El Índice de Precios de Consumo (IPC) de Estados Unidos se situó en el mes de julio en el 3,4% interanual, frente a la subida de los precios del 3,5% observada en junio, según ha informado la Agencia de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo.
La subida de los precios en julio volvió a reflejar el fuerte encarecimiento de la energía, con una subida interanual del 14,7%, aunque fue algo más moderado que en junio, mientras que los alimentos subieron un 3%, en línea con el mes anterior.
De este modo, el dato subyacente de inflación, que excluye el impacto de la volatilidad de la energía y de los alimentos frescos, se situó en el 2,5%, frente al 2,6% de junio.
En la comparativa intermensual, la tasa de inflación en julio repuntó una décima, después de bajar un 0,4% en el mes anterior, después de una caída del 1,7% del precio mensual de la energía, tras la bajada del 5,7% un mes antes. De su lado, el índice de precios de los alimentos aumentó una décima, la mitad que en junio.
Aunque el dato de inflación ofrece cierto respiro en un contexto marcado por las tensiones en torno a Irán y el posible impacto sobre los precios de la energía, la referencia de julio no termina de despejar las dudas sobre cuál será el próximo movimiento de la Reserva Federal. Antes de conocerse el informe de la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), las apuestas del mercado estaban prácticamente divididas a partes iguales entre una subida de tipos y una nueva pausa en septiembre. Tras la publicación, alrededor del 45% de los operadores sigue descontando un incremento de los tipos, pese a la moderación mostrada por los precios.
El comportamiento de la inflación cobra especial relevancia después del flojo dato de empleo de julio, conocido el pasado viernes. La menor presión sobre los precios podría reducir parte de la preocupación de la Fed, especialmente después de que tres miembros del organismo defendieran una subida de tipos en su reunión del 29 de julio, frente a la mayoría, que optó por mantenerlos sin cambios. Sin embargo, esas discrepancias continúan pesando sobre las expectativas, mientras el Brent vuelve a aproximarse a los 90 dólares por barril ante el estancamiento de la estrategia de Washington respecto a Irán y la negativa de Teherán a reabrir el estrecho de Ormuz, una ruta fundamental para el suministro mundial de petróleo y gas.
En este escenario, las próximas referencias macroeconómicas tendrán todavía más peso para los mercados. El nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, pretende reducir el grado de anticipación sobre las decisiones de política monetaria, lo que eleva la importancia de cada dato que se publique antes de la reunión de septiembre.
«El IPC ha estado en línea con las expectativas, lo cual es una buena noticia, pero cada vez está más claro que los datos del IPC se mueven al unísono con los precios del petróleo», señala Skyler Weinand, de Regan Capital. El analista subraya que la Fed no puede influir sobre la situación en el estrecho de Ormuz, por lo que el retorno de la inflación hacia el objetivo del 2% podría prolongarse. Con unos precios todavía elevados, aunque relativamente estables, el banco central seguirá pendiente de los próximos indicadores económicos antes de decidir cuál será su siguiente paso.
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