José Luis Rodríguez Zapatero fue presidente del Gobierno durante siete largos años, de abril de 2004 a diciembre de 2011. A cambio de su labor ingente cobró una cantidad en torno a los setecientos mil euros, notablemente por debajo del millón. Sin embargo, no se le exigió por lo visto dedicación exclusiva, y en un solo día de junio de 2007 obtuvo un sobresueldo de 1,4 millones en joyas del rey Abdulá. El balance del pluriempleo establece que Arabia Saudí pagó a ZP más que España, lo cual origina la lógica confusión geográfica. El encuadre de la fortuna en piedras en metales y piedras preciosas como «muestras de consideración» no evitaría que un medio sensacionalista titulara que la dictadura árabe pagó al líder socialista el doble que la democracia española, y todo ello durante la misma presidencia del Ejecutivo.
En ningún caso se pretende discutir aquí la abnegada profesionalidad de Zapatero, dado que mostró un comportamiento ejemplar con su verdadero patrón, que eran los saudíes en atención al desembolso comparativo. De hecho, si se complementa el millón y medio entregado en Madrid a ZP con los cien millones de dólares abonados a Juan Carlos I en Riad por el mismo Abdulá, se traslada la imagen de un país europeo generosamente subvencionado en su cúpula por los petrodólares. El regalo «estrictamente personal» mejoró desde luego las perspectivas económicas del presidente español, en el mismo año en que el hundimiento de las hipotecas ‘subprime’ desencadenaba la crisis financiera.
Sostiene Zapatero que nunca tasó las joyas, pero su autonombrado portavoz las valoró en torno a los treinta mil euros, solo cuarenta veces por debajo de su valor real. Además, las guardó en una caja fuerte mezcladas con piezas sin valor. Si quieres ocultar un árbol, levanta un bosque. Aparte de revalorizar su fértil estancia en la Moncloa, el escándalo a ritmo de joropo venezolano ha encumbrado a ZP en Harvard. Allí, Pedro Sánchez tuvo que afrontar una pregunta sobre Delcy Rodríguez que incluía al hombre que le ganó las elecciones de 2023. En la respuesta, se olvidó de mencionar a su predecesor. Mensaje captado.
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