Saboteur y ¡Toma 6! comparten por primera vez final nacional: el 19 de septiembre en el festival Ludo Ergo Sum de Madrid. Los dos campeones viajarán a Stuttgart el 21 de noviembre con los gastos cubiertos, y cualquier club puede montar un clasificatorio mientras queden kits.
Dos juegos de cartas separados por catorce años de distancia y por filosofías de diseño opuestas van a coincidir el mismo sábado en la misma sala. Mercurio Distribuciones ha abierto la fase clasificatoria de los torneos nacionales de Saboteur y ¡Toma 6!, y ha decidido concentrar ambas finales el 19 de septiembre en el Festival Ludo Ergo Sum de Madrid.
Es un cambio de mapa que conviene subrayar. En las últimas ediciones, la final nacional de Saboteur se disputaba en el Festival Internacional de Juegos de Córdoba, cita histórica del calendario lúdico español. Este año el circuito se traslada a Madrid y agrupa los dos títulos en una sola jornada.
Lo que está en juego es idéntico en ambos casos: el ganador o ganadora de cada final nacional viajará a Alemania para disputar el torneo internacional, que se celebra el 21 de noviembre durante la feria Spiel de Stuttgart. Mercurio anuncia el viaje con todos los gastos pagados, sujeto a las condiciones recogidas en las bases oficiales.
Del club de barrio a Alemania, en tres saltos
El recorrido lleva años funcionando igual y es fácil de seguir. Todo arranca en los clasificatorios locales, que no organiza la distribuidora sino las asociaciones, clubes y eventos que lo soliciten. De cada uno de esos torneos salen los dos primeros clasificados, que obtienen plaza para la final nacional de Madrid. De ahí sale un único nombre por juego.
La mecánica de acceso premia, por tanto, a quien se mueve pronto. No hay ranking previo ni fase de invitación: quien gane una tarde en su asociación se planta en la final estatal en igualdad de condiciones con el resto.
Kits limitados para quien quiera organizar
Mercurio proporciona a las sedes un kit de torneo con material específico, y advierte de forma expresa en ambas convocatorias de que las unidades son limitadas. Es el punto que más urgencia tiene para cualquier club interesado.
El paquete de Saboteur incluye un delantal serigrafiado, una braga de cuello, una chapa conmemorativa de la Saboteur Tournament Series 2026, quince ejemplares de la carta promocional del año, tapetes de juego con el mapa de la mina y expositores de mesa. El de ¡Toma 6! incluye: delantal en naranja corporativo, tapetes con la cuadrícula de las cuatro filas y varios juegos de cartas numeradas del 0.0 al 0.9, además de mazos adicionales.

«El Carrusel», la carta promo que rompe las manos
La incorporación más interesante para quien ya conoce Saboteur es la carta promocional de esta edición, que se regala a los participantes. Se llama «El Carrusel» y es una carta de acción que se mezcla con el mazo de robo y se juega durante el turno.
Su efecto es sencillo de enunciar y bastante desestabilizador en mesa: todos los jugadores eligen dos cartas de su mano y se las entregan a quien tienen a su izquierda. Después, el turno concluye con normalidad robando una carta del montón, si queda alguna.
En un juego construido sobre la sospecha, una redistribución simultánea de manos tiene consecuencias que van más allá de los recursos. Quien acababa de reservarse una carta de derrumbe para el momento oportuno puede verse obligado a cederla, y quien la recibe obtiene información sobre lo que su vecino estaba escondiendo. Es una carta que trabaja tanto sobre la mano como sobre la lectura de intenciones.
Hay una dato importante que Mercurio subraya en la propia convocatoria: la carta se ha impreso con el nuevo diseño de dorso y solo resulta compatible con la edición más reciente del juego, la publicada en 2025. Quien conserve una copia anterior no podrá integrarla en su mazo sin que el dorso la delate.

Dos juegos que compiten de forma muy distinta
Saboteur, diseñado por Frédéric Moyersoen con ilustraciones de Andrea Boekhoff, es un juego de roles ocultos y deducción. Los participantes encarnan enanos que excavan una galería colocando cartas de túnel hasta alcanzar la veta de oro, salvo unos cuantos infiltrados cuyo objetivo es exactamente el contrario. Nadie sabe quién es quién al empezar. Cada colocación torpe, cada herramienta rota y cada silencio prolongado alimentan las acusaciones.
En formato de torneo, esa dimensión social es a la vez su atractivo y su desafío. El azar del reparto de roles pesa, pero a lo largo de varias rondas emerge la habilidad de quien sabe sembrar dudas sin levantar sospechas, o la de quien identifica al saboteador antes de que la galería se haya torcido del todo.
¡Toma 6! juega en otra liga. Wolfgang Kramer lo publicó en 1994 y su funcionamiento se explica en dos minutos: hay cuatro filas sobre la mesa, todos eligen una carta en secreto y se revelan a la vez, colocándose en orden ascendente donde corresponda. Quien coloca la sexta carta de una fila se lleva las cinco anteriores con todas sus cabezas de buey, que son puntos negativos. Gana quien menos suma.
Su corazón es la selección simultánea de cartas, y ahí está el mérito competitivo. Descartar una carta baja para evitar cargar con una fila es intuitivo; anticipar que otros ocho jugadores han llegado a la misma conclusión, no. Treinta años después, sigue siendo uno de los fillers más jugados de Europa y aguanta bien un formato de muchas rondas encadenadas.
Cómo apuntarse
Tanto los clubes que quieran solicitar un kit y organizar un clasificatorio como los jugadores que busquen una sede cercana deben escribir a [email protected], dirección que la distribuidora habilita para ambos circuitos.
En convocatorias anteriores la participación estaba reservada a mayores de 18 años y la inscripción en los torneos locales era gratuita. Ninguna de las dos condiciones aparece explícitamente en las notas de este año, así que conviene consultarlas con la organización de cada sede antes de presentarse.
Queda margen: hasta septiembre hay verano por delante para que aparezcan clasificatorios en asociaciones de toda España. La ventaja de estos dos títulos frente a otros circuitos competitivos es evidente. No hace falta un año de preparación ni una colección de cartas. Basta con entender las reglas, sentarse a la mesa y aguantar el tipo.















