los abusos era obligada entre los periodistas que recibían a los invitados. Una siempre asertiva Blanca Romero decía que “me parece maravilloso que se denuncie y que se hable”, aunque en su caso, aseguraba, “soy más de en el momento: te suelto dos guantazos y ya está”. Belén Rueda ha hecho hincapié en la educación para acabar de una forma definitiva con este problema, y Malena Alterio ha celebrado que “si somos altavoces, bienvenido sea”, en referencia a la visibilidad que su gremio puede dar a un problema que va mucho más allá de ciertos gremios profesionales.

En esa línea, Marisa Paredes, paipay en mano, pedía que el #seacabó se extienda más allá del terreno de los abusos sexuales, porque “son muchas las cosas horribles que ocurren en el mundo”, e Isabel Coixet ha dicho que ese lema no puede centrarse en el audiovisual, sino que tiene que llegar a todos los sectores de la sociedad. “Yo creo que este es un se acabó general”, ha rematado.

En el apartado de los hombres, el galardonado con el Goya a mejor actor de reparto José Coronado, después de sus polémicas declaraciones en los Feroz, donde se le ocurrió decir a las mujeres cuándo o cómo tienen que denunciar, unas palabras por las que pidió disculpas más tarde, esta vez prefería guardar silencio y decir que solo quería hablar de su trabajo. A su error se había referido el también actor Tristán Ulloa, señalando que hay que pensar más en la responsabilidad de los agresores que en la de las víctimas. Manolo Solo, compañero de Coronado en el reparto de Cerrar los ojos y nominado sin premio, mostraba su condena “a cualquier acto de abuso de poder y de violencia”. “Es evidente que en todas las facetas ha habido un predominio masculino, y el cine no iba a ser una excepción”, decía.

Pedro Almodóvar decía que el “país entero” se ha solidarizado con las víctimas de Vermut y que esperaba que las instituciones les ofrezcan todo tipo de apoyo, sobre todo también “para dar confianza a otras mujeres que estén viviendo esa pesadilla de miedo”. A su lado, Penélope Cruz se quejaba de que “lo que más está fallando es un sistema judicial”, asegurando que cuando una mujer se decide a denunciar y no se siente respaldada es “muy difícil”. 

Bochorno para los hombres

Rotundo había sido Pedro Sánchez a su llegada al recinto ferial donde se celebraban los premios. “Me gustaron mucho unas palabras de los Javis en las que decían que quieren una industria sana porque quieren una sociedad sana”, declaraba el presidente del Gobierno. “Tenemos que ser todos muy conscientes de que estamos hablando de una violencia estructural, que exige el compromiso de todos, pero también de las instituciones”, añadía. “El gobierno está total, rotundamente comprometido en acabar con esta violencia estructural que nos abochorna a todos -añadió-, y particularmente a los hombres”.

En lo que toca a su ejecutivo, el ministerio de Cultura había anunciado este viernes la creación de una unidad de atención y prevención de las violencias machistas en el sector cultural que tendrá entre sus objetivos “el acompañamiento a las víctimas de violencia machista”. Unos días antes, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, y la presidenta de CIMA, Cristina Andreu, habían anunciado que llevarán a cabo un informe sobre violencia sexual en la industria audiovisual española para evitar que se repitan abusos como los que se achacan a Carlos Vermut.

Ernest Urtasun, promotor de la primera de esas iniciativas, aprovechaba la gala para recalcar su importancia. “Un mensaje de apoyo a todas las mujeres, sobre todo a las que han denunciado casos de abuso sexual, y decir que desde el ministerio de cultura vamos a actuar”. “Actuaremos para que haya una cultura segura para todas ellas”, ha subrayado. Su compañera de partido y vicepresidenta del gobierno Yolanda Díaz ponía el énfasis en la precariedad con la que están conectados los abusos.

Los primeros Goya del tantos años esperado #MeToo español han resultado unos premios reivindicativos, pero muy lejos de lo que se vio hace años con temas como el de la guerra de Irak. Quizá faltan todavía más conciencia o más casos para que el esté más a flor de piel. Quedó claro en la intervención de Fernando Méndez-Leite, que no se explayó con el tema: “Como ya han dicho mis compañeras, la Academia condena cualquier abuso o violencia que se ejerza contra las mujeres”. Hizo después una pequeña oda al creciente éxito de las mujeres en la profesión: “Nuestras jóvenes directoras han ganado este año la Concha de Oro, la Biznaga de Málaga, la Espiga de Valladolid, los Gaudí y el premio de la Quincena de Cannes”, parecía enorgullecerse. Pero el anticlímax llegaba al final de esa retahíla: “dejad algo para nosotros”. Lo dicho: falta camino.

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