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Carles Puigdemont sigue pensando en referéndums.
Casi nueve años después de la consulta ilegal del 1-O, el expresidente de la Generalitat continúa defendiendo aquella consulta como un episodio legítimo de su camino hacia la independencia de Cataluña. Pero, en una entrevista concedida a The Sunday Times, amplía el foco y coloca otra ciudad española en el centro de su discurso sobre el derecho a decidir: Ceuta.
«¿Qué sentido tiene que un país de la Unión Europea tenga dos colonias o dos ciudades dentro de Marruecos?», plantea Puigdemont al ser preguntado por la ciudad autónoma española.
Incluso avala el discurso nacionalista de Rabat: «Si lo miras desde una perspectiva marroquí, por supuesto que esto es una herida», afirma el líder independentista quien, en línea con el irredentismo alauita, no habla del Sáhara Occidental pero sí de Ceuta y Melilla, como dos colonias.
Incluso hace una sugerencia a Pedro Sánchez para solucionar el problema: «La gente [en Ceuta] es muy española. Pero ¿no crees que su posición sería más legítima si celebraran un referéndum de autodeterminación?».
Aunque él mismo se responde afirmando que «España no lo hará», pese a que admite que el sentimiento de españolidad es muy fuerte entre los ceutíes, porque en Madrid «tienen miedo de que nosotros pidamos un referéndum también».
La comparación con Cataluña no es accidental. Puigdemont interpreta Ceuta desde el mismo prisma político con el que lleva casi una década defendiendo el proceso independentista catalán: el de la autodeterminación.
La afirmación aparece en una entrevista muy sentimental sobre sus años de fugado de la justicia, que él califica de «exilio». El expresidente catalán asegura que no se arrepiente de haber convocado el referéndum del 1 de octubre de 2017 y reivindica que los independentistas «derrotamos democráticamente a España».
«Hubo un referéndum. Lo ganamos, lo organizamos y, a pesar de la violencia policial, lo celebramos», sostiene desde su casa en Waterloo para el diario inglés.
Para Puigdemont, aquella jornada permitió avanzar «unos peldaños» en el camino hacia la independencia.
Aunque la ley de amnistía aprobada en 2024 como condición de Junts para investir a Pedro Sánchez abrió la puerta a la extinción de buena parte de las responsabilidades derivadas del procés, el Tribunal Supremo mantiene su posición sobre el delito de malversación.
Puigdemont confía en que el Tribunal Constitucional pueda modificar esa interpretación y permitir finalmente que se levante la orden de detención que pesa sobre él para volver a su casa familiar en Gerona.
El periodista afirma que el líder se «emociona visiblemente» al recordar su familia y afirma que, durante este tiempo, han muerto sus padres y «se ha perdido buena parte de la adolescencia de sus dos hijas».
«La Cataluña actual no es la misma que cuando me fui», admite y dice que su primera intención será «sumergirse» en la Cataluña actual: «Respirarla, tocarla, escucharla y comprobarlo por mí mismo».
Puigdemont no oculta que la relación con el Gobierno socialista responde a intereses políticos y parlamentarios, aunque mantiene profundas diferencias con Sánchez.
También cuestiona la política exterior del presidente, particularmente su posición respecto a Palestina apoyando su reconocimiento como Estado. Puigdemont considera que el apoyo de Sánchez a la causa palestina responde «al 100 %» a razones internas y acusa al presidente de utilizar el conflicto con Israel con fines de «marketing electoral».
Sobre la situación política española, habla de una «profunda división política y social» y arremete contra los casos de corrupción que afectan al entorno del presidente.
Asegura que varios casos son «estructurales» y «sistémicos» pero afirma que «el interés por perseguir estos casos no es limpiar el sistema» sino «atacar a quien Gobierna».
Incluso defiende a la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, comprando en este caso el marco de lawfare y afirmando que es «abusivo» pese a que hay «razones reales» detrás de estos casos.
Su diagnóstico sobre Cataluña tampoco coincide con el de quienes dan por amortizado el independentismo.
Los datos del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO, el CIS catalán) muestran que el apoyo a la independencia se ha reducido respecto a 2017, pero Puigdemont relativiza las encuestas y asegura que los sondeos internos de Junts apuntan a que una eventual consulta pactada con el Estado podría volver a ser favorable a la independencia.














