El sainete comenzó hacia la segunda quincena de julio, el día en que el magistrado José María Macías y el presidente del Tribunal Constitucional (TC), Cándido Conde-Pumpido, se reunieron para establecer una fecha en la que abordar el recurso de amparo de Jordi Turull para obtener la amnistía al delito de malversación que le ha denegado la Sala Penal del Tribunal Supremo desde la aprobación de la ley de mayo de 2024. El presidente le propuso el primer Pleno de septiembre. Macías dijo que necesitaba más tiempo y propuso el segundo Pleno, y así se acordó. Macías filtró ‘ipso facto’ que el 22 de septiembre el TC abordaría el recurso. Pero el segundo Pleno tiene un calendario: 22, 23 y 24. El asunto de Turull está en el orden del día, pero después de muchos otros, y algunos conciernen a otra ponencia de Macías sobre el derecho de huelga. Por tanto, este 22 de septiembre, martes, se puede abordar el recurso de Turull, pero nadie tiene la seguridad de que así sea. Y tampoco de que vaya a haber una decisión este 22.
¿Por qué es tan importante el debate y la sentencia en el recurso de amparo de Turull?
Porque es el primero. Al resolver la cuestión de la malversación en el recurso de Turull, el Pleno del TC establecerá la doctrina válida para otros seis recursos: Dolores Bassa, Oriol Junqueras, Raül Romeva, Toni Comín, Lluís Puig y Carles Puigdemont.
¿Es que el TC no ha considerado amnistiable la malversación?
Sí. En su sentencia sobre el recurso de inconstitucionalidad de las Cortes de Aragón, el TC desestimó la tesis del enriquecimiento —sostenida por la mayoría del antiguo tribunal del ‘procés’— para excluir la malversación de la amnistía, pero no lo hizo de forma tan concreta como corresponde a un recurso de amparo personal, como es el caso de los siete pendientes.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) dejó cojo al pato de la antiamnistía, por así decir, al desestimar, en su sentencia de julio de 2026, la teoría de Manuel Marchena —recogida en su auto de septiembre de 2024— según la cual la declaración unilateral de independencia de Cataluña de octubre de 2017 supuso que «la desconexión existió aunque durara solo unos segundos» y que afectó a la unidad financiera de la UE.
Un reflejo indirecto de esa cojera fue la aplicación, después de la citada sentencia del TJUE, de la amnistía a la exconsejera Meritxell Serret, sin explicación alguna, ya que llevaba más de un año en el congelador. Por tanto, es ahora el Pleno del TC el que debe definirse frente a una cuestión que afloró en el voto particular de la magistrada Ana Ferrer —en realidad, dos votos particulares—: a saber, si la teoría de Marchena y Llarena, el instructor del ‘procés’, ponentes cada uno de ellos de los dos autos de 1 de julio de 2024, fue una «ficción jurídica» y una «entelequia», expresiones usadas por la magistrada, para definir que sus colegas del juicio del ‘procés’ saltaron por encima de la ley al denegar la amnistía.
Llarena dijo a los periodistas, en la inauguración del año judicial, que el fallo sobre Turull podría anticipar, si él así lo ve bien y la Sala Penal le respalda, la aplicación de la amnistía a los otros recursos, sin esperar a que se resuelva cada uno de ellos, habida cuenta de que el asunto de la malversación ya quedaría resuelto. Sería obrar de buena fe. Luego, la semana pasada, rechazó aplicarla porque se le pidió que lo hiciera sobre la base de la sentencia del TJUE. Llarena se apoya en que esta, según hemos explicado, no abordó el tema de la malversación, que, precisamente, es lo que analizará el TC.
¿A qué juega Macías? Después de que EL PERIÓDICO desvelara que Macías será el último de Filipinas y propondrá denegar el recurso de amparo, el abogado-magistrado filtró la totalidad de la ponencia. Pero este diario adelantó algo más: aunque pierda, no pretende —según ha confiado a sus amigos— ceder la ponencia. Quiere ir a otro Pleno y presentar una ponencia que exprese los argumentos de la mayoría progresista y presentar después su voto particular contra su ponencia de mayoría.
Macías hará algo parecido con su ponencia en este Pleno sobre el derecho de huelga. Ya perdió la batalla en julio, pero no cedió la ponencia. Y vuelve con una ponencia que expresa lo contrario de lo que él piensa en el Pleno que comienza este martes 22.
Esta posibilidad que utiliza Macías es una costumbre académica en el TC, infrecuente, que permite a un magistrado apartarse de la Ley Orgánica del Poder Judicial, según la cual el magistrado que pierde la votación debe ceder la ponencia.
La pretensión de Macías es evidente: descafeinar la sentencia de Turull, tamizar de lo que considere críticas a su amigo Llarena y «controlar» el relato. Ya luego presentará un voto particular «brillante» contra esa sentencia descafeinada. Tras el sainete de este Pleno —sea el 22, el 23 o el 24—, la doctrina que la mayoría apruebe —sea Macías quien la redacte o resulte otro ponente si Macías se hace el remolón— se aplicará primero a Turull y, acto seguido, a los demás recurrentes, que tendrán otros ponentes progresistas. Macías estirará el chicle e intentará rendir su último servicio en el tema de la amnistía a sus amigos de la Sala Penal del Tribunal Supremo para evitar una sentencia «humillante». Que tampoco parece estar en los planes de los progresistas. Con la sentencia del TJUE ya han tenido su resarcimiento.
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