Tavares y los primeros destellos de los fichajes desafían a Olympiacos

El Real Madrid llega a la final de la primera Supercopa de la Euroliga con una revancha inmediata ante Olympiacos, cuatro meses después de perder la final continental por 92-85.

Pero el equipo que se mide hoy al campeón griego ya no es el mismo: ha cambiado de banquillo, ha renovado piezas relevantes y, sobre todo, empieza a dibujar una identidad más dinámica bajo Pedro Martínez.

La derrota de Atenas cerró una etapa y abrió otra. Pedro Martínez debuta esta temporada al frente de un proyecto que ha incorporado a Jaime Pradilla, Timothé Luwawu-Cabarrot, Damian Jones, Mikael Jantunen, Max Shulga, Nick Smith Jr. y Olivier Sarr.

La primera consecuencia visible es una plantilla más larga, con más alternativas físicas y con perfiles que permiten variar quintetos, sostener el ritmo y repartir responsabilidades.

El estreno oficial contra Dubai no fue, sin embargo, una exhibición de baloncesto terminado. Fue una prueba de carácter. El Madrid cayó hasta 16 puntos abajo, llegó al descanso con el partido igualado (43-42), sobrevivió a un final de tiempo reglamentario de empate a 88 y ganó en la prórroga por 95-98.

Esa reacción es, de momento, la mejor noticia de la nueva era: el equipo no se descompuso cuando el rival le llevó a un partido incómodo, físico y de posesiones largas.

Martínez resumió esa lectura sin ocultar el margen de mejora: «Hemos sufrido y el equipo ha demostrado capacidad de sufrimiento y personalidad«. También situó la victoria en su contexto, el de un grupo aún en construcción: «Estamos en pretemporada y debemos trabajar para seguir mejorando».

El cambio de ritmo

La gran diferencia potencial está en el modo de atacar. El técnico quiere un Madrid más veloz, capaz de correr tras rebote o recuperación, compartir el balón y no depender tanto de ataques estáticos o de una única fuente de generación.

El propio entrenador lo explicó antes del torneo: «Quiero que todos los jugadores saquen su mejor versión. Intentar compartir el balón, ser agresivo en la defensa, correr y un buen baloncesto».

Ante Dubái, esa idea apareció a ráfagas. Cuando el Madrid pudo elevar la intensidad, Walter Tavares protegió el aro y los exteriores activaron transiciones, encontró el camino para cambiar la dinámica.

Walter Tavares, tras la victoria ante el Dubái en la Supercopa de la Euroliga.


Walter Tavares, tras la victoria ante el Dubái en la Supercopa de la Euroliga.

EFE

Tavares firmó 20 puntos y 7 rebotes; Luwawu-Cabarrot aportó otros 20, incluidos los tiros libres que sellaron el triunfo; y Pradilla confirmó la utilidad de su fichaje con 13 puntos, 7 rebotes y 21 de valoración.

La importancia de esos dos últimos nombres trasciende la estadística: son dos de las caras que no estaban en aquella final europea y que ya han intervenido en un partido de máxima exigencia.

También hubo señales menos favorables. El Madrid perdió 22 balones, concedió 95 puntos y tuvo problemas defensivos, especialmente en el inicio. Martínez fue explícito: «Tenemos que ser más duros, más físicos, estar más en las líneas de pase y defender mejor las situaciones de uno contra uno». Es un aviso decisivo antes de enfrentarse a Olympiacos.

El desafío Olympiacos

El campeón llega tras superar al Fenerbahçe por 92-90, con Evan Fournier como máximo anotador con 19 puntos, Jean Montero con 13 y Donta Hall imponiéndose en la pintura con 12 puntos y 12 rebotes.

Olympiacos conserva la dureza competitiva que le llevó al título europeo y tiene suficientes focos ofensivos para castigar cualquier desconexión blanca.

Pedro Martínez, en la banda.


Pedro Martínez, en la banda.

EFE

La final se decidirá, en buena parte, en dos terrenos. Primero, el control del rebote y la protección de Tavares ante Hall y los penetradores griegos. Segundo, la capacidad del Madrid para convertir defensa en velocidad sin regalar posesiones.

Contra Dubái hubo suficiente resistencia para ganar; contra Olympiacos hará falta además continuidad. La revancha de la derrota de Atenas será dura, pero cuenta con un entrenador -y un ideario- nuevo, refuerzos y una primera evidencia competitiva: cuando el partido se torció, supo volver.

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