La enorme y pesada estructura de Stonehenge demuestra una escala de construcción difícil de imaginar antes de la invención de la rueda: un nuevo estudio sugiere que fue transportada desde Escocia gracias a un glaciar.
Un trabajo científico liderado por especialistas de la Universidad de Sheffield Hallam, en Reino Unido, ha reabierto uno de los grandes enigmas de Stonehenge: el origen y el recorrido de la enorme Piedra del Altar, una roca de arenisca de unas seis toneladas situada en el centro del monumento.
El estudio, publicado en la revista Journal of Quaternary Science, plantea que antes de acabar en Salisbury Plain la roca pudo ser arrastrada por el hielo desde el noreste de Escocia hasta Dogger Bank, en el mar del Norte, durante la última glaciación.
Desde allí, habría sido movida después por seres humanos hasta su ubicación definitiva, de acuerdo a un artículo de los autores en The Conversation y a una nota de prensa.
Un trayecto con varias etapas
La investigación no afirma que un glaciar llevara la piedra directamente hasta Stonehenge, sino que ese transporte natural habría sido solo una etapa intermedia. Según los investigadores, no existieron corredores glaciares viables que conectaran de forma directa la región de origen con Salisbury Plain, por lo tanto el traslado final hacia el monumento siguió dependiendo de la acción humana.
La clave de la hipótesis está en Dogger Bank, un área que durante la Edad de Hielo funcionó como una especie de depósito de rocas transportadas por las masas heladas.
La llamada Piedra del Altar es la más grande y pesada de las rocas de Stonehenge. Pesa alrededor de seis toneladas y mide unos cuatro metros de largo.
Datos concretos
El estudio sitúa su procedencia en la cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia, a unos 700 kilómetros de Stonehenge, y más concretamente en zonas próximas a Caithness, Inverness y la península de Black Isle. Esa distancia refuerza el carácter extraordinario del viaje que acabó llevándola al corazón del enclave megalítico.
Para llegar a esa conclusión, los investigadores combinaron datación de granos minerales con modelización de las capas de hielo. La reconstrucción de los flujos glaciares permitió probar si los hielos de la última glaciación podrían haber arrastrado rocas desde el norte de Escocia hacia el sur.
El resultado sugiere que pudieron hacerlo hasta Dogger Bank, pero no más allá de ese punto, lo cual encaja con la idea de un transporte natural parcial seguido de otro humano.
La Piedra del Altar está hacia el centro de Stonehenge. / Créditos: Nash DJ, Ciborowski TJR, Darvill T, Parker Pearson M, Ullyott JS, Damaschke M, et al., CC BY-NC.
Más que simples espectadores
Ese escenario tiene además una consecuencia cultural: Dogger Bank y el paisaje de Doggerland habrían sido áreas habitadas o transitadas en el final de la última glaciación, antes de quedar progresivamente inundadas por el ascenso del nivel del mar.
Si la piedra llegó allí arrastrada por el hielo, es posible que grupos humanos de la época la reconocieran como un elemento singular y decidieran moverla de nuevo para salvarla de la subida de las aguas.
Además, los resultados reafirman que las comunidades neolíticas no eran simples espectadoras del paisaje, sino agentes activos capaces de leerlo y aprovecharlo. El estudio sostiene que, una vez situada en la costa oriental de Inglaterra o en un punto intermedio, la Piedra del Altar pudo ser trasladada en varias fases, quizás combinando arrastre terrestre, transporte fluvial y trayectos por la costa.
El papel humano sigue vigente
En ese recorrido habría cobrado importancia la Berkshire Ridgeway, una antigua ruta de altura que comunicaba el este con Salisbury Plain y que pudo facilitar el último tramo del viaje.
Sin embargo, vale destacar que la hipótesis no elimina el papel humano, sino que lo coloca en un marco más complejo. La piedra no habría llegado sola al monumento: solo se modifica la primera parte del itinerario, que ahora podría incluir un transporte glaciar hasta el norte de la Inglaterra actual.
De esta manera, se ofrece un nuevo mapa de posibilidades para entender cómo se movían, se seleccionaban y se entendían desde lo cultural las grandes rocas en la Prehistoria británica.
Referencia
From Highlands to Henge: Refining the Provenance and Transport Pathways of Stonehenge’s Altar Stone. Anthony J. I. Clarke et al. Journal of Quaternary Science (2026). DOI:https://doi.org/10.1002/jqs.70080
Una secuencia más clara
El estudio se suma así a una larga discusión sobre Stonehenge, un lugar cuya construcción combinó conocimientos geológicos, organización social y una enorme capacidad de movilización.
La Piedra del Altar sigue sin revelar por completo su historia, pero la nueva investigación dibuja una secuencia más precisa: nació en Escocia, pudo viajar sobre hielo hasta Dogger Bank y, por último, acabó siendo integrada por manos humanas en uno de los monumentos más famosos del mundo.
Fuente: Levante – EMV















