La varonil extrema derecha de rompe y rasga todavía no ha designado quién ha de encabezar su candidatura en las elecciones municipales. Vox no acaba de fiarse de Fulgencio Coll, siempre ha barruntado que no acatará disciplinadamente, como corresponde a un partido tan correoso como el de Santiago Abascal, las órdenes que se evacuen desde Madrid. Solo que constata que con el general de José Luis Rodríguez Zapatero (con el socialista fue jefe del Estado Mayor del Ejército y primer jefe de la UME) tiene garantizado porcentaje adicional de votos que le puede dar (no exageramos) la alcaldía de Ciutat. Hecha la precisión, adentrémonos en la disyuntiva del 23 de mayo, cuando las urnas dirimirán si el actual alcalde del PP, Jaime Martínez, está en disposición de seguir en el cargo o debe dejar paso franco al hombre de Vox. Un resultado apretado será fundamental, pero no decidirá la contienda; serán los pactos nacionales entre PP y Vox, que se cerrarán, como es obligado, en Madrid, los que sentenciarán. Martínez dice que en ningún supuesto, de ser primera fuerza el PP en Palma, lo que está garantizado, posibilitará que Fulgencio sea alcalde. Lo que soslaya es que Madrid, ay Madrid, siempre Madrid, le obligará, llegado el caso, a hacer mutis por el foro. Marga Prohens, sin remedio calamidad a tiempo completo, tiene que seguir siendo la presidenta de las Islas Adyacentes para lo que necesitará, también sin dudas interesadas, del respaldo de la extrema derecha; además, los pactos entre PP y Vox serán nacionales, se extenderán por doquier, lo estamos viendo, antes de llegar al Gobierno central por lo que Martínez, si Vox se planta, lo tiene imposible.
Se prepara contiende intensa, con Vox subiendo; el PP, en el mejor de los casos, estancado a la baja (no para de cometer lo que en tenis se llaman errores no forzados) y las izquierdas arrastrándose penosamente sin que nadie sepa tan siquiera el nombre de sus aspirantes a la nada. El disparate mayúsculo lo protagoniza, cómo no, el PSOE: ha tenido la ocurrencia de nombrar candidato a Iago Negueruela, comisario político de Armengol, que está haciendo con el PSOE de Palma lo mismo que el cambio climático, tan negado por PP-Vox, con determinados territorios: convertirlo en secarral. Al tiempo, Fulgencio lleva a cabo inteligente campaña de captación de voluntades entre las clases medias altas de Palma, que están volcándose paulatinamente hacia su presunta candidatura, lo que hace probable que Vox acabe por aceptar a un candidato que, por lo expuesto, no es de su complacencia; preferiría alguien dócil, aunque resulte infumable, que es el caso de Gabriel Le Senne, que acabará por ser el vicepresidente de Marga Prohens, lo que nos deparará el nivel más bajo al que puede caer la Comunidad Colonizada de las Islas Adyacentes. El tándem Prohens-Le Senne será imbatible.
Dos cuestiones concernientes al alcalde Martínez, que se alza muy por encima de la acentuada mediocridad política imperante en Mallorca; la primera, cómo es posible que asuntos que no deberían haber escalado a problema serio se le hayan ido de las manos de mala manera. Lo de las multas a los vecinos de La Lonja por protestar contra los ruidos nocturnos colocando inofensivas banderolas es ininteligible, no hay manera de hallarle cierta coherencia al disparate, y como La Lonja hay más boquetes, entre otros el llamativo de la ínfima solvencia de la candidatura municipal del PP, manifiestamente mejorable. Determinados concejales se bastan y sobran para hacer naufragar a Martínez, empezando por el primer teniente de alcalde, Javier Bonet, por si lo desconocen, marido de la presidenta Marga Prohens. Contra todo eso, además de vérselas con Fulgencio Coll, ha de pechar Jaime Martínez. De las izquierdas no tiene que preocuparse, van directas al matadero electoral, tan solo aspiran a no empeorar los resultados obtenidos en el 2023. Es probable que fracasen en el empeño. Negueruela es capaz de eso y de más.
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