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Los niños que mató el poder

A veces se critican las corrientes políticas, las religiones o tal o cual dinastía a propósito de sus maldades, pero muchas de esas tropelías tienen un punto en común el ansia por el poder.

Las envidias, la ambición desmedida y otras tantas bajezas humanas han estado tan presentes en el mundo egipcio como en la rusia zarista o en cualquiera de las monarquías europeas. Lo terrible es cuando esa pasión por mandar encuentra como obstáculo un niño. Es ahí cuando surge una de las grandes encrucijadas en la moral humana. ¿Qué tiene más valor: el poder o la vida de un inocente?

Lamentablemente más allá de mitos y relatos, el infanticidio por el poder lleva milenios acompañándonos. De hecho, hoy día 11 de febrero, sería el cumpleaños de una de estas víctimas Británico pero nos remontaremos unas décadas atrás, al año 44 a.C. para conocer varios casos previos.

Mitos como el de Edipo nos hablan de los asesinatos de niños por el ansia de poder.

En ese año 44. a. C. Cleopatra se encontraba desamparada tras la muerte de Julio César. Precipitadamente regresó al país del Nilo donde compartía el poder con su hermano pequeño Ptolomeo XIV, un chaval de 15 años cuyo cargo se volvió realmente incómodo.

Cleopatra decidió afianzar su poder en Egipto, y esto pasaba por dejar de compartir el poder con su hermano Ptolomeo, el cual con 15 años murió providencialmente. Nunca se supo con certeza si murió o no envenenado, pero la constante en estos magnicidios infantiles es la de no hacerlo evidente y achacar estas muertes a la endeble salud de los infantes.

Pero como donde las dan las toman, el siguiente en caer en esa lucha fue el pequeño Cesarión (hijo de Cleopatra y Julio César), que al desatarse la guerra entre Cleopatra y Marco Antonio contra Augusto se convirtió en un personaje incomodo para Roma siendo asesinado en Alejandría a los 17 años.

Cesarión, pocos personajes han sido tan incómodos en la historia con su mera existencia

Cesarión, pocos personajes han sido tan incómodos en la historia con su mera existencia.

Pero no acaban aquí las desdichas de los hijos de Cleopatra. Ptolomeo Filadelfo, nacido de Cleopatra y Marco Antonio también se convirtió en el punto de mira, y así, tras la muerte de sus padres el pequeño Ptolomeo Filadelfo acabó en manos de Roma que con Augusto a la cabeza lo convirtió en trofeo de guerra. Así tuvo que desfilar a la edad de seis años tras el carro de Augusto para posteriormente recibir los suficientes pocos cuidados como para morir en el plazo de un año. ¿Fue asesinado? Quizá no violentamente, tal vez tan solo hizo falta despreocuparse de él para quitárselo de en medio.

Menos accidental parece la muerte de Británico, heredero de Claudio y Mesalina, quien acorralado por las luchas de poder entre los partidarios de su padre y de su hermanastro Nerón acabó sucumbiendo a la edad de 13 años. Concretamente el 11 de febrero de 55, es decir, el día antes de su decimocuarto cumpleaños y por lo tanto, poco antes de convertirse en adulto.

Germánico en brazos de su madre Agripina

Germánico en brazos de su madre Agripina.

Así podríamos seguir con las muertes de otros niños en la Edad Media como Sancho de Castilla, muerto en 1371 con ocho años y Sancho de Aragón, muerto en 1416 con 15 años. El primero era ilegítimo y murió en el contexto de la guerra civil que acabó con su padre Pedro I aunque sin embargo los últimos estudios forenses indican que este infante no murió envenenado. Menos incierta resulta la muerte del otro Sancho, sabiendo los cargos que ostentaba como maestre de Alcántara.

Por el contrario, la muerte de Alfonso de Castilla en el año 1468 genera cada vez más sospechas sobre su posible envenenamiento. En el contexto de las luchas intestinas entre Enrique IV y sus medio hermanos, Alfonso e Isabel (la futura reina Católica) el joven Alfonso jugó el papel de títere de ciertos sectores de la nobleza.

Se le llegó a proclamar rey, con once años durante la farsa de Ávila en la primavera de 1465, tres años más tarde moría en Cardeñosa (Ávila) dejando vía libre a su hermana Isabel. Una muerte que benefició a sus dos hermanos, tanto a Enrique por quitarse un oponente, como a Isabel para quien era un obstáculo.

Alfonso apodado el Inocente, se convirtió en un escoyo para las luchas de poder, falleciendo a la precipitada edad de 14 años

 Alfonso apodado el Inocente, se convirtió en un escoyo para las luchas de poder, falleciendo a la precipitada edad de 14 años.

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