En el contexto del año 2026, la Inteligencia Artificial ha dejado de ser una promesa. Ya está entrando en las aulas, en las empresas, en los hospitales y en nuestra vida cotidiana. La gran pregunta ya no es si llegará. La pregunta es cómo aprendemos a convivir con ella.
¿Cuál fue el contexto en el que se fundó la primera empresa del grupo?
El contexto en el que creé la primera empresa del grupo ICSE en 1979, España estaba aprendiendo a caminar en democracia. La Constitución apenas tenía unos meses de vida. Canarias acababa de iniciar una nueva etapa política y social. La formación profesional seguía siendo considerada por muchos una enseñanza de segunda categoría. En aquel contexto, crear un centro privado dedicado a la educación suponía una apuesta llena de incertidumbre, pero también de esperanza.
Después de casi cincuenta años dedicado a la educación, ha llovido mucho… ¿Ha vivido alguna transformación comparable a la que representa ahora la Inteligencia Artificial?
He vivido muchas revoluciones educativas: La llegada de la informática. Internet. La enseñanza virtual. La digitalización. Pero creo que ninguna tiene la profundidad de la Inteligencia Artificial. No porque sea una tecnología más. Sino porque empieza a intervenir en actividades que siempre habíamos considerado exclusivamente humanas. Eso obliga a replantearnos muchas cosas. La historia de la educación puede leerse como una sucesión de grandes transformaciones. La IA no es una evolución más, supone una nueva revolución.
¿Le preocupa?
No exactamente. Me preocupa mucho más cómo reaccionemos las personas. Toda herramienta puede utilizarse bien o mal. La Inteligencia Artificial también. Lo importante será educar para utilizarla con inteligencia, ética y responsabilidad. Es cierto que la irrupción de la IA ha generado entusiasmo, dudas, expectativas e incluso temor.
Entonces, ¿no cree que va a sustituir al profesor?
No. Puede sustituir algunas tareas. La IA podrá explicar, traducir, resumir, generar ejercicios, corregir… pero no podrá sustituir al profesor. Un profesor no sólo explica. Puede mirar a un alumno, puede descubrir el miedo que esconde tras su silencio y también puede transmitir confianza. Despertar una vocación y educar con el ejemplo. Un educador escucha. Motiva. Observa. Comprende. Acompaña. Y, muchas veces, cambia la vida de un alumno. Eso no puede hacerlo una máquina.
Entonces… ¿Qué cambia realmente?
Cambia casi todo. Pero curiosamente no cambia lo esencial. Cambiará la forma de enseñar. La forma de evaluar. La organización de las clases. Los recursos. Los materiales. Pero seguirá siendo imprescindible despertar la curiosidad, enseñar a pensar y ayudar a convivir. Cada revolución tecnológica, no solo multiplica nuestra fuerza física o muestra capacidad de comunicación, sino que también amplía nuestra capacidad para analizar información, generar contenidos, resolver problemas y aprender.
¿Qué deberían aprender nuestros jóvenes que quizá no estamos enseñando suficientemente?
A pensar. A formular buenas preguntas. A distinguir entre información y conocimiento. A colaborar. A aprender durante toda la vida. La Inteligencia Artificial responderá muchas preguntas. Pero seguirá necesitando personas capaces de hacer las preguntas correctas.
Estudió Psicología hace más de medio siglo. ¿Le sirve hoy aquella formación para entender este cambio?
Más que nunca. Porque toda revolución tecnológica termina planteando preguntas sobre las personas. ¿Cómo aprendemos? ¿Cómo decidimos? ¿Cómo nos motivamos? ¿Cómo construimos sentido? La Psicología sigue siendo una magnífica brújula.
¿Qué consejo daría hoy a un profesor que siente incertidumbre?
Que siga aprendiendo. Que experimente. Que no tenga miedo. Y que recuerde algo muy importante. Los alumnos necesitarán cada vez más profesores capaces de orientarse. No menos.
¿Y a un alumno?
Que utilice la Inteligencia Artificial. Pero que nunca deje que piense por él. La herramienta debe ampliar nuestras capacidades.Nunca sustituirlas.
¿Cuál cree que será el mayor error que podríamos cometer?
Pensar que aprender consiste simplemente en obtener respuestas. Aprender consiste en comprender. Y comprender exige esfuerzo.Reflexión. Diálogo. Experiencia. Eso seguirá siendo insustituible.
¿Cómo imagina el aula dentro de diez años?
Mucho más flexible. Mucho más personalizada.Mucho más conectada con la realidad profesional. Pero espero que también mucho más humana.
¿Qué papel jugarán las emociones?
Todavía más importante que ahora. Porque cuanto más avance la tecnología, más valor adquirirán las capacidades humanas. Empatía.Comunicación.Liderazgo. Trabajo en equipo. Creatividad.
¿Y la ética?
Será decisiva. La Inteligencia Artificial puede hacer muchas cosas. La ética nos ayudará a decidir qué debemos hacer. Ésa será una de las grandes responsabilidades de la educación.
¿Qué está intentando hacer ICSE en este momento?
Estamos intentando no correr detrás de la tecnología. Queremos comprenderla. Experimentarla. Integrarla.Y hacerlo siempre desde una visión profundamente humanista. La IA debe mejorar la educación. Nunca deshumanizarla. Después de casi medio siglo dedicado a la educación, estoy convencido de que el gran reto no consiste en aprender a utilizar la IA. El verdadero reto consiste en seguir desarrollando aquello que ninguna máquina podrá hacer por nosotros: PENSAR cuando intentamos dar respuesta a la pregunta: ¿La IA sustituirá a los profesores? y que nuestra respuesta sea siempre la misma: No puesto que la IA transformará profundamente la educación, pero nunca podrá sustituir aquello que verdaderamente aprende un educador.
¿Qué le gustaría que distinguiera al Modelo ICSE?
Que nunca separa innovación y persona. Toda innovación que no mejora la vida de las personas termina perdiendo sentido.
Usted habla con frecuencia de curiosidad. ¿Por qué?
Porque creo que será la competencia más importante del siglo XXI. Quien conserve la curiosidad seguirá aprendiendo toda la vida. Y quien siga aprendiendo nunca dejará de crecer.
¿Qué ha aprendido personalmente de esta revolución tecnológica?
Que nunca debemos dejar de estudiar. Llevo 47 años al frente de la institución ICSE y sigo aprendiendo cada día. Eso me produce una enorme satisfacción.
¿Qué le gustaría aportar en esta nueva etapa?
Tiempo para pensar. Tiempo para escribir. Tiempo para conversar. Y tiempo para ayudar a otras personas a comprender estos cambios. Ésa será mi manera de seguir educando.









