En el preciso momento que empiezo esta columna, faltan nueve horas para que se emita la entrevista de Mourinho en El Chiringuito. Una entrevista en campo propio. Cómoda y en su salsa. Solo con los avances uno ya tiene material para escribir no una, sino varias Contras. Mourinho no solo es un buen entrenador, es el mayor showman de este deporte; le gusta la polémica, le gustan las cámaras, se gusta a sí mismo. Cada palabra que sale de su boca es estudiada previamente para crear el impacto necesario y así cambiar el foco de lo importante a lo residual. De lo real, a la ficción.
Y siempre ha sido así, y digamos que no le ha ido tan mal. Un hombre de éxito como José tenía que regresar al Club donde no consiguió tocar la cima. En esas tres temporadas ganó tres títulos (una Liga, una Copa del Rey y una Supercopa de España) mientras el Barça ganó ocho (una Champions, dos Ligas, una Copa del Rey, dos Supercopas de España, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes). Sí, sí, tres a ocho. La espina clavada es colosal.
En la entrevista que veremos esta noche –que en el momento que leáis esta columna ya habrá sido emitida– dice, hablando de Negreira, que él ya olía algo extraño; claro, a un ganador como José normalmente le cuesta aceptar la derrota. Hablando de olores, quien no olía la pelota cuando se enfrentaba contra el Barça eran sus jugadores. No solo fue vapuleado en varias ocasiones, también tuvo que sufrir uno de los mayores recitales futbolísticos en el famoso 5-0, en ese partido en el que el mundo entero quedó asombrado por la excelencia futbolística del Barça mientras él olía algo extraño. Posiblemente, por el diluvio de esa noche mágica, alguna tubería de los baños del Camp Nou se atascó. De ahí el hedor. Decir que ese Barça ganaba por supuestas ayudas arbitrales es tan solo una de esas tácticas de despiste y de mal perdedor.
En otro de los avances de la entrevista, escuchamos a Mourinho hablar de Rodri: «Yo pienso que el Real Madrid es de una dimensión que no puede tener jugadores que piensen dos veces. Tú contactas y el jugador te pregunta «cuando tengo que ir«. Tiene razón, el Real Madrid no puede tener jugadores que se lo piensen dos veces. Tiene que tener jugadores que se lo piensen al menos seis o siete, como Mbappé. Dos son pocas. La realidad es que Rodri lo tenía desde un principio muy claro. Solo quería jugar en el FC Barcelona.
Con ganas de escuchar lo que salga de la charla de esta noche –de ayer–, seguro que con Mourinho nos lo vamos a pasar bien. Sobre todo, en lo extradeportivo. En lo puramente futbolístico, si no le salen las cosas bien, deberá inventarse algún olor para tapar fracasos propios.













