El estreno liguero del Mallorca dejó una sensación agridulce entre la afición. Hace apenas un año, el equipo iniciaba la temporada recibiendo al campeón de Liga, el Barcelona. Esta vez, ya en Segunda División, el rival era un Real Valladolid venido a menos, hasta el punto de presentarse con apenas quince fichas de jugadores profesionales inscritas. Del escaparate de las estrellas al campeonato de los estrellados, una categoría en la que conviven hasta diecisiete ex equipos de Primera, algunos de los cuales casi ni recuerdan cuándo fue su última presencia en la élite.
El conjunto de Luis García sueña con un regreso inmediato a Primera, aunque lo visto en Son Moix invita a pensar que el camino estará lleno de obstáculos. Más que una temporada de dominio, parece que espera un año de sufrimiento, de trabajo constante y de picar piedra. En la primera mitad apenas se apreciaron diferencias entre una plantilla que, sobre el papel, atesora mayor calidad y un Pucela que nunca perdió la cara al encuentro.
Mimbres hay. La línea defensiva ofrece garantías, con una pareja de centrales como Raíllo y Valjent que va sobrada para resolver problemas atrás y que, además, supone una amenaza en las acciones a balón parado. En el centro del campo, Sergi Darder y, sobre todo, Pablo Torre deben ofrecer mucho más. Eso sí, el cántabro dejó una pincelada de su talento con la falta que abrió el marcador.
Donde más se echa en falta un salto de calidad es en ataque. Adrián Fuentes pone entrega y voluntad, y es posible que, una vez superada la ansiedad de estrenar su cuenta goleadora como rojillo, termine destapándose como el delantero que necesita el equipo. Si no sucede, Ortells todavía está a tiempo de proporcionar a Luis García un refuerzo que garantice más pegada antes del cierre del mercado.
La victoria supone un primer paso, pero nada más. Si el Mallorca asume desde ahora que el ascenso se construirá con esfuerzo y constancia hasta la última jornada, la travesía por el desierto podría ser más corta de lo esperado y esta temporada acabaría siendo recordada como la del reinicio. La afición, que en ningún momento le ha dado la espalda al equipo, bien se lo merece.








