Noruega ha contenido el aliento durante la jornada de este jueves, 27 de agosto. Tras horas de incertidumbre marcadas por los partes médicos que califican de «muy grave» el estado de salud de Harald V (89 años), la nación se prepara para lo peor: el fallecimiento del monarca.
Las inmediaciones del Hospital Nacional (Rikshospitalet) y la plaza del Palacio Real en Oslo se han convertido en el reflejo inequívoco de la preocupación, honda y sincera, de un pueblo que despide al que ha sido su rey durante 35 años.
Sin embargo, detrás de la conmoción social y el goteo constante de familiares vestidos de riguroso luto, la maquinaria institucional noruega se encuentra plenamente engrasada para garantizar una transición impecable y sin vacíos de poder en la Jefatura del Estado.

Harald junto a su hijo, Haakon.
Tal y como ha adelantado el diario noruego VG, el procedimiento formal tras la muerte del soberano comenzará con la emisión inmediata de un comunicado oficial por parte del Palacio Real hacia la ciudadanía y los medios internacionales.
De forma simultánea, la bandera del palacio oficial de Oslo se izará a media asta en señal de duelo nacional. En el plano dinástico, la sucesión al trono no admite demora alguna al estar estrictamente estipulada en la Constitución del país.
Bajo el principio jurídico y tradicional de que Noruega nunca se queda sin soberano, el príncipe heredero Haakon se convertirá en Rey de forma automática e instantánea en el mismo momento en que se certifique el deceso de su padre.
Con este movimiento automático, la princesa Ingrid Alexandra, de 22 años, pasará a encabezar la línea de sucesión como la nueva princesa heredera.

El monarca, en un acto público.
Una vez formalizado el traspaso, el ya rey Haakon deberá notificar oficialmente la situación al Ejecutivo central y convocar un Consejo de Estado extraordinario en el propio Palacio Real.
En esta reunión con los miembros del Gobierno se anunciará de manera formal la identidad del nuevo soberano, así como el nombre regio escogido para su mandato y su lema institucional.
El reinado de Harald V ha estado guiado por la máxima Todo por Noruega, el mismo lema que adoptaron previamente su padre, el rey Olav V, y su abuelo, el rey Haakon VII.
Se contempla que el nuevo monarca mantenga esta histórica divisa dinástica como símbolo de continuidad. Asimismo, entre el primer y el segundo día posterior al deceso, se espera que el nuevo soberano pronuncie un discurso oficial dirigido a toda la nación.
Juramento ante el Storting y honores religiosos

El rey Harald de Noruega.
El protocolo constitucional noruego no contempla la celebración de una coronación formal al uso.
En su lugar, el hito jurídico imprescindible radica en el juramento que el nuevo rey debe prestar solemnemente ante los parlamentarios en el Storting (el Parlamento noruego).
Posteriormente, el soberano podrá recibir una bendición religiosa en la histórica catedral de Nidaros en Trondheim, un acto litúrgico de consagración que sustituye a los antiguos ritos de coronación.
Aunque en Noruega no existe una norma rígida que regule de forma estricta un periodo de luto nacional formal, la respuesta social e institucional se manifestará a lo largo de toda la geografía del país.
Se prevé la celebración de múltiples actos conmemorativos, el izado generalizado de banderas a media asta y el encendido espontáneo de velas y depósitos de flores en las principales plazas.
En la capital, el féretro con los restos mortales del rey Harald V será trasladado a la capilla del Palacio Real. Allí quedará instalada la capilla ardiente para que los ciudadanos y las autoridades puedan acudir durante varios días a rendirle un último tributo de pésame.









