El Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Murcia ha desestimado el recurso de un hombre que abusó sexualmente de una niña de 10 años, hija de su novia en Murcia, nada más salir de prisión por narcotráfico.

El individuo, que ahora tiene 40 años de edad, cumplió un año y medio de cárcel en Campos del Río (Murcia) y, al salir libre, fue a casa de su pareja y durante meses estuvo haciendo tocamientos a la menor.

Tal y como se lee en el relato de hechos probados, este sujeto, de nacionalidad marroquí y con numerosos antecedentes, fue condenado por un juzgado de Algeciras por tráfico de drogas, lo trasladaron a Campos y salió del penal más grande de la Región el 8 de marzo de 2020. Entonces fue a casa de su compañera sentimental, una vivienda ubicada en la capital de la Región. Apenas unos días después, España quedaba confinada por culpa de la pandemia de coronavirus.

En el domicilio vivían las dos hijas de la mujer. Una de ellas, de 10 años en aquel momento, sufrió a manos de este individuo “tocamientos en la zona de las ingles, del pecho y los muslos, por encima y por debajo de la ropa”, detalla el documento judicial. Llegó a abusar de la menor incluso cuando la madre estaba en la casa, en otras estancias lo suficientemente alejadas como para no darse cuenta de lo que pasaba.

Un relato coherente

En octubre de 2020, la pequeña decidió contar lo sucedido a su progenitora. Al tener conocimiento de lo que estaba haciendo el hombre, la mujer puso una denuncia en la Comisaría de la Policía Nacional. Agentes de este cuerpo arrestaron al día siguiente al sospechoso, que salió libre con cargos y una orden de alejamiento tras pasar por el Juzgado de Guardia. En marzo de 2023, la Audiencia Provincial de Murcia lo condenaba a cinco años y medio de prisión por un delito continuado de abuso sexuales a una menor de 16 años, a la que tendría que indemnizar con 8.000 euros por los daños morales causados.

La defensa del sujeto recurrió la resolución al TSJ, que desestimó el recurso y valoró “la persistencia incriminatoria y sin contradicciones en el relato de la menor en todas las ocasiones en que ha prestado declaración por estos hechos, tanto en fase de instrucción como en el acto del plenario. Aquella siempre manifestó que el acusado le había tocado el pecho por debajo de la ropa que llevaba puesta y que le había tocado por encima de la misma en las ingles y en los muslos, además de abrazarla en diversas ocasiones”.

“Una persistencia, consistencia y coherencia intrínseca en el testimonio de la menor, que viene además corroborado circunstancialmente por otras fuentes probatorias: tanto testificales, especialmente de la madre de la menor, como pericial, en virtud de lo informado por las psicólogas que examinaron a esta última”, subrayó el tribunal.

En cuanto a la víctima, “conforme al Instituto de Medicina Legal, la menor no presenta en la actualidad secuela postraumática ni trastorno psicopatológico. Pero ello es gracias a la terapia psicológica seguida por la menor en la Asociación Albores (catorce sesiones individuales y aproximadamente dos años). Si a ello se le adiciona, que el acusado operaba como figura paterna, se agrava la sensación de frustración e impotencia de esa menor de edad, que solamente tras varios meses de abuso sexual, se decidió a contar lo sucedido a su madre”, apuntó el TSJ.