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La sequía golpea la alta montaña y deja a los Pirineos sin apenas nieve y en situación crítica

La sequía se puede resumir en varias imágenes: la vista desoladora del pantano de Sau, las obras en el puerto de Barcelona para recibir barcos cisterna o los bosques en agonía. Pero otro epicentro de esta crisis hídrica está en las montañas. “Observamos cómo el paisaje de los Pirineos va cambiando poco a poco”, afirma la directora del Meteocat, Sarai Sarroca. No solo lo confirman las fotografías de las últimas semanas, sino también los datos. Los meses de diciembre y enero de este invierno son de récord (negativo) si nos fijamos en las cubiertas de nieve, mínimas o, en algunos casos, directamente inexistentes. La sequía se ha instalado también en la alta montaña.

Solo se recuerdan cantidades de nieve como los actuales en 2002 y 2007




Es cierto que se esperan ciertas lluvias (y seguramente nevadas) de cara a este fin de semana. Pero este episodio no dará la vuelta a una tendencia que se evidencia si se analizan los datos de los últimos 20 años. Sarroca admite que cada vez es más difícil ver los Pirineos cubiertos de nieve de forma regular: “Valoramos el índice de gravedad de la sequía por su intensidad y la extensión territorial, pero otro valor clave son las altas temperaturas”.

Este enero ha sido el más cálido desde que se recopilan datos climáticos. Este tipo de registros, sumados a la falta de lluvia, convergen en un cóctel fatal, que ha dejado lugares tan icónicos como el Port de la Bonaigua muy por debajo de su grueso de nieve medio. “Solo se recuerdan cantidades de nieve como los actuales en 2002 y 2007“, precisa la directora del Servei Català de Meteorologia.

Durante el siglo pasado, uno solía planear sus ratos de ocio en los Pirineos sin estar obsesivamente pendientes del cielo. Por lo general, había nieve, porque hacía frío. Sin embargo, ahora, para planear un fin de semana de esquí, muchos prefieren asegurarse de que ha habido una gran nevada antes de montar la expedición.

Si el deshielo es temprano y acelerado, el proceso acaba aportando mucha menos agua a los ecosistemas


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“El calor es realmente alarmante, puesto que acelera el deshielo y debilita la poca nieve que hay”, expone Sarroca. ¿Y esto qué consecuencias tiene para los ríos y los embalses? Para que el deshielo sea útil de cara a las reservas de agua, lo ideal es que su momento álgido llegue en primavera y de forma progresiva.

“El calor es realmente alarmante: acelera el deshielo y debilita la poca nieve que hay”

Sarai Sarroca – Directora Meteocat


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La nieve se va fundiendo lentamente. Llega a los arroyos, a los humedales montañosos, a los ríos y finalmente en los embalses. El problema es que si el deshielo es temprano y acelerado, este proceso acaba aportando mucha menos agua a los ecosistemas.

Durante lo que llevamos de invierno, las comarcas catalanas que más han sufrido la escasez de nieve son la Cerdanya y el Ripollès. Así lo contatan los registros de los observatorios de Malniu y el Vall de Núria, sin prácticamente nieve. “Solo se han acercado a los gruesos habituales en el Val d’Aran, un valle atlántico. En el resto de los Pirineos la situación es crítica“, afirma Sarroca. Los montes aragoneses tampoco se salvan de la tragedia, aunque en este caso el calor ha sido más dañino que la falta de agua. De hecho, un estudio reciente apuntaba que el glaciar del Aneto, ya muy mermado, puede desaparecer en los próximos años.

La poca nieve también afecta al ecosistema. Marc Garriga, director del parque natural del Alt Pirineu, lo ilustra con un caso flagrante: “Las plumas del lagópodo alpino, en invierno, emblanquecen. Por lo tanto, si no hay nieve, este pájaro es el blanco perfecto para ser depredada, ya que no se puede mimetizar. Esto es un drama, sobre todo, en los Pirineos orientales, porque los ejemplares no encuentran rincones nevados donde esconderse”.

“La falta de nieve tiene consecuencias graves para la flora y la fauna”

Marc Garriga – Parque natural del Alt Pirineu


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El urogallo también padece la falta de nieve. “Su estrategia invernal pasa por subir de cota y esconderse en los árboles, porque sabe que los depredadores no subirán hasta ahí. El problema es que, sin nieve, no dudan en acercarse”, detalla. El rododendro o el arándano son dos plantas que también requieren una capa de nieve generosa que les aisle del frío: “Así quedan protegidos de las heladas, que pueden ser letales para estos arbustos”.

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