Gastroenteritis agudas —más de 200 casos—, sarna —al menos 20 casos—, impétigo —21 casos—, tuberculosis —cuatro casos— y otras infecciones son algunas de las enfermedades que están apareciendo entre los inmigrantes de Ceuta. Las malas condiciones en las que se encuentran favorecen la transmisión de muchas de estas enfermedades. El principal factor de riesgo no es la condición de migrante, sino que miles de personas permanezcan hacinadas, sin alojamiento estable, con dificultades de acceso a agua, higiene y seguimiento sanitario. Para muchos médicos es el «caldo de cultivo idóneo» para que se generen brotes que causen problemas.
Pero, además, otro peligro acecha a estas personas: la violencia sexual. Actualmente, un juzgado de Ceuta investiga seis casos de presuntas agresiones sexuales a mujeres migrantes. La justicia ha identificado hasta ahora a tres hombres marroquíes llegados durante la entrada masiva como presuntos autores de tres agresiones sexuales. De los otros tres casos investigados no se han difundido detalles.
«La crisis fronteriza iniciada en Ceuta el pasado 30 de julio ha vuelto a poner de manifiesto una realidad que a menudo permanece en segundo plano en las emergencias migratorias: la exposición de las mujeres y niñas migrantes a la violencia», ha denunciado este jueves la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) en un comunicado que analiza la situación desde una perspectiva de género y de salud pública. La sociedad científica subraya que la violencia de género y sexual en estos contextos «no puede considerarse un hecho aislado o un efecto colateral de la crisis, sino un determinante estructural de la salud».
Escasa visibilidad de las mujeres adultas
Más allá de los casos de violencia sexual conocidos, la SEE llama especialmente la atención sobre la escasa visibilidad de la violencia que pueden estar sufriendo las mujeres migrantes adultas. «Mientras que existen informaciones sobre agresiones a menores, no es posible conocer con la misma claridad qué está ocurriendo con las mujeres adultas, pese a que el Ministerio de Igualdad ha advertido del riesgo extremo de agresiones y trata al que están expuestas las mujeres migrantes que permanecen en la calle», dice la SEE en su comunicado.
La sociedad científica describe la «violencia continua» que puede acompañar a las mujeres migrantes durante todo el proceso migratorio: desde el país de origen y el tránsito hasta el lugar de destino. Durante ese recorrido pueden estar expuestas a «diferentes formas de violencia procedentes de distintos agresores y contextos», como la explotación laboral o sexual, la violencia de pareja o las agresiones durante el propio trayecto o una vez alcanzado el destino. Se trata, según el posicionamiento, de una vulnerabilidad específica que surge de la combinación entre el género y el estatus migratorio.
Además, a ello se añaden factores que pueden «reducir considerablemente» la capacidad de pedir ayuda o denunciar, como la ausencia de documentación, el miedo a una posible expulsión, la dependencia administrativa de terceras personas, el aislamiento o la dependencia económica. En situaciones como la que atraviesa Ceuta, la falta de plazas de acogida añade un nuevo factor de vulnerabilidad. «No disponer de un alojamiento seguro ni de una red de apoyo concentra en una misma persona varios de los factores de riesgo asociados a la violencia sexual y de género», señala la sociedad científica.
Por este motivo, la SEE insiste en la importancia de garantizar entornos seguros para mujeres y niñas, acceso inmediato y equitativo a los servicios de atención, apoyo social, sistemas adecuados de identificación y derivación y servicios adaptados lingüística y culturalmente, además de contar con profesionales sanitarios y de seguridad sensibilizados.
La sociedad científica, por último, urge a recopilar datos por edad, sexo y situación de embarazo de las mujeres migrantes para identificar bien sus necesidades.
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