Los brasileños saben que el 4 de octubre se celebrará el primer turno presidencial e inexorablemente, salvo una catástrofe, Luiz Inacio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, dirimirán la disputa 21 días más tarde quien gobernará a partir del 1 de enero próximo al gigante sudamericano. También saben los ciudadanos que antes de acudir a las urnas el país será escenario de numerosos episodios que pueden impactar en el resultado final. Uno de ellos ya promete tener incidencia en las preferencias del electorado y tiene que ver con el escándalo que rodea al juez del Tribunal Supremo Federal (STF), Alexandre de Moraes. No se trata de un magistrado más, sino aquel que encabezó la acusación histórica contra Jair Bolsonaro que derivó en su condena a 27 años y tres meses de prisión por su intento de derrocar a Lula el 8 de enero de 2023.
De Moraes ha quedado salpicado de su cabeza calva a los pies después de que otro integrante del STF, André Mendonça, levantara el secreto de sumario de 200 páginas relacionadas con el caso del Banco Master, una entidad involucrada en el mayor fraude financiero de ese país, por unos 10.000 millones de dólares. Su dueño, Daniel Vocaro, se encuentra detenido. De su teléfono brotaron conversaciones que comprometen seriamente a De Moraes y, también, el fiscal Paulo Gonet que el año pasado llevó adelante las acusaciones contra Bolsonaro. La parte mayor del escándalo se la lleva, sin embargo, el magistrado. El pasado martes se conoció que, a pocas horas de ser arrestado, Vorcaro le preguntó al juez si debía huir del país. Además, el integrante del STF firmó un millonario contrato entre el bufete de abogados de su esposa, Viviane Barci de Moraes, y el banco Master.
Lula ya ha recibido una recomendación perentoria de su grupo más cercano: no debe permanecer en silencio porque podría poner en peligro su reelección en momentos que Bolsonaro hijo acorta su distancia en los sondeos. De acuerdo con el diario paulista Folha se acordó que el mandatario refuerce la línea argumental aplicada con su hijo, Fábio Luís Lula da Silva, quien enfrenta una denuncia por tráfico de influencias: nadie está por encima de la ley. Lula le había recomendado en abril a De Moraes recusarse de votar en el caso del Banco Master en manos del STF. «Les diré lo que le dije a él: ´Usted se ha forjado una trayectoria histórica con el juicio del 8 de enero; no permita que este caso de Vorcaro eche por tierra su trayectoria`», dijo Lula. Pero el juez no le hizo caso y ahora el Gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) no solo teme que las revelaciones incidan en la campaña electoral, sino que arroje un manto de sospecha contra el proceso contra el ultraderechista y su grupo de conspiradores, actualmente encarcelados.
Pedidos de dimisión
«De Moraes debería dar explicaciones, ser investigado y, de confirmarse los hechos, que se decida su futuro en el tribunal», pidió Folha. Lo mismo hizo Merval Pereira, columnista del diario carioca, O Globo. «No hay posibilidad de que Alexandre de Moraes siga en la STF; al menos, debería apartarse mientras se llevan a cabo las investigaciones. Sería una vergüenza que, una vez más, la STF intentara proteger a uno de sus miembros ante tantas pruebas, conversaciones reveladas, negocios, préstamos de aviones y otras cosas. Los comentarios del fiscal general Paulo Gonet, preguntando si habrá puros y whisky Macallan, son absurdos. Y además le pide a su hijo que acepte un puesto en la empresa de un banquero. Ni siquiera es vergüenza ajena, porque también es nuestra: la de tener un STF como este».
Según Estado, el otro de los grandes diarios paulistas, Lula habló con el presidente del STF, Edson Fachin, para expresarle su preocupación por la crisis que atraviesa a la par la máxima instancia judicial brasileña. Si el juicio contra Bolsonaro había mostrado a sus integrantes como guardianes del estado de derecho, el presente informa sobre lo contrario: una disputa entre parte de ellos.
En tanto, el decano del STF, Gilmar Mendes, también se reunió con Lula para alertarlo sobre la supuesta falta de apoyo a la cúpula de la Policía Federal por parte de las instituciones gubernamentales en el caso del banco Macro. Nada se compara, sin embargo, con lo que ocurre alrededor de De Moraes, el «demonio» de un bolsonarismo que, por estas horas, festeja el mal momento del magistrado que por unos meses encarnó la salud de la institucionalidad brasileña. Flávio Bolsonaro ha pedido su dimisión, olvidándose de que es parte de un escándalo paralelo que lo asocia con Vorcaro. El banquero preso le entregó 10 millones de dólares, supuestamente para pagar una película biográfica sobre su padre.
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