A su temprana edad, la catalana Andrea García Cano (también se ha consolidado en los registros estadísticos como la conductora de vehículos articulados de gran tonelaje más joven de España. Sin antecedentes familiares en el sector pero con una vocación temprana por el motor, la joven apostó por esta profesión desde los 18 años, invirtiendo entre 4.000 y 5.000 euros para completar los exigentes requisitos del Certificado de Aptitud Profesional (CAP) y obtener las licencias de camiones rígidos y tráiler con tan solo 21 años recién cumplidos.
Según explica en una entrevista en el pódcast «Rutas de Éxito», tras dar sus primeros pasos laborales como carretillera en un centro logístico y curtirse al volante de un camión rígido de repartos cruzando el centro de Barcelona en hora punta, Andrea dio el salto al transporte pesado. En la actualidad, maneja un tráiler frigorífico con un estilo de vida ordenado y minimalista donde apenas lleva un gel hidroalcohólico, el cargador del móvil y los tickets de combustible que paga en la guantera de su cabina.
Condiciones laborales estables
Lejos de la imagen tradicional de jornadas interminables, la rutina laboral de Andrea se desarrolla en un turno fijo de tarde, de 14:00 a 22:00 horas y de lunes a viernes, realizando recorridos regionales que conectan terminales de Catalunya con puntos logísticos como Zaragoza o Lleida. Con un promedio diario de entre 200 y 300 kilómetros, la joven recibe un salario de aproximadamente 2.000 euros mensuales, una remuneración que considera justa para una jornada de ocho horas que le permite regresar a su casa cada noche.
Pienso dedicarme a ello toda la vida
Con esta rutina, Andrea disfruta del trabajo al volante a ritmo de su música favorita, aunque siempre prioriza la seguridad revisando el camión antes de salir. Pese a la tensión puntual que se vive en los centros de carga por las prisas habituales del sector, la joven destaca la tranquilidad que le aporta la carretera y la satisfacción de manejar un gran camión.
Superación de prejuicios
La presencia de una mujer tan joven en la cabina de un camión sigue generando reacciones encontradas en las áreas de servicio y muelles de carga, donde las mujeres apenas representan el 3,8% de los conductores profesionales. Andrea ha tenido que enfrentarse a comentarios escépticos de transportistas veteranos que cuestionaban su capacidad por ser mujer o por su edad; sin embargo, responde con profesionalidad para defender que la preparación y el esfuerzo no entienden de géneros.
Con el respaldo incondicional de su entorno y el reconocimiento de muchos compañeros de profesión, la joven transportista combina su trabajo con planes a largo plazo. De cara al futuro, prevé cursar un grado superior en transporte y logística para opositar a puestos de gestión y jefatura de tráfico en las empresas del sector, buscando una mayor conciliación personal pero demostrando que su compromiso con la profesión es total.















