El eclipse terminó, pero a algunos todavía les dura la emoción. También las ganas de repetir. En A Coruña, las nubes marcaron parte de la experiencia. Para unos fueron una barrera. Para otros, añadieron dramatismo a un fenómeno que convirtió el día en noche durante poco más de un minuto.
Entre quienes lo vivieron desde el paseo marítimo estaba Moisés López, profesor de Física de Bachillerato en el Colegio Santa María del Mar de A Coruña. Para él era algo más que un espectáculo. Era también la oportunidad de vivir en primera persona un fenómeno que lleva años explicando a sus alumnos.
Físico y aficionado a la astronomía desde niño, López compartió el eclipse con el astro fotógrafo uruguayo Federico Bouvier, al que conoció el año pasado durante una expedición a los observatorios del desierto de Atacama, en Chile. Esta vez volvieron a coincidir, pero frente al Atlántico y rodeados de miles de personas.
Moisés López, físico coruñés preparado para ver el eclipse en A Coruña / LOC
«Fue impresionante. Aunque nos pillaron bastantes nubes, fue espectacular ver las fases de aproximación. Yo había estado proyectando el Sol para ver cómo el disco de la Luna se iba superponiendo al disco solar y eso ya me encantó. Ver cómo, a medida que se completaba el eclipse, bajaba la temperatura, se oscurecía todo y se hacía prácticamente de noche fue algo que nos impresionó muchísimo. Y también el clamor de la gente gritando en las playas. La verdad es que estuvo genial», cuenta.
Las nubes impidieron ver la corona solar desde ese punto. Pero no borraron el resto del espectáculo. López se fijó también en algo que muchas veces pasa desapercibido: el comportamiento de los animales. «Las nubes nos impidieron ver la corona solar, pero las fases las vimos bien. Y hubo dos cosas que me llamaron especialmente la atención. Una fue el cambio de luz, que es rapidísimo. Y la otra, la bajada de temperatura. Pero también fue tremendo ver a las gaviotas muy alteradas en los minutos previos. Estaban revoloteando por el cielo, por millares, y justo durante la totalidad dejaron de volar. Después, cuando volvió la luz, volvieron a volar. Fue tremendo», relata.

Anillo de diamantes final en eclipse total del Sol / Oscar Blanco
La experiencia tendrá ahora una segunda vida en las aulas. López ya tiene pensado convertir el eclipse en una clase. No solo para hablar de él. También para reproducir parte de lo que pudieron observar. «Yo creo que esto va a despertar mucho interés entre mis alumnos. El experimento que hice este año proyectando la luz del Sol lo haré el próximo curso con todos ellos. Es muy sencillo. Con una pequeña lente se puede proyectar la imagen del Sol sobre una pantalla y observarla de forma segura, sin necesidad de mirar directamente al astro», señala. Convencido de su valor divulgativo, asegura que muchos jóvenes, tras vivir la experiencia, «desarrollarán un interés todavía mayor por la astronomía».
Ganas de más
El astro fotógrafo y divulgador uruguayo Federico Bouvier había viajado hasta A Coruña con la cámara preparada. Su objetivo era conseguir la fotografía de la corona solar. No pudo. Las nubes aparecieron justo cuando más falta hacía que desapareciesen. Pero el viaje tampoco fue en vano. Bouvier eligió el paseo marítimo, cerca de La Domus. Allí se encontró con miles de personas. Una experiencia completamente distinta a la que había vivido en sus anteriores eclipses.
«Era mi primera vez viendo un eclipse en un entorno donde había miles de personas y eso fue alucinante. Sentir la energía de la gente, los gritos y los niños súper emocionados fue genial. Estaba nublado durante la totalidad y no pudimos ver la corona, pero igualmente fue alucinante ver cómo el día se convertía en noche en cuestión de segundos. Además, las nubes le dieron un toque dramático al paisaje«, explica.
La imagen que buscaba no apareció. Pero apareció otra. La de una ciudad entera mirando al cielo. Aplausos. Gritos. Sorpresa. Niños intentando entender cómo el día podía desaparecer tan deprisa. «Hubo muchos aplausos y muchos gritos. Cuando el Sol está a punto de ocultarse completamente es como si la noche cayese de repente. Y ahí eran gritos de asombro. La gente decía: ‘¡Guau! ¿Vieron esto? ¡No lo puedo creer!’. Fue impresionante ver lo rápido que se convirtió el día en noche», recuerda.
Mejor no arriesgar
A unos kilómetros de allí, Óscar Blanco había tomado otra decisión. El miembro de la Agrupación Astronómica Ío llevaba meses esperando el eclipse, pero las previsiones meteorológicas le hicieron cambiar de plan en el último momento. No quiso arriesgarse a que las nubes le robasen la totalidad y buscó una alternativa en la provincia de Lugo.
La apuesta salió bien. Muy bien. Lo que iba a ser una pequeña reunión terminó reuniendo a unas 70 u 80 personas. Había miembros de la agrupación, familias y aficionados que se sumaron al plan. Blanco, que ya había vivido nueve eclipses totales, se enfrentaba al décimo. «Tenía especial ilusión en verlo aquí, las cosas como son, pero había una probabilidad importante de que se tapase por alguna nube. Así que no me la quise jugar», cuenta.
La jornada comenzó antes de la totalidad. Una astro fotógrafa gallega afincada en Gran Canaria llevó hasta allí un telescopio solar específico. «Permitía ver las protuberancias solares, la cromosfera y detalles que no ves normalmente. Incluso nos anticipamos porque ya sabíamos que durante la totalidad íbamos a ver una protuberancia. Cuando llegó el momento, eso que habíamos visto antes apareció y en las fotografías se ve estupendamente bien«, explica Blanco.

Protuberancia del Sol en el eclipse total visto desde Lugo / Oscar Blanco
Y llegó la totalidad. Un minuto y 36 segundos. Un poco más que en A Coruña. Suficiente para que el cielo ofreciera el espectáculo que habían ido a buscar. Para Blanco, la experiencia fue distinta a las anteriores. No porque fuese menos emocionante. Al contrario. Su décimo eclipse lo vivió con la tranquilidad de quien ya sabe lo que está a punto de suceder.
«Ahora me doy cuenta de que tengo experiencia en eclipses. Lo vivo de una manera más tranquila porque ya sé lo que va a ocurrir. Siempre es brutal y siempre es alucinante, pero yo no chillé ni grité. Estaba más contenido. Y, además, para mí era casi mejor escuchar al resto que ser yo el que gritase«, relata el profesional.
Después llegaron los brazos, lágrimas y los gritos. Y una frase que Blanco ha escuchado repetirse desde entonces: ahora entiendo por qué. «Nada más terminar fue como una liberación de esa emoción contenida. Nos dimos abrazos y mucha gente me dijo que había sido tremendo. Había personas con lágrimas en los ojos. Fue muy bonito. El comentario que más he escuchado desde ayer es: ‘Ahora entiendo por qué nos insistías tanto’ o ‘ahora entiendo por qué viajáis a ver eclipses totales’«, asegura.
Otra oportunidad
No todos tuvieron la misma suerte. Blanco reconoce que la parte amarga del eclipse fue precisamente esa. La meteorología dejó a algunos coruñeses y vecinos de A Costa da Morte sin poder disfrutar plenamente de la totalidad. «La única sensación un poco amarga es que no todo el mundo pudo vivirlo en plenitud. Sobre todo allí donde hubo alguna nube. Eso me deja un poco de mal sabor, porque mucha gente que conozco y que quiero no lo vio como tendría que verse. Pero, por lo demás, el eclipse ha sido fantástico. Ha sido uno de los mejores que he visto«, resume.
El próximo eclipse solar total llegará el 2 de agosto de 2027 y volverá a pasar por la península Ibérica, aunque esta vez habrá que desplazarse al sur. La franja de totalidad alcanzará zonas de Cádiz, Málaga, Granada y Almería, además de Ceuta y Melilla. Blanco ya tiene destino: «Se verá en las ciudades de Cádiz y Málaga. También en Ceuta y parte de Marruecos. Yo iré a Túnez a verlo, además ya me han dicho y escrito varios amigos que en 2027 se vienen conmigo a disfrutar. Una vez que empiezas a ver eclipses, no paras».















