Marruecos ya ha dado el pistoletazo de salida a la campaña para las elecciones legislativas del 23 de septiembre. Unos comicios que han despertado la batalla política entre los principales partidos. De fondo, lo sucedido en Ceuta este verano. Las reivindicaciones sobre las dos ciudades autónomas se han colado en varios actos de partidos. Estos comicios son clave, especialmente porque el Ejecutivo que salga será el encargado de gestionar el camino hasta el Mundial de fútbol masculino de 2030. Para el poder marroquí no se trata solo de una competición deportiva, es mucho más, hay grandes inversiones públicas y privadas en curso y renovación de numerosas infraestructuras.
En varios actos de campaña se ha reivindicado el «derecho histórico» de su país sobre Ceuta y Melilla. Uno de los últimos que lo hizo en fue Nizar Baraka, ministro y líder del Istiqlal, formación histórica nacido antes de la independencia del país con el fin de reivindicarla. Se trata de un partido conservador y nacionalista que obtuvo el tercer mejor resultado en 2021 y que forma parte de la actual coalición de Gobierno. El pasado fin de semana, dos formaciones de la oposición también insistieron en estas reivindicaciones.
Esta reclamación no es para nada nueva en Marruecos, es más bien una demanda histórica, pero que tras lo sucedido en Ceuta se ha intensificado, especialmente en redes sociales entre perfiles nacionalista marroquíes. Es un tema en el que todos los partidos coinciden, la única diferencia es la importancia que le dan en la agenda de temas que les ocupa actualmente. El martes, el ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, dijo en una entrevista televisiva que ha hablado con su homólogo marroquí y que, al trasladarle su malestar por las declaraciones sobre Ceuta y Melilla, le contestó que se enmarcaban en un «contexto electoral».
La batalla electoral
Lejos de grandes mayorías, la política marroquí está conformada por una macedonia de partidos. Actualmente, en el Parlamento del país tienen representación 12 formaciones diferentes y tres de ellas, los que sacaron mejores resultados, gobiernan en coalición. Estas últimas semanas ha habido todo un movimiento de diputados que formaban parte del partido que ganó las últimas elecciones, el RNI, hacia los que quedaron segundos, el PAM. Un movimiento que suele ser habitual cuando se acercan comicios. Políticos que intentan alistarse en la formación que vislumbran como «caballo ganador».
Dentro del país hay una sensación generalizada de que el PAM es la fuerza mejor posicionada. Se trata de un partido fundado hace cerca de 20 años por Fouad Ali El Himma, que después fue consejero del rey Mohamed VI, además de una persona con importante poder, especialmente en el Ministerio del Interior. Uno de los políticos que se ha sumado estas últimas semanas a la formación es Fouzi Lekjaa, ministro de Presupuestos y presidente de la Federación marroquí de fútbol. Este último cargo ha sido lo que le ha dado una importante visibilidad en los últimos años; ha logrado importantes éxitos deportivos, como llegar a semifinales en el Mundial de Qatar, y en los despachos, como lograr organizar junto a España y Portugal el Mundial de 2030 o la última Copa de África.
Este auge del que en Marruecos se conoce como el partido del tractor, por su logo, va acompañado de un posible declive del RNI. El que ha sido su presidente estos últimos cinco años, Aziz Akhannouch, no se repetirá como candidato. Durante la legislatura ha sufrido un desgaste constante y ha sido diana de protestas, como sucedió en las manifestaciones de hace un año de la generación Z marroquí. Ha sido especialmente criticado por el encarecimiento del nivel de vida o la gestión de la última Fiesta del Sacrificio, ya que a pesar de que el Gobierno subvencionó los corderos, estos alcanzaron precios prohibitivos para muchos. Lo último de Akhannouch fue que se fue de vacaciones a Mallorca coincidiendo con el inicio de la crisis de Ceuta; finalmente, regresó a los pocos días.
Otra de las formaciones que puede jugar un papel clave son los islamistas moderados del partido PJD. En los últimos comicios sufrieron una derrota importante: tras dos legislaturas gobernando, perdieron los 112 escaños y se quedaron con 13. Es un partido que, como sucede en otros países de la región, sabe capitalizar el enfado y goza de una popularidad especial en las clases más populares y más religiosas. En 2011 llegaron al poder a rebufo de las primaveras árabes y en las últimas dos décadas siempre han logrado buenos resultados.
Participación
Aunque en los medios y redes sociales la maquinaria electoral ya está en marcha, en la calle todavía no hay sensación de elecciones. Uno de los elementos clave es la participación; en los últimos comicios superó por poco el 50% y marcó una de las cifras más elevadas de las últimas dos décadas. Sigue habiendo una parte de la sociedad que le presta poca atención o que sigue con indiferencia la batalla política. Uno de los elementos que pusieron sobre la mesa los manifestantes de la generación Z marroquí es que no tenían ninguna confianza en la política del país, que no se sentían representados y que «todos son lo mismo». Una de las grandes preguntas a dos semanas de las elecciones es si el contexto actual movilizará a la población, aunque sea para votar en forma de voto castigo, o bien muchos optarán por no acercarse al colegio electoral.
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