En Rabat, este agosto ha estado marcado por el silencio típico que invade la capital en verano, cuando medio país está de vacaciones. También es el silencio habitual que las autoridades de Marruecos imponen en los momentos de tensión, como durante la crisis que ya vivieron Rabat y Madrid en 2022. Un silencio calculado y mesurado en el que las pocas palabras pronunciadas por los responsables o acciones se calculan al milímetro. Una respuesta en la que no hay improvisación.
El mes empezó con la mayor tragedia que se ha vivido en la frontera terrestre con España. Siguió con Marruecos señalando a las mafias y publicaciones falsas en redes sociales, también el «efecto llamada» de la decisión de los tribunales españoles de rechazar los retornos en caliente de los que entran a nado. Un mismo mes que termina con mensajes cruzados, entre Madrid y Rabat sobre la soberanía de Ceuta y Melilla y el retorno de los menores que siguen en la ciudad autónoma.
La entrada de decenas de miles de personas a Ceuta se saldó con cerca de un centenar de muertos según cifras oficiales de ambos lados. Caminando Fronteras apunta que el total de muertos podría alcanzar los 141. La gran diferencia entre sus datos y los oficiales, según señala la organización, estaría en el lado marroquí, en el que defienden que se han recuperado 63 cuerpos, aunque oficialmente Rabat solo ha confirmado 11.
Desde el comunicado que el Ministerio de Interior difundió tres días después de la entrada multitudinaria, no han vuelto a aportar más detalles ni a actualizar la información. Marruecos sigue sin conocer cuántas personas continúan desaparecidas. Al mismo tiempo, y tras la negativa marroquí de recibir los cuerpos, en el cementerio de Ceuta ya se ha dado sepultura a 88 víctimas, la mayoría sin identificar.
Menores no acompañados
El ministro marroquí de Justicia, Abdellatif Ouahbi, ha alzado la voz en varias ocasiones para pedir que los menores no acompañados marroquíes sean devueltos, también ha tendido la mano a colaborar con las autoridades españolas. En esta crisis, se ha convertido en el único ministro que ha hablado directamente sobre el tema, siempre siguiendo instrucciones de más arriba.
Sobre los cuerpos de los fallecidos: «No podemos recibir los cadáveres sin saber quiénes son estas personas, eso en primer lugar. En segundo término, hemos pedido que nos devuelvan a los vivos y ahora hablan de los muertos. Nosotros no separamos entre vivos y muertos», dijo en una entrevista televisiva.
En 2024, el ministro de Exteriores marroquí ya manifestó que no tenían problemas en recibir a los menores no acompañados que se encuentran en las islas Canarias. Aunque añadió que el principal impedimento es la legislación y los trámites españoles. Sobre esto, el Gobierno español ha sido cauto, al indicar que existe todo un proceso legal antes de poder retornar a los menores que están en Ceuta.
«No es mucho pedirle a la patria, después de no haber logrado convencer a estas personas de que permanezcan con vida en ella, que haga todo lo posible para evitar que sean enterradas muertas sin nombre», escribió recientemente el periodista Younes Masskine, en Voice of Morocco. Su columna la tituló «La tumba del inmigrante desconocido«, por las personas que han enterrado sin identificar, además de poner el foco en el silencio de las autoridades marroquíes.
Ceuta y Melilla
El titular de Justicia también ha sido el encargado de recuperar un dosier siempre sensible entre Madrid y Rabat: «La cuestión de Ceuta y Melilla seguirá siendo un tema de diálogo entre nosotros y España, y mantendremos nuestro derecho histórico y nuestro derecho geográfico». Un mensaje que Madrid respondió reivindicando que son ciudades españolas. Un cambio de tono, ya que el comunicado inicial del Ministerio del Interior hablaba de «frontera» y «territorio europeo».
A estas palabras se sumaron las del ministro de Asuntos Islámicos, que en una velada religiosa esta semana hizo referencia a dos sabios marroquíes nacidos en Ceuta hace siglos. Además de un tercero que escribió una obra llamando a la resistencia y a poner fin a la ocupación de las ciudades atlánticas, en referencia al momento histórico en que Portugal controlaba varios puntos de la costa. Desde que estalló la crisis, el presidente del Gobierno marroquí no se ha pronunciado. Se dejó ver, acompañando a Mohamed VI, en el acto religioso.
La política marroquí, mientras tanto, está más centrada en las elecciones que se van a celebrar en menos de un mes. Los partidos están inmersos en sus disputas, especialmente entre los dos que en los últimos comicios quedaron en las primeras posiciones y comparten Gobierno actualmente. Una campaña sin casi referencias a lo que sucedió en Ceuta.
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