La exploración neurocientífica de los estados no ordinarios de consciencia (NOC) ha estado dominada históricamente por el uso de anestésicos y sustancias psicodélicas. Sin embargo, estas intervenciones farmacológicas introducen un «ruido» fisiológico ineludible que dificulta aislar los verdaderos correlatos neuronales de la experiencia subjetiva pura. Frente a este obstáculo metodológico, una nueva investigación publicada en NeuroImage documenta, en un caso singular, que una persona puede reorganizar de manera voluntaria y reproducible ciertos patrones de conectividad cerebral asociados a un estado no ordinario de consciencia.
Correlato neuronal
El estudio aporta un elemento novedoso en la investigación clínica: el sujeto de experimentación es también la coautora principal del artículo. Agustina Velez Picatto, investigadora de 37 años de la Universidad de Córdoba (Argentina), con una leve predisposición a la variación no patológica de la percepción humana (sinestesia), posee la habilidad de entrar voluntaria y espontáneamente en una alteración cualitativa de la pauta de vigilia habitual.
El artículo señala que la coautora refiere desde la infancia asociaciones estables entre grafemas y colores, como percibir la ‘S’ amarilla o la ‘T’ verde. Los autores interpretan este rasgo como una sinestesia leve, aunque no describen la aplicación de pruebas estandarizadas que permitan verificarla y delimitar su alcance.
Infografía original que sintetiza los cambios de conectividad registrados durante el trance autoinducido: disminución de los vínculos de las redes visual y sensoriomotora, y refuerzo selectivo de las redes frontoparietal y de saliencia. / Tendencias21 / Elaboración propia con datos de Della Bella et al. (2026).
Mapa de la transición mental
Esta capacidad, así descrita, permitió al equipo científico someter a Velez Picatto a 20 sesiones de resonancia magnética funcional (fMRI). El objetivo era trazar un mapa milimétrico de las transiciones de su cerebro en esos estados mentales a través de cuatro fases bien delimitadas: el estado basal, el umbral de transición, el trance profundo y la fase residual.
Todo arranca en el estado basal de vigilia ordinaria, que da paso a un umbral de transición marcado por una fuerte «turbulencia cognitiva»: la investigadora experimenta tensión física y un pico de inestabilidad neuronal, como si la mente necesitara desorganizar sus redes habituales para poder dar el salto.
Una vez superado ese peaje, emerge el trance profundo, una fase de inmersión estable, sin esfuerzo y de alta complejidad estructural, donde se atenúa la percepción del cuerpo mientras emergen vívidas secuencias visuales.
Por último, la etapa residual marca el descenso paulatino a la realidad; un periodo intermedio donde persisten ecos sensoriales del trance a pesar de que los niveles de entropía del cerebro ya han regresado a la normalidad.
Radiografía cerebral
Los resultados ofrecen una radiografía poco habitual de una reconfiguración sensorial selectiva. Al adentrarse en el trance, caracterizado por imaginería geométrica y sensación de unidad, disminuye la conectividad entre las redes visuales, auditivas y sensoriomotoras. En paralelo, se refuerzan conexiones de las redes frontoparietal y de saliencia, compatibles con una atención sostenida hacia la experiencia interna.
Este último punto marca una divergencia fundamental respecto al actual auge de la terapia psicodélica. El patrón observado se diferencia de algunas investigaciones con psicodélicos, que han descrito modificaciones de la red neuronal por defecto y, con frecuencia, experiencias de disolución del ego.
En este caso, los autores no observaron cambios globales significativos dentro de esa red, aunque sí un mayor acoplamiento entre la red frontoparietal y nodos posteriores de la línea media cerebral. La participante conservó durante todo el proceso la consciencia de estar en el escáner y el control voluntario de la experiencia.
También cambió la dinámica de la señal cerebral: durante la transición y el trance descendió la entropía y aumentó la complejidad estadística. En términos sencillos, los autores interpretan ese patrón como una actividad menos aleatoria y más estructurada, no como una pérdida de control. Es una interpretación compatible con los informes de atención interna estable de la participante, aunque no permite equiparar por sí sola estas mediciones con una mayor claridad mental o eficacia cognitiva.
Referencia
The neurophenomenology of a self-induced transcendental visionary state: A case study. Gabriel Della Bella et al. NeuroImage 2026. DOI:10.1016/j.neuroimage.2026.121784
Caso aislado
Las implicaciones son sugerentes, pero todavía no clínicas. El estudio muestra que los estados no ordinarios de consciencia inducidos sin fármacos pueden investigarse con un grado inusual de control experimental cuando la experiencia es repetible. Su principal aportación es abrir una vía para estudiar cómo se relacionan las vivencias subjetivas y la reorganización transitoria de las redes cerebrales.
Se trata, no lo olvidemos, de un único caso, con una participante de perfil excepcional y sin replicación independiente. Harán falta estudios con más personas, evaluación formal de rasgos como la sinestesia y registros de mayor precisión temporal, antes de extraer conclusiones generales sobre la consciencia o sus posibles aplicaciones clínicas.











