El trasplante de heces, científicamente conocido como trasplante de microbiota fecal, ha abierto una nueva vía de investigación en enfermedades en las que el sistema inmunitario desempeña un papel clave. En el caso de la artritis reumatoide, los primeros estudios apuntan a una posible relación entre la microbiota intestinal y la inflamación, pero todavía queda por demostrar si modificarla mediante un trasplante puede traducirse en una mejora real y sostenida de la enfermedad. La investigación continúa para determinar qué pacientes podrían beneficiarse, qué microorganismos son determinantes y cómo debe administrarse esta estrategia.
Lo que sí está claro es que «en estos pacientes existe una alteración del equilibrio de las bacterias intestinales, algunas de las que predominan pueden producir menos metabolitos necesarios para mantener una respuesta inmunitaria equilibrada», explica a este periódico la doctora Begoña González Suárez, del Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínic de Barcelona, durante el 14 Simposio de Artritis Reumatoide que la Sociedad Española de Reumatología celebra en Barcelona.
Pero, ¿existe evidencia científica sobre el trasplante de microbiota fecal para tratar la artritis reumatoide? La respuesta es que «todavía estamos en una fase de investigación«.
La microbiota de los donantes consigue instalarse en los animales receptores, pero no demuestran necesariamente que esto tenga un efecto directo sobre la aparición de la enfermedad
«Hay resultados muy interesantes, pero aún no podemos afirmar que sea un tratamiento establecido para esta enfermedad ni tenemos una conclusión definitiva sobre su eficacia». Hasta ahora se han realizado trabajos en los que se trasplanta microbiota fecal de pacientes con artritis reumatoide a ratones y, en algunos casos, estos animales desarrollan síntomas compatibles con artritis reumatoide.
«Otros estudios son menos concluyentes y que sí demuestran que, después de un trasplante, se produce un engraftment, es decir, que la microbiota de los donantes consigue instalarse en los animales receptores, pero no demuestran necesariamente que esto tenga un efecto directo sobre la aparición de la enfermedad», señala la especialista. En humanos existe algún caso publicado: una paciente muy joven, de unos 20 años, con una artritis reumatoide de cinco años de evolución y muy refractaria al tratamiento.
Se trata de un estudio publicado en China, uno de los países donde más se ha trabajado en trasplante de microbiota fecal hasta el momento, «aunque actualmente ya contamos con grupos de investigación en Europa que están trabajando en este campo. Esta paciente recibió un trasplante de microbiota fecal y evolucionó muy bien. Se observó una disminución del factor reumatoide y una mejoría importante de los síntomas de la artritis reumatoide, y pudo continuar con su tratamiento basal habitual».
La doctora Begoña González Suárez del Servicio de Gastroenterología del Hospital Clínic de Barcelona / Cedida
¿Qué relación existe entre la microbiota y la artritis reumatoide?
El principal mecanismo que se plantea es la existencia de una disbiosis, es decir, un desequilibrio en nuestra microbiota intestinal. La doctora González Suárez recalca que en determinadas circunstancias pueden predominar bacterias potencialmente patógenas. «Estas bacterias pueden producir alteraciones en la barrera intestinal. La membrana intestinal, que normalmente es prácticamente impermeable a determinados microorganismos y sustancias, puede volverse más permeable»
Y como consecuencia, pueden pasar microorganismos o productos derivados de ellos que activan una cascada inflamatoria, alteran la respuesta inmunitaria y generan inflamación sistémica. A través de lo que denominamos eje intestino-articulación, se plantea que determinados productos bacterianos o incluso bacterias puedan contribuir a la inflamación articular.
Entonces, ¿significa esto que modificando la microbiota podemos prevenir o tratar la artritis reumatoide? «Todavía no podemos llegar tan lejos. En el momento actual no podemos decir que modificando la microbiota vayamos a prevenir o tratar la artritis reumatoide».
Lo que sí parece existir es una relación entre la microbiota y la enfermedad. «Si este desequilibrio no aparece simplemente como consecuencia de la inflamación, sino que contribuye de alguna manera a producirla o mantenerla, podría convertirse en una vía sobre la que intervenir terapéuticamente».
¿Puede la alimentación ayudar a cuidar la microbiota?
Esto es probablemente lo que «podemos recomendar con mayor seguridad actualmente, tanto en artritis reumatoide como en otras enfermedades inflamatorias crónicas». Y lo ideal es mantener una dieta saludable. «Lo que entendemos actualmente por una alimentación saludable se aproxima mucho al patrón de dieta mediterránea: frutas, verduras, legumbres y alimentos poco procesados. También recomendamos limitar el consumo de carnes rojas y evitar los alimentos ultraprocesados».
Existen estudios que demuestran que la dieta mediterránea puede mejorar los síntomas de la artritis reumatoide
Y la especialista es tajante: «hasta aquí podemos llegar con bastante seguridad». No obstante, existen algunos estudios con probióticos, incluidos determinados lactobacilos, que sugieren que podrían mejorar parcialmente determinados perfiles bacterianos, pero nuestra microbiota puede verse alterada por muchísimos factores.
En la práctica clínica «observamos que algunos pacientes refieren una mejoría cuando modifican su alimentación y adoptan una dieta más mediterránea». Existen estudios que demuestran que la dieta mediterránea puede mejorar los síntomas de la artritis reumatoide.

Las heces de los donantes se congelan hasta confirmar que está completamente sano / Hospital Clínic de Barcelona
¿El trasplante de microbiota va a formar parte de la medicina del futuro?
La microbiota ha venido para quedarse, hace hincapié la doctora González Suárez. «Lo que tenemos que hacer es ser cautos e ir paso a paso. No debemos ofrecer conclusiones demasiado positivas cuando todavía queda mucho por investigar».
«Tenemos resultados muy interesantes y cada vez existe más evidencia, pero necesitamos estudios bien diseñados que nos permitan determinar qué pacientes pueden beneficiarse, qué tipo de microbiota debemos utilizar, cuál es la frecuencia adecuada de las intervenciones y cuánto tiempo se mantiene el efecto», explica. Y es que, uno de los factores clave de este procedimiento es la selección de los donantes, que tienen que ser personas completamente sanas.
Pero actualmente no se puede plantear el procedimiento simplemente como «tengo un familiar sano y quiero donar sus heces». El proceso de selección tiene que ser mucho más riguroso. En Cataluña está el Banco de Microbiota Fecal de Cataluña, que se comenzó a desarrollar a partir de 2018, después de su estancia en Estados Unidos relacionada con este ámbito. «Disponemos de un banco de donantes y, en términos generales, nuestros donantes tienen que tener entre 18 y 65 años y estar completamente sanos«.
Los donantes no deben tener ninguna enfermedad conocida, ni ellos ni sus familiares de primer grado. Además, no deben haber viajado durante los seis meses previos y no deben haber tomado antibióticos durante los tres meses anteriores, porque los antibióticos pueden producir una alteración muy importante de la microbiota.
Cuando el posible donante acude al servicio o al banco, se le realiza una evaluación clínica muy exhaustiva y una batería de pruebas similar, en cuanto a rigurosidad, a la que se realiza en otros procedimientos de donación. «Una analítica muy completa, con serologías y diferentes pruebas microbiológicas, además de análisis de heces».
Estas pruebas se repiten posteriormente
Si los resultados son negativos y la entrevista clínica tampoco detecta ningún factor de riesgo, el donante puede comenzar a donar. «A las ocho semanas realizamos una nueva evaluación, incluyendo análisis de sangre, serologías y estudios de heces, para comprobar que la situación continúa siendo adecuada. No todos los candidatos son finalmente donantes válidos».
Cualquier infección, antecedente familiar relevante, medicación o enfermedad puede hacer que una persona sea descartada. «Esta es nuestra principal preocupación. Por eso somos muy exhaustivos y rigurosos con la selección».

Archivo – Imagen de recurso de una persona con artritis. / IMSKE – Archivo
¿Cómo se realiza el trasplante de microbiota?
Se puede hacer de diferentes maneras. Una de ellas es mediante colonoscopia. Actualmente es una de las vías más utilizadas y con mayor evidencia, especialmente en pacientes con infección por Clostridioides difficile. En estos pacientes, las tasas de curación son muy elevadas.
Mediante la colonoscopia «liberamos la preparación de microbiota en el colon. Es una exploración ambulatoria y, normalmente, los pacientes pueden marcharse a casa poco después del procedimiento. También existe una vía menos invasiva: las cápsulas. Podemos fabricar cápsulas congeladas o liofilizadas, lo que permite reducir considerablemente el número de cápsulas que debe tomar el paciente», cuenta la doctora González Suárez.
Fuente: La Nueva España










