El Tribunal Penal de Roma ha condenado este lunes a tres agentes secretos egipcios a 10 años de cárcel por el brutal asesinato del estudiante italiano Giulio Regeni en 2016 en El Cairo. Un cuarto imputado ha sido absuelto, según ha avanzado la prensa italiana. Juzgados en rebeldía y condenados por secuestro con agravantes, el dictamen fija la primera verdad judicial de un proceso que ha conmocionado profundamente a la sociedad italiana y ha puesto en evidencia las sistemáticas violaciones de los derechos humanos del régimen de Abdelfatá al Sisi tras las Primaveras Árabes.
La causa abierta en la capital italiana acusaba a Uhsam Helmi, Athar Kamel Mohamed Ibrahim, Magdi Ibrahim Abdelal Sharif y Tariq Sabir —este el último es el que ha quedado absuelto— de secuestro y complicidad en homicidio, ambas con agravantes, además de complicidad en lesiones corporales graves.
Violencia extrema
La acusación de la fiscalía de Roma reconstruyó un patrón de violencia extrema, certificado en casos de persecución a la disidencia y a activistas por los derechos humanos. Cuando la madre del joven acudió a identificar el cadáver, llegó a declarar que solo pudo reconocer a su hijo por la forma de la nariz, debido al brutal grado de desfiguración que presentaba. No obstante, la sentencia es muy inferior a la solicitada por la fiscalía, que había pedido cadena perpetua para Sharif y 17 años y medio de cárcel para el resto de imputados; también ha sido descartado el delito de homicidio para los imputados.
Regeni, un doctorando de 28 años de la Universidad de Cambridge que investigaba la formación de sindicatos independientes en Egipto, se evaporó el 25 de enero de 2016. La fecha coincidía con el quinto aniversario de la Revolución de 2011 que derrocó a Hosni Mubarak. Según los testimonios clave recabados por los investigadores italianos, el joven pasó por al menos dos cuarteles de la Agencia de Seguridad Nacional antes de su asesinato. Su cuerpo apareció el 3 de febrero tirado en la cuneta de una autopista a las afueras de El Cairo, repleto de marcas de torturas severas, entre ellas golpes, quemaduras de cigarrillos y señales de haber recibido descargas eléctricas.
Choque diplomático
Durante todos estos años, el Estado egipcio nunca pidió perdón ni reconoció los hechos. Tanto la fiscalía italiana como los familiares de la víctima han denunciado maniobras de obstrucción desde El Cairo. «Todo lo que el régimen podía poner en marcha para impedir este proceso, lo hizo. Pero esta familia es fuerte y resistente. Los Regeni han luchado por nosotros y, si hoy nuestros derechos valen un poco más, es gracias a ellos», destacó la abogada de los padres, Alessandra Ballerini, poco antes del pronunciamiento.
En 2016, el caso incluso suscitó un enfrentamiento entre Egipto y el Parlamento Europeo, después de que la institución comunitaria condenara la «tortura y muerte, bajo circunstancias sospechosas» del joven italiano y calificara la situación como un hecho «no aislado». La respuesta de El Cairo fue entonces tajante. El portavoz de Exteriores, Ahmed Abu Zaid, aseguró que la declaración de la Eurocámara no era «ecuánime», al incurrir «en acusaciones sin ninguna prueba».
En este sentido, la resolución dictada en Roma marca un nuevo precedente en la búsqueda de rendición de cuentas en crímenes que involucran a más países, ya que se llevo adelante sin que los imputados pudieran ser localizados. Lo que queda por ver es lo que hará el Gobierno de Giorgia Meloni ahora: si apoyar o no una petición de formal de extradición por los agentes egipcios involucrados, como pide la familia.
Roma adoptó inicialmente algunas medidas diplomáticas de protesta por la actuación del Gobierno de Al Sisi —entre ellas, retiró durante un año a su embajador en Egipto—, pero posteriormente continuó autorizando acuerdos comerciales masivos con El Cairo, incluida la venta de fragatas militares y acuerdos de suministro de gas natural. Recientemente, el ministro de Exteriores italiano, Antonio Tajani, visitó a Al Sisi en Egipto.
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