Ya avisó Flick. Lamine Yamal había recuperado la sonrisa. Ese toque mágico, especial, que deslumbra cuando tiene las botas puestas. Le había costado arrancar (totalmente normal después de la lesión y el Mundial), pero en Can Barça tiene el tiempo que necesite. Para recuperarse, para sentirse de nuevo con esa confianza que lo dispara todo.
Contra el Rayo, Lamine Yamal volvió a partir de inicio desde la banda. Esa en la que todos los aficionados quieren estar situados en la grada, para verlo de cerca. Como si, desde cerca, pudieras descifrar los trucos de un mago. Contra el Rayo acompañó al equipo en su vaivén de inicio a medida que iba construyendo su fútbol. Primero marcó Raphinha, el nuevo nueve del Barça que le ha sentado a las mil maravillas.
Luego, Lamine pidió paso. En el 21 se sacó de la manga un desmarque y un disparo espectacular. Envió el balón al fondo de la red con un disparo bombeado y cruzado, dejando que entrara poco a poco. Se tiró al césped y se deslizó, como si levitara sobre el césped del Camp Nou. La afición que tanto ansiaba tener de vuelta al Lamine mágico se reencontró con él. Y lo celebró. Se besó el escudo mientras señalaba a la grada.
En el banquillo, Rodri no se podía creer la que se acababa de inventar. Totalmente patidifuso el central, que regaló a las redes un nuevo meme que sin duda define a la perfección lo que se siente al ver jugar a Lamine Yamal. El día en que Leo Messi, el eterno 10 azulgrana, anunciaba que se retiraba de la selección argentina, Lamine Yamal, su heredero, le homenajeó. Con un gol que solo los elegidos pueden imaginar. Con la zurda, como el argentino. En Lamine Yamal reside ahora todo el peso de su historia, pero siempre podrá seguir los pasos de Leo, quien enseñó al mundo lo que era ser un genio.
Con la diana, Lamine se convirtió en el jugador más joven de la historia de las cinco ligas en llegar a los 50 goles, superando los registros de Haaland y Mbappe. Con el desparpajo de un veterano, sin ponerse ni un apice nervioso o inquieto. Parece muy lejado ese 29 de abril de 2023, cuando debutaba por primera vez con la zamarra azulgrana con tan solo 15 años, 9 meses y 16 días. Ahora ya ha llegado a los 19 nos parece habitual lo que hace. Pero la excepcionalidad de Lamine también reside en eso, en que ni somos conscientes de cuando empezó todo porque solo pensamos en lo que está por venir.
Aguantó todo el partido sobre el verde. Hansi Flick le dio minutos para que siguiera consolidando esa confianza y, sobre la bocina final, envió un balón raso pegado. Eficiencia y genialidad, recordando de nuevo al argentino con un pase clavado al fondo de la red. A Lamine Yamal no le hace falta «farmear aura«, él la lleva de serie, es innata y la demuestra con su sola presencia sobre el campo. No le hace falta pretender ser nadie. Todos quieren ser como él mientras él es muy feliz disfrutando del camino que le está llevando a ser un jugador de época.
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