Tres días antes del robo del Tesoro de Villena, desde Europol se emitía una alerta a todos los países europeos sobre un nuevo tipo de bandas organizadas que habían puesto a los museos en su punto de mira. Se trata de organizaciones más agresivas, con un cambio de métodos violentos y muy contundentes, alejadas de los golpes de guante blanco que tradicionalmente han protagonizado este tipo de hechos delictivos. La acción de sus golpes está dirigida a obtener objetos de gran valor, como metales preciosos, gemas y otras piezas de importancia cultural. Para conseguir sus objetivos cuentan con todo tipo de materiales que les garantizaran una ejecución rápida del golpe como mazas, hachas, palancas y, en algunos casos explosivos; y sin dudar en ejercer la violencia para intimidar al personal de seguridad o a sus visitantes. El problema es que, para estas redes, el valor histórico de las piezas deja de importar. El oro puede fundirse y las piedras preciosas extraerse, convirtiendo un objeto arqueológico único en una mercancía anónima imposible de rastrear
Se trata de un nuevo modus operandi que coincide al dedillo con el asalto que ha arrebatado a la localidad de Villena de uno de los conjuntos de orfebrería prehistórica más importantes de Europa, formado por 59 piezas de oro, plata, hierro y ámbar de la Edad del Bronce. Una banda formada por al menos seis personas irrumpía de madrugada en las instalaciones del Museo de Villena, encapuchados con máscaras de apicultores y armados con mazas y material antidisturbios y desvalijaba en cuatro minutos el recinto de las piezas de oro del valioso tesoro, desapareciendo en dos vehículos de alta gama que se dirigieron a la autovía de Madrid. La Guardia Civil está a la busca desde el jueves de pistas que le permitan dar con el paradero de los asaltantes, pero guarda absoluto mutismo sobre el desarrollo de las investigaciones. Se da la circunstancia de que este era el tercer robo que se cometía en museos españoles en menos de tres meses. La polémica se desató tras conocerse que Europol había lanzado la misma semana del asalto al Museo de Villena una alerta sobre los cambios en el modus operandi estas bandas organizadas.
El fin del robo de guante blanco en los museos
El informe de Europol al que ha tenido acceso este diario concluye que los días de la delincuencia de guante blanco asociada al robo de museos o de objetos de valor cultural han quedado atrás. Estos ladrones se basaban más en el engaño y el sigilo, utilizando tácticas como el reconocimiento y la ejecución discreta. Como ejemplo de este modus operandi en desuso, se recuerda una banda de origen georgiano que actuaba por toda Europa y que consiguió robar hasta 170 libros históricos de diferentes bibliotecas europeas valorados en 2,5 millones de euros y que sustituían por copias sofisticadas con las que pretendían retrasar que se detectara el robo. El mundo del cine ha narrado numerosos ejemplos de este tipo de ladrones de guante blanco a la caza de diamantes de gran valor que se custodiaban en medio de grandes medidas de seguridad.
Sin embargo, el modus operandi de esos grupos ya no es el mismo. Hay un cambio tanto en los métodos como en los objetivos. «Los delincuentes están adoptando enfoques más directos y agresivos» con un cambio en los objetivos. En los dos últimos años, los metales y las piedras preciosas han sido blanco frecuente de estas organizaciones. «La mayoría de estos incidentes implicaron cierto grado de violencia. Los ladrones han robado objetos de oro, como pepitas, monedas, piezas decorativas doradas, así como joyas con piedras preciosas», sostiene Europol. En el robo del Tesoro de Villena, los asaltantes fueron directamente a por el oro, llevándose diez kilos de oro tras hacer añicos las vitrinas de cristal blindado. El informe también apunta a otro objetivo de estas organizaciones como son piezas de origen chino, como porcelana, vasijas y otras piezas de entre 800 y 900 años de antigüedad.
Europol señala que «todos los casos relacionados notificados hasta la fecha muestran robos selectivos y una preparación deliberada, con un reconocimiento y una planificación previos, en lugar de saqueos indiscriminados». Otra circunstancia que también se ajusta a lo ocurrido en el robo de Villena, donde los asaltantes conocían cómo llegar hasta el lugar donde se custodiaba el tesoro, que había piezas que no tenían interés para ellos y que precisamente esa noche no estarían trabajando las limpiadoras en las dependencias del Museo.
Fundición
Uno de los aspectos más inquietantes del informe de Europol sobre estas nuevas formas de criminalidad es que se indica que el objetivo final de estos botines es la fundición para su venta en el mercado negro. «Los metales preciosos se pueden fundir fácilmente, sin dejar rastro para las fuerzas del orden y facilitando la venta ilícita durante el proceso de receptación». Del mismo modo, las piedras preciosas de las joyas se pueden extraer fácilmente y vender posteriormente. Ambos tipos de objetos resultan atractivos para las redes criminales por su visibilidad, accesibilidad y la percepción de que las medidas de seguridad de los museos son menos estrictas que las de las joyerías.
«El uso de medios violentos podría indicar la implicación de ejecutores con un nuevo perfil, distinto de los que tradicionalmente participan en delitos contra la propiedad cultural», alerta Europol. Incluso es habitual que algunas de estas personas tengan antecedentes de participación en otros tipos de delitos.
Otro elemento que dificulta el rastreo de estas bandas, es la naturaleza cambiante de sus integrantes, de manera que son seleccionados expresamente para cada robo. «A menudo son reclutados a nivel local a través de redes sociales y canales de comunicación instantánea, sin conexiones previas entre sí», señala. Una nueva manera de funcionar que difiere de la estructura habitual de las redes criminales implicadas en el tráfico de bienes culturales, que normalmente operan en un grupo central organizado en torno a un líder.
Aún existe un vacío de inteligencia, pero es posible que los ejecutores de bajo nivel de los robos sean reclutados al azar bajo un modelo de «delitos a la carta». En este sentido, Europol incide en que tanto algunos de los delincuentes especializados y las redes criminales, habitualmente activos en otros mercados delictivos, se han dado cuenta del potencial de bajo riesgo y alto beneficio que ofrecen los robos en museos.
Explosivos
El informe no alude a los robos cometidos en España, sino a otros de naturaleza muy similar cometido en otros puntos de Europa en los dos últimos años. En 2024, cuatro sospechosos encapuchados, equipados con bates de béisbol y hachas, irrumpieron en el museo de arte Cognacq-Jay en Francia. Se llevaron siete objetos adornados con oro y diamantes antes de huir del lugar en escooters. Aunque uno de los más conocidos fue el robo perpetrado en octubre de 2025 en el Museo del Louvre de París. Los ladrones rompieron una ventana y amenazaron a guardias y visitantes, destrozaron las vitrinas de la Galería de Apolo y robaron joyas por un valor estimado de 88 millones de euros. Durante la madrugada del 24 al 25 de enero de 2025, en los Países Bajos, un grupo hacía saltar con explosivos las puertas del museo para robar varias piezas de más de 2.500 años de antigüedad que formaban parte de una exposición con tesoros procedentes de la antigua Rumanía.
Europol concluía recordando que, a nivel estratégico, se encuentra en una posición única para ofrecer una perspectiva a escala de la UE sobre las amenazas que plantean estos delincuentes, mediante el seguimiento continuo de su evolución operativa y las tendencias emergentes.
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