El cambio climático está haciendo que el calor extremo dure cada vez más. Una investigación liderada por la Universidad Sun Yat-sen, en China, calcula que si las emisiones de gases de efecto invernadero se mantienen elevadas los días calurosos podrían acumular más de cuatro horas adicionales de calor extremo a finales del siglo XXI.
El trabajo introduce además una clave hasta ahora poco explorada: medir la temperatura hora a hora para detectar mejor los riesgos que las olas de calor representan para la salud. Las conclusiones del estudio de modelado, publicado en la revista Nature Climate Change, suponen que este escenario multiplicaría los efectos de las altas temperaturas sobre el ambiente, los sistemas biológicos y la salud humana.
Aumentan las horas de calor extremo
Los autores analizaron datos horarios globales correspondientes al periodo 1981-2023 y los combinaron con proyecciones climáticas para el resto del siglo. Según una nota de prensa, el resultado muestra que el calor extremo ya está aumentando a escala mundial.
Más del 80 % de la superficie terrestre analizada registró un incremento de estas temperaturas entre 1981 y 2023, con una media de unas 62 horas adicionales de calor extremo por década. El estudio calcula que las zonas terrestres del planeta experimentan actualmente alrededor de 269 horas de calor extremo cada verano.
Un escenario muy complejo a fin de siglo
Además, una parte del calor intenso pasa inadvertida cuando se utilizan únicamente indicadores diarios. Según los investigadores, el 28 % de los episodios de calor extremo observados se produjeron en días que no habrían sido considerados extremos mediante las métricas tradicionales. Esto significa que un día que en términos generales no aparece como una jornada de calor extremo puede contener varias horas con temperaturas excepcionalmente elevadas.
El escenario futuro más preocupante aparece bajo emisiones muy elevadas: para el periodo 2070-2099, los autores proyectan que cada día identificado como caluroso podría incorporar más de cuatro horas adicionales de temperaturas extremas respecto al periodo de referencia actual, 2001-2023. Al mismo tiempo, incluso los días que no sean clasificados como calurosos podrían sumar unas tres horas de calor extremo que los indicadores diarios tenderían a pasar por alto.
El análisis horario de las olas de calor muestra que el calentamiento global no solo intensificará las temperaturas, sino que ampliará el tiempo de exposición a niveles peligrosos. / Crédito: Pixabay/CC0 Public Domain.
Evaluación de la escala horaria
No se trata de un dato menor: la persistencia del calor durante varias horas puede determinar la capacidad del organismo para recuperarse de una exposición térmica prolongada. Esto resulta especialmente importante durante la noche, cuando unas temperaturas elevadas dificultan el descanso y pueden impedir que el cuerpo reduzca suficientemente su temperatura después de un día caluroso.
José Miguel Viñas, meteorólogo de Meteored y consultor de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en España, destaca precisamente esta dimensión del trabajo. «La presente investigación se ha centrado en un aspecto novedoso, como es la evaluación a escala horaria de la distribución de las temperaturas durante las olas de calor extremo, lo que permitirá caracterizar mejor el impacto en la salud humana de las temperaturas altas persistentes, tanto en los picos que se alcanzan durante las horas diurnas, como en las nocturnas», indicó a Science Media Centre. Viñas no formó parte del estudio.
Referencia
Globally and intergenerationally unequal exposure to hourly heat extremes. Weilin Liao et al. Nature Climate Change (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41558-026-02724-8
Nivel de ingresos y edades
Por otro lado, la investigación señala que los países de ingresos bajos y medios soportan actualmente más de tres cuartas partes de la exposición mundial al calor extremo y seguirán concentrando una proporción similar en el futuro. Las diferencias también se proyectan entre generaciones: las cohortes más jóvenes, especialmente en países de menores ingresos, afrontarán una exposición acumulada a lo largo de su vida muy superior a la de generaciones anteriores.
Los científicos sostienen que esta nueva forma de medir el calor debería incorporarse a las evaluaciones de riesgo. Las temperaturas medias diarias siguen siendo útiles, pero pueden ocultar episodios breves y muy intensos capaces de producir consecuencias relevantes. Incorporar la dimensión horaria permitiría diseñar alertas más precisas, anticipar mejor los períodos de mayor peligro y adaptar las medidas de protección sanitaria.
Fuente: Levante – EMV













