Las escenas son inéditas: combatientes hutíes de Yemen, en chanclas, capturando el material militar moderno abandonado por las fuerzas del Gobierno yemení en su huida tras la ofensiva relámpago. Hasta un sistema de radar, además de abundantes vehículos blindados.
Los hutíes, grupo aliado de Irán y oficialmente llamado Ansar Alá (Partidarios de Dios), consiguieron en 48 horas tomar la ciudad clave de Moca (que da nombre al famoso café), un puerto estratégico del mar Rojo; y la isla de Perim, enclavada en el centro del estrecho de Bab el Mandeb.
Se las arrebataron a las fuerzas leales al Gobierno reconocido internacionalmente y apoyadas por Arabia Saudí. Ambos bandos están en guerra desde 2014, cuando los rebeldes hutíes tomaron la capital de Yemen, Saná. Poco después, una coalición militar liderada por Arabia Saudí inició una campaña de bombardeos para tratar de restituir al Gobierno yemení en el poder. En 2022 se alcanzó una frágil tregua que ahora está rota.
La ofensiva relámpago hutí ha dejado bajo su control el lado arábigo del estrecho de Bab el Mandeb, y a Arabia Saudí en una situación imposible: ahora no puede sacar petróleo ni por el este (el estrecho de Ormuz está cerrado por Irán) ni por el oeste.
Para intentar evitar esta derrota total, el príncipe saudí, Mohamed bin Salmán (MBS), llamó en dos ocasiones a Donald Trump para pedirle que bombardeara a los hutíes y así frenar su avance, según medios estadounidenses. El presidente estadounidense le respondió que no. Estados Unidos firmó en mayo de 2025 un acuerdo de alto el fuego con los hutíes y no quiere reventarlo, porque ya tiene suficientes problemas con Irán. Los hutíes, por su parte, para evitar problemas con los americanos, han garantizado que los únicos barcos que atacarán serán los saudíes. Bab el-Mandeb conecta con el canal de Suez y el Mediterráneo y por ahí pasa alrededor del 12% del petróleo mundial y el 8% del gas natural licuado.
«Que Estados Unidos no haya ayudado a Arabia Saudí es significativo, porque los saudíes no tienen otras alternativas viables. Por supuesto, la posición de Trump podría cambiar si las exportaciones de petróleo saudíes se ven estranguladas y los mercados reaccionan de forma dramática. Los saudíes, por su parte, han optado por la contención con respecto a Irán», dice a EL PERIÓDICO Brandon Friedman, director del centro de Estudios de Oriente Próximo de la Universidad de Tel Aviv. Efectivamente, Riad está intentando negociar con Teherán. «Mientras, los hutíes están escalando el conflicto porque eso sirve a sus intereses económicos y a los de Irán, que quiere que Arabia Saudí y el Consejo de Cooperación del Golfo acepten pagar a Teherán unas ‘tarifas por servicios’ por el transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz».
Arabia Saudí, entre Irán y los hutíes
La derrota en el oeste de Yemen es el último de los golpes de calado recibidos por Arabia Saudí, envuelta en una espiral de violencia regional agravada tras la guerra contra Irán lanzada el pasado 28 de febrero de Israel y Estados Unidos.
El régimen de los ayatolás respondió impidiendo de facto la navegación por el estrecho de Ormuz, y bloqueando así las exportaciones petroleras y gasísticas de los países del golfo Pérsico. También atacó las bases militares conjuntas de Estados Unidos en la región, deshabilitando una docena. Golpeó con misiles y drones infraestructuras civiles, como centros de datos o edificios de oficinas, en Dubái, Abu Dabi, Kuwait o la propia Arabia Saudí. Consiguió cerrar el espacio aéreo durante un tiempo sobre Qatar o Emiratos Árabes Unidos, dañando su hub aéreo internacional y su imagen de destino turístico.

Al-Mesabaah, al sureste de Medina (Arabia Saudí), 13 de septiembre de 2026. Imagen satelital de una estación de bombeo del oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí, dañada por un ataque de los hutíes el 11 de septiembre. / AFP
Esta misma semana, Arabia Saudí ha recibido otro duro golpe a su principal fuente de ingresos, el petróleo. Milicias iraquíes afines a Irán han bombardeado el oleoducto que conecta los pozos saudíes del este con el oeste, y lo han dejado inutilizado. Era el plan B de Riad para poder exportar petróleo tras el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Ahora, las exportaciones petroleras saudíes están en situación de jaque mate. El petróleo se acerca a los 110 dólares el barril.
¿De qué sirve la protección de EEUU?
Este caos está llevando a los países del Golfo Pérsico a replantearse la alianza militar que tienen con Estados Unidos. ¿De qué les sirve? Washington les ha llevado a una guerra en contra de sus intereses y ha sido incapaz de protegerles. El rechazo de Trump de acudir en auxilio de las fuerzas yemeníes apoyadas por Arabia Saudí ha sido la puntilla.
«El paraguas de seguridad que ofrecía Estados Unidos a las monarquías del Golfo está muy agujereado. Hubo un preludio en 2019 con el ataque a la refinería de Abqaiq, que puso muy nerviosos a los países árabes de la península Arábiga. Ante un ataque grave contra una infraestructura petrolera crítica del mayor aliado de Estados Unidos en la región, Arabia Saudí, Washington no hizo nada», recuerda en conversación con este diario Haizam Amirah Fernández, director ejecutivo del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC). «Eso generó mucha inquietud y cuestionó la fiabilidad de la relación. Aunque no sea propiamente una alianza, el paraguas de seguridad que Estados Unidos ha ofrecido durante décadas protección a estas monarquías. Lo que estamos viendo ahora, sobre todo desde febrero, es un torpedo a la línea de flotación de esa fiabilidad».
No es que Trump quiera dinamitar las relaciones del todo. Cuando Israel atacó a Qatar en septiembre de 2025, el presidente estadounidense intentó calmar los ánimos forzando al primer ministro Binyamín Netanyahu a llamar a los líderes qataríes para pedirles disculpas.
Pero la guerra contra Irán lo ha puesto todo patas arriba. «Era evidente que iba a haber una respuesta inmediata de Irán contra los territorios de los países aliados del Golfo. La guerra ha puesto en peligro instalaciones críticas de estos países árabes y el daño que está suponiendo para sus economías y su modelo de desarrollo es severo», apunta Amirah Fernández. «La caída del PIB desde febrero en la zona está siendo enorme. En algunos países se ha notado mucho por la obstrucción del estrecho de Ormuz y por las dificultades para sacar sus hidrocarburos. Incluso Arabia Saudí, que parecía haberse librado en parte de esta situación, va a sufrir mucho tras el ataque contra el oleoducto este-oeste. Son varias señales de que esta Casa Blanca no parece tener entre sus prioridades garantizar ni la seguridad ni la estabilidad y prosperidad económica de estos países con los que durante décadas ha tenido un pacto de ofrecer seguridad a cambio de recursos: desde la compra de armas hasta inversiones».

El Cairo (Egipto), 15 de septiembre de 2026. El presidente egipcio, Abdelfatá al Sisi, recibe al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, durante su visita a Egipto. / AHMED NURELDINE / AFP
Arabia Saudí, la más importante de las petromonarquías del Golfo, intenta recolocarse ante este nuevo escenario geopolítico y la falta de fiabilidad del socio americano. El pasado 7 de agosto firmó el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca con Pakistán y Turquía, un país nuclear y otro con el segundo mayor ejército del mundo, respectivamente. Pero el Gobierno de Islamabad también ha evitado involucrarse en Yemen.
Los países del Golfo Pérsico se encuentran atrapados entre la espada y la pared. Entre el bloque de Israel y Estados Unidos, de donde vienen las inversiones, el apoyo diplomático y las armas, y el de Irán, el incómodo vecino musulmán chií que busca la hegemonía regional y que ahora tiene la sartén por el mango. Poco a poco se están intentando realinear. Hay conversaciones con China, por ejemplo. Emiratos Árabes Unidos ha ingresado en el club de los países BRICS. Incluso Arabia Saudí se planteó hacerlo, lo que habría sido un choque frontal con Washington. Pero, por el momento, pierden en todos los frentes: el económico, el diplomático y el militar.
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