Hay bandas que tardan años en encontrar su lugar, y otras que, simplemente, entran por la puerta grande tirándola abajo. Arde Bogotá se ha convertido en una de las fuerzas más arrolladoras del rock en español de los últimos tiempos. Hace unos días actuaban por sorpresa bajo el nombre de Bigger Splash en Mad Cool, Crüilla y BBK Live, anunciando su esperado tercer trabajo de estudio.
Con un sonido contundente, letras que oscilan entre la catarsis y la épica urbana, y un directo que roza la liturgia, los cartageneros han demostrado que las guitarras afiladas siguen muy vivas. Tras la celebración de la victoria de España en el Mundial, donde miles de personas vibraron en Cibeles con la interpretación de Los perros junto a Marc Cucurella y Borja Iglesias, charlamos con Antonio García, la voz cantante de Arde Bogotá, a las puertas de uno de los momentos más cruciales de su carrera -y nos da los primeros detalles-: el inminente lanzamiento, el próximo 2 de octubre, del tercer álbum, Manufacturas del Club de la Gente Sola, grabado en Los Ángeles con Joe Chiccarelli (The White Stripes, The Killers, The Strokes, Franz Zappa, U2…). Uno de los lanzamientos más esperados de la música española en 2026.
También hablamos del proceso creativo de este nuevo trabajo, de todo lo que arde cuando se suben al escenario, y del viaje de una banda que ha protagonizado una gira mundial salpicada de sold outs, que sigue dispuesta a romper todos los esquemas. Tras la potencia del frontman confirmanos que hay un compositor lúcido, observador y perfeccionista.
Los perros nació en Cartagena y se ha convertido en un auténtico talismán en las celebraciones de la Selección Española en Cibeles ¿Qué se siente al ver que un tema tan directo de rock trasciende los escenarios e infecta la cultura popular hasta ese punto?
Orgullo, satisfacción, alegría. Al final uno hace las canciones porque le salen, pero una parte de ti tiene el deseo de que las escuche mucha gente, y lo del otro día fue un disparate.
Ya me imagino. ¿Cómo vivisteis la celebración?
Muy nerviosos, tío, porque no es un concierto, ¿sabes? Tú no eres el protagonista. Tienes que ir allí a sumar, y a celebrar, pero es una cosa extraña, y fuimos muy nerviosos. Creo que al final salió bien, y lo recordaremos toda la vida.
¿Jota se mosqueó? Cucurella se puso en su batería antes de salir vosotros.
Si lo hubiera hecho yo, se enfada, pero si lo hace Cucurella se lo perdona.
¿Por qué elegisteis Los perros? Quizás por esa frase sobre el coraje, romper las cicatrices…
La usó la selección, tanto en la Eurocopa como en el Mundial, para hacer un story en la semifinal, como de apoyo. Nos parecía que lo lógico era usar el tema que habían usado. También en agradecimiento a la gente de la selección, por si habían pensado que nuestra música podía mandarles un mensaje a los aficionados.
¿Viste el partido?
Claro, sí, sí. Con el nervio, además, de que ahí ya sabíamos que si ganábamos, íbamos. Eran dos nervios. El nervio de la final y el de decir: «¡Como ganemos, mañana trabajamos!«
Habéis hecho una gira por 13 ciudades entre Europa y América, desde salas icónicas como Bataclan en París hasta recintos en Bogotá o Miami. ¿Cómo se digiere este ritmo para no perder la perspectiva del lugar del que venís?
Al final, es parte del oficio nuestro y de lo que nos gusta hacer, que es dar conciertos y cantar nuestras canciones por el mundo. Hemos tenido la suerte de poder hacerlo en sitios lejanos, y en unas salas que son -como Bataclan- muy grandes y especiales, también en otros recintos que quizás son más modestos o pequeñitos, pero lo bueno es que todos han estado llenos de gente con ganas de pasarlo bien y de emocionarse con las canciones. Es como la experiencia de ir a Guadalajara, pero más lejos, en otros idiomas, y con la misma emoción y la misma alegría, muy guay.
¿Tenéis un diario de gira?
Hemos ido echando fotos. Nos dieron los compañeros unas cámaras desechables. Todavía no he visto ninguna revelada, pero espero que hayan quedado documentos publicables. Lo hemos pasado muy bien. Al final, lo que tiene esta profesión es que lo pasas muy bien. A mí me pagan por esperar, por no estar en mi casa, por viajar a horas intempestivas, pero el resto de lo que hacemos es divertidísimo, con compañeros, con amigos y con el público cantando y tocando. Una maravilla.
Fue una feliz estrategia lo de Bigger Splash: la sorpresa como arte. Jugasteis con el misterio: aparecer por sorpresa en festivales de la talla de Mad Cool, Cruïlla o BBK Live bajo el nombre de rompió completamente los esquemas de la promoción tradicional. ¿De dónde surge la necesidad de subirse al escenario bajo un alter ego para presentar nueva música?
Todo empezó como una especie de idea loca y peregrina. Decir: «Oye, ¿y si el año que viene hacemos algún concierto con un seudónimo?» Al principio, el seudónimo que teníamos era como ‘Puro Juan’ o algo así, y conforme fuimos desarrollando el disco y contándole a la gente del equipo lo que íbamos a hacer, se presentó la posibilidad de usar esa aventura como una herramienta más para dar a conocer el álbum. Como todo el álbum habla de construir un corazón, y de un proceso técnico que sale mal y que va por un camino que no es el deseado, de repente, haber metido un error dentro del cartel de tres festivales venía como anillo al dedo. Ahí fue cuando dijimos: «Utilicémoslo para anunciar que sale el disco, que sale una canción, y como parte de la explicación de qué es este proyecto».
La primera vez pillaríais por sorpresa al personal. ¿Qué cara pusieron al descubrir que erais Arde Bogotá?
Lo que creo que pasó fue más que la gente que vino al primero de ellos en Madrid, tenía la apuesta de ‘yo creo que son’ por las pistas que habíamos filtrado. Era como medio lógico pero, claro, no había nada confirmado y cuando, efectivamente, empezamos a tocar La Torre Picasso, yo creo que la gente dijo ‘bien, sí que eran ellos’. Como que la apuesta que hicieron por estar allí a esa hora les dio resultado. Y fue muy guay, porque acumuló una energía muy chula. Era un concierto muy distinto, muy teatral, y eso se notó en el aire.
El otro día entrevisté a Eugenio de La Mar De Músicas y le pregunté si haríais una aparición en La Mar. No dijo que no…
Ojalá. Eugenio ya sabe que nosotros somos muy fans del festival, así que… No, no creo que este año se pueda. Le daría un infarto, seguro, si tiene que encajar eso ahí, pero en el futuro… Estamos abiertos a contratación. Podríamos tocar en el Ayuntamiento…
Hablemos de Bigger Splash, donde hacéis referencia explícita a la obra de David Hockney, que se nos ha ido recientemente. ¿Apostáis por un medio tiempo elegante e introspectivo tras el impacto visceral de Instrucciones? ¿Qué buscabais proyectar con esta dualidad de sonidos?
El álbum que tenemos entre las manos, que sale el 2 de octubre, es un álbum muy variado, tiene muchas caras, cuenta muchas cosas y transita por muchos lugares sonoros. La idea de sacar adelantos es un poco ir contándole a la gente qué se va a encontrar cuando llegue. Por eso Instrucciones nos parecía muy apropiado para ser la primera canción que publicáramos. Bigger Splash tenía mucho sentido porque es casi antagónica con el adelanto anterior. Así que parecía lógico sacar primero Instrucciones y luego algo más baladesco, más, como dices tú, introspectivo.
¿Por qué ese homenaje a David Hockney y sus célebres piscinas californianas?
El proceso del álbum está lleno de coincidencias muy raras, pero la canción fue inspirada por el cuadro, y por el sentimiento que genera retratar a alguien que no está; que está justo en el instante en el que no está. Cuando está debajo del agua y nunca lo vamos a ver salir. A partir de ahí salió la canción, se creó en el verano de 2024, y las coincidencias de todo lo que ha sido el proceso nos llevaron a grabar en Los Ángeles, a dormir a metros de la casa que se retrata en el cuadro, a ir un día que teníamos libre al Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles y encontrar allí murales de Hockney impresionantes… Incluso a tocar en Londres y hacer una visita expresa al propio A Bigger Splash.
El destino está escrito en las estrellas.
Sí, sí. Yo qué sé. Se murió David Hockney semanas antes de sacar el tema, y es como ‘¿pero esto qué es?’. Las cosas.
Para este tercer disco habéis contado con una leyenda de los mandos como Joe Chiccarelli (The White Stripes, The Killers, U2) en los estudios EastWest de Los Ángeles. ¿Cómo fue lo de iros a L.A.? Chiccarelli estuvo en Cartagena previamente. Tengo curiosidad. ¿Cómo afectó su visión a la hora de buscar ese sonido más crudo, orgánico y expansivo?
Ha sido una aventura. Joe vino a Cartagena a conocernos, a conocer el proyecto, el sitio en el que se había hecho, a empezar a trabajar las canciones… Nos enamoró con su energía californiana, su buen rollo y su forma de trabajar. Quedamos muy sorprendidos. Luego nos fuimos a L.A., y allí conocimos otra forma de trabajar, de grabar, incluso de vivir, porque L.A. es distinta de Cartagena, como es obvio. Fue duro por momentos, porque el proceso no fue fácil, nos sacó de nuestra zona de confort, y de la forma que teníamos de grabar y de entender lo que era hacer un disco, y yo creo que el resultado lo tiene, se escucha lo que pasamos allí, para bien y para mal. Estamos contentos porque, después de todo el proceso, es como ‘vale, tenía sentido hacer esto, ir hasta allá y vivir lo que vivimos’.
Se murió David Hockney semanas antes de sacar el tema, y es como ‘¿pero esto qué es?’. Las cosas
En este disco abundan, por lo que hemos conocido, metáforas industriales y corazas. En Instrucciones cantas: Cubra las paredes de su pecho con cemento y asfalto. ¿Ese concepto tras Manufacturas del club de la gente sola reflexiona sobre cómo la sociedad humana nos fuerza a fabricar escudos emocionales para sobrevivir?
Sí, absolutamente. Casi todo el álbum orbita en torno a la idea de hacerte un corazón que no sienta, un aparato para la sensibilidad que te permita decidir con qué te vas a emocionar y con qué no. Es una cosa que viene de lo que nosotros hemos experimentado, pero también de lo que se ve alrededor. Creo que es bastante patente que la sociedad que nos rodea evoluciona hacia un lugar de aislamiento, de soledad, de menor comunicación real aunque exista una mayor cantidad de herramientas para la comunicación. Eso es parte de una deriva que todos los seres humanos deberíamos estar experimentando y que ha quedado en nuestro disco porque son nuestras propias vivencias también.
Las expectativas están en todo lo alto. ¿Cuántas canciones va a incluir el álbum? ¿Qué concepto manejáis?
Tiene once temas. Hicimos veinticinco canciones para este disco, bueno, veinticinco que llevamos a trabajar con Joe. Hicimos más, que nunca llegaron a terminarse porque no nos gustan. Cuando vino Joe a Cartagena, las trabajamos y nos acabamos quedando con quince, las que realmente cuentan lo que queremos contar, que suenan a lo que queremos sonar. Nos fuimos a L.A. con esas quince, grabamos catorce, y de las catorce nos dio la sensación de que el álbum lo forman once.
¿Qué haréis con las otras tres?
No lo sabemos. Están grabadas, forman parte de una etapa, pero a lo mejor tienen menos que ver con lo que quiere contar el álbum. Escuchas las once y dices: «Yo creo que aquí está el mensaje, esto es lo que queríamos decir». Las otras tres nos gustan, evidentemente, pero quizá salgan más adelante o formen parte de otro proyecto. No sé, habrá que verlo.
¿Cuál sería el mensaje detrás si tuvieras que definir la conversación que Arde Bogotá quiere tener con su público a través de este tercer trabajo? ¿Cómo disteis con el título?
El álbum habla de cómo hacerse un corazón que no sienta, y el título del álbum es el nombre de la empresa que te propone esto. Es como Coca-Cola Company o Inditex, es el organigrama coral y desdibujado que hay detrás del producto que te ayuda a no sentir nada. Lo que pasa es que cuando vas recorriendo el álbum, el proceso de construcción quizás no acaba donde propone la canción Instrucciones, en un autobús, sino en otras cosas o en otro tipo de reflexiones, pero esa es la idea inicial. Sin haber spoilers, la gente entrará a ver cómo se hace un corazón que no siente, y a ver dónde llega.
¿Hay alguna inspiración literaria distópica?
Hay un libro de Mark Fisher, Los fantasmas de mi vida, donde el autor reflexiona sobre su depresión, y la conclusión que yo he extraído, sin entrar en lo que el autor quisiera decir realmente, es que él acaba identificando que su depresión no es suya, sino social. No es algo de lo que él tenga la culpa, sino que la sociedad en la que vive le acaba generando esa depresión, igual que vivir en un ambiente contaminado te puede generar una enfermedad. Creo que eso plantó una semilla de decir: ‘Ostras, el mundo en el que vives te puede generar algo en el cuerpo’, y ahí empezó a crecer la idea de ‘quizas el mundo en que vives te está montando un corazón que no siente, quizás eso simplemente es así, y no es tu culpa’. Por ahí van las reflexiones del álbum.
Habéis conectado de forma masiva con generaciones muy jóvenes. ¿Cuál creéis que es el secreto? Está muy presente en vuestras letras una mezcla entre rabia, vulnerabilidad y épica urbana. ¿Cuánto hay de catarsis personal y cuánto de retrato generacional en lo que escribís?
Si hay algo generacional, es por casualidad. No es pretendido. No hay ninguna canción ni del álbum ni de la banda, creo, que intente hablar de los que me rodean, sino de nosotros mismos y de lo que experimentamos. Lo que pasa es que somos chavales muy normales, con un oficio quizás algo peculiar, pero con una vida relativamente normal respecto a lo personal. Por eso a veces las cosas que nos pasan también le pasan a la gente que nos rodea y que tiene nuestra edad -o un poco más, un poco menos- y por eso a lo mejor hay gente que conecta a un nivel generacional o colectivo, pero es todo personal, cosas que nos pasaron a nosotros.
Somos chavales muy normales, con un oficio quizás algo peculiar, pero con una vida relativamente normal respecto a lo personal
En la gira parece que hayáis querido buscar el calor de la distancia corta. A pesar de haber llenado estadios y grandes festivales, en esta fase habéis apostado fuertemente por la intensidad de las salas de medio formato en vuestro paso por Europa. ¿Qué os da el tú a tú de una sala llena que no se puede replicar en un macrofestival?.
Es que cuando tienes la capacidad de ver a todo el público en una sala de 2.000, 3.000 personas… Cuando Sergio, nuestro técnico, nos enciende el público, yo alcanzo a ver al último, o a intuirlo, y ahí tienes una capacidad de conexión que en un espacio muy grande es diferente. Un espacio muy grande te permite hacer un show como los del año pasado, más grande, más efectista, con otro tipo de propuesta, pero un espacio pequeño te permite una conexión más cercana; el show va a tener unos medios más limitados, es evidente, pero te va a permitir conectar, escuchar la voz de todos, ver la cara de todos y buscar la emoción de todos.
En las nuevas canciones tu interpretación vocal oscila radicalmente entre el susurro confidencial y el desgarro. ¿Cómo fue el trabajo técnico en el estudio para lograr esa tensión tan física?
Hemos investigado mucho con Patri Ferro, mi profesora de canto, y hemos trabajado en ampliar las cosas que puedo hacer con la voz, no limitarnos al lugar donde me siento más cómodo, que es la parte más grave de mi registro, sino también ver qué otras cosas podríamos hacer. El trabajo que hicimos fue buscar qué quiere decir la voz que canta la canción en cada verso, en cada palabra, por qué está ahí, qué busca. Con Joe buscábamos eso, tratar de expandir el universo de la banda, sonar a más cosas.
¿Habrá algún adelanto más del álbum?
Creo que sí, si todo va bien sacaremos alguna canción más, porque el objetivo de los adelantos no solo es anticipar la salida del álbum, sino también explicar la historia a la gente. Que cuando llegas al álbum, el planteamiento de la historia lo tengas claro y entres a buscar cuál es el nudo y desenlace. Yo creo que Instrucciones es un buen prólogo, y que en Bigger Splash de repente te asomas a algo que va a ocurrir a lo largo de la historia, pero que todavía queda por explicar qué pasa al principio.
La conclusión es que nos gustan los artistas que evolucionan y los que se atreven a ir a lugares que a priori parecen inesperados
¿Cuál será el próximo single?
No te lo puedo decir, Ángel. No puedes ser tan buen periodista, tío.
Esperamos un poco.
Muy poco, te lo prometo.
¿Hacia dónde camina Arde Bogotá, que no parece tener techo?
Para preparar este disco hemos pensado mucho en eso, qué queríamos hacer, o qué imaginábamos para el álbum que sigue a Cowboys de la A3. La conclusión es que nos gustan los artistas que evolucionan y los que se atreven a ir a lugares que a priori parecen inesperados, que tienen además la fortuna de que el público les siga allí. Y eso es lo que hemos intentado. Evolucionar, ir a otros sitios, buscar algo nuevo, ser capaces de explicar lo que nos pasa, y que nuestras canciones den un paso más en lo desconocido. Ojalá que lo hayamos conseguido y que la gente nos siga.
¿Algún tiempo para el descanso y el veraneo?
Sí, es un verano muy relajado comparado con el anterior o con el de hace dos, porque al final lo que tenemos que hacer es preparar la salida del álbum, lo que ocurra a partir del 2 de octubre, intentar hacer conciertos a partir de ese día, y presentar el álbum.
Fuente: La Opinión de Murcia













