La expansión urbanística de Alzira ha dado por momentos algún bocado a las faldas de la Muntanyeta del Salvador, un paraje que el ayuntamiento trata de potenciar como parque urbano forestal vinculado al Anell Verd, aunque podía haber sido mucho peor. Los alzireños que este domingo acudan a despedir a la patrona en su regreso al santuario en el acto que cierra las fiestas en honor de la Mare de Déu del Lluch podrán disfrutar de la masa forestal que se conserva y de la amplia explanada a los pies del templo, espacios que se han salvado de la “obsesión” por urbanizar la Muntanyeta que ha habido en algunos momentos de la historia reciente, más allá del “boom” inmobiliario de 2006.
Una perspectiva de la Muntanyeta con la urbanización de Santa María de Bonarie a la derecha. / Perales Iborra
“Realmente es un milagro que la Muntanyeta siga a día de hoy sin urbanizar”, resume Rubén Pastor, cronista oficial adjunto de Alzira y autor de el libro “Alzira Insòlita”, en el que recoge de forma sucinta algunos de los intentos por construir viviendas privadas, un complejo hotelero o centros educativos, entre otras iniciativa. La relación de proyectos que no se llegaron a materializar se amplía incluso en un trabajo sobre la Muntanyeta que verá la luz el próximo 15 de octubre, obra de Salvador Iñigo, el cronista oficial de la ciudad, Aureliano Lairón, y el propio Rubén Pastor.

La barriada de la Muntanyeta hacia el año 1900, en una imagen coloreada. / Archivo Rubén Pastor
Este estudio detalla que las peticiones para construir chalés particulares en la Muntanyeta del Salvador fueron habituales, “incluso insistentes”, en el primer tercio del siglo XX y que si el paraje se mantiene como una zona verde es gracias a la firme defensa de algunos alcaldes y concejales de la época que se opusieron a privatizarlo, incluso cuando ya existían acuerdos municipales en ese sentido.
Acuerdo de parcelar la Muntanyeta
El primero de ellos se remonta al 2 de octubre de 1909 cuando, el ayuntamiento que presidía José Volea Vilanova, acordó por unanimidad parcelar la Muntanyeta para posibilitar la venta y alquiler de una parte de los terrenos para la construcción de “casitas de recreo”, una decisión que dejó sin efecto un año después, en julio de 1910, la corporación presidida por Bernardo Marco Company.

La Muntanyeta del Salvador sin apenas pinos en el año 1917. / Revista Nuevo Mundo
Había transcurrido poco más de año y medio cuando el ayuntamiento presidido entonces por Emilio Bono Sifre acordaba acceder a la petición de siete vecinos y autorizaba la cesión de terrenos para construir chalés. Era el 16 de mazo de 1912 y el acuerdo también fue unánime.
No obstante, como en el anterior caso, también hubo una rectificación, parcial, con la orden posterior de suspender las obras de las casas que ya se estaban construyendo y carecían de licencia. En noviembre de 1913, el ayuntamiento resolvía no conocer ninguna licencia más para este tipo de construcciones. En esa década consta documentada alguna autorización puntual, pero el trabajo titulado “La Muntanyeta del Salvador: Estudi geogràfic, històric i botànic al voltant d’un dels principals senyals d’identitat d’Alzira” se detiene en la petición elevada el 14 de junio de 1926 por el exalcalde Andrónico Cucó Serena, solicitando al ayuntamiento la cesión de una parcela en la parte “más alta de la Muntanyeta” al objeto de construir un chalet que, argumentaba, “contribuirá a embellecer” el paraje. El abogado y concejal alzireño Juan Calot Sanz (1997-1936) se opuso públicamente alegando que se habían proyectado actuaciones para “fomentar y ensalzar el culto de Nuestra Señora del Lluch”. “Aparte del nuevo santuario, el resto de la zona debe destinarse a repoblación forestal y desprovista de toda clase de edificaciones”, incidía.
Urbanización con pista de tenis y parador turístico
El Archivo Municipal conserva un proyecto de 1927 que diseñaba en la parte de la umbría 19 parcelas urbanizables con una pista de tenis. Tres años después, el ayuntamiento acordaba ofrecer al Patronato Provincial de Turismo terrenos para la construcción de un parador, Casa del Naranjo, que no se llegó a materializar ni en ese momento ni tampoco en un intento posterior durnte la dictadura, en el año 1948.

Proyecto de urbanización del año 1927. / Arxiu Municipal
También cayó en el cajón del olvido la propuesta planteada en 1949 por el alcalde Carlos Llinares Ariño para construir una residencia para “altas jerarquías y personalidades” que pudieran visitar la ciudad. Las fuertes heladas que sufrió el campo en 1954 y en 1956 paralizaron la construcción del Colegio Magno Nuestra Señora del Lluch, una iniciativa del entonces arzobispo de València, Marcelino Olaechea. “Testimonio de aquellas obras iniciadas en 1952 y paralizadas ‘sine die’ en 1956 son en la actualidad los altos muros de piedra que acompañan el trayecto de la carretera de subida al santuario y la enorme explanada abierta en la cima de la Muntanyeta con sus grandes muros de piedra laterales”, expone el trabajo de Salvador Iñigo, Aureliano Lairón y Rubén Pastor, que se presentará el próximo 15 de octubre en la casa de la cultura de Alzira (19,30 horas).

Proyecto del Colegio Magno Nuestra Señora del Lluch de 1952. / Arxiu Municipal
El libro también desgrana otros proyectos planteados por la Real Cofradía de Nuestra Señora del Lluch como la construcción de una residencia 1971 o de un hotel-restaurante 1980 o el intento del British School de recalar en el entorno de l’Hort de Ros,ubicado al pie de la ladera por la Pujà de Baltaro.

Detalle del chalet de los cocodrilos. / Rubén Pastor
Sin contar la urbanización Santa María de Bonaire, construida en los años noventa, ni el santuario, este trabajo señala que actualmente sólo se conservan la ‘Escoleta Municipal’ de 1964 y tres viviendas o chalés particulares, situados en plena zona verde de la umbría. El situado en la parte más alta de los tres muestra unos adornos singulares: un grupo de cocodrilos asoman por unos ojos de buey en la construcción.
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