Ignacio Garriga Vaz de Concicao (Sant Cugat del Vallès, 1987) llega a la redacción de EL ESPAÑOL con pocas horas de sueño. Es el último día antes de irse de vacaciones y, fiel a la rutina de cada lunes —día en el que se hizo esta entrevista—, ha viajado desde Barcelona a Madrid para la reunión del Comité de Acción Política de Vox.
La noche anterior siguió junto a su familia y amigos la victoria de la selección en el Mundial. Al poner rumbo al aeropuerto, cuando aún no había amanecido, se cruzaba con aficionados que regresaban a casa envueltos en banderas de España.
El optimismo por la segunda estrella parece contagiar también su análisis político. Tanto que da por hecho que «la aritmética parlamentaria» entre PP y Vox «va a dar» y serán «los dos actores principales para escribir esa España nueva y decente».
Se nota que su partido acaba de entrar en cuatro gobiernos de coalición. Su discurso hacia Alberto Núñez Feijóo rebaja el tono, porque el líder del PP, dice, «ha asumido que Vox ha llegado para quedarse».
Pero, a renglón seguido, el número dos de Vox no tarda en templar el entusiasmo: alerta de que Sánchez puede intentar mantenerse en el poder «por la puerta de atrás”, mediante la «ingeniería electoral» de la ley de nietos.
Ignacio Garriga: «Sánchez es el líder de la mafia que estaba en Ferraz»
Si Vox llegara al Gobierno mañana, ¿qué tres medidas pondría en marcha?
Los acuerdos de Gobierno a los que hemos llegado con el PP son un anticipo de lo que puede llegar a ser un Gobierno con la participación de Vox. La prioridad nacional sería un principio político inspirador transversal. La desregulación, necesaria para la gente corriente y para los pequeños y medianos empresarios. La bajada de impuestos frente a una política fiscal confiscatoria liderada por el gobierno de Pedro Sánchez.
Y, sin duda, revertir las políticas migratorias que ha impulsado el PSOE: demostrar que es posible regular los flujos migratorios, expulsar a los que han llegado de manera ilegal, aquellos que han venido a vivir del esfuerzo de los españoles, y decir que no puede entrar ni uno más a España.
Caso Ábalos, condena al fiscal general del Estado, caso Begoña, caso Hermano, caso cloacas… ¿Le parece creíble que Sánchez no supiera nada?
En absoluto. P.S. lo sabía todo. Todos los casos de corrupción confluyen en Pedro Sánchez. Es el líder de la mafia que estaba en Ferraz y que ahora está en Moncloa, con una ramificación internacional que lideraba el expresidente Zapatero.
Sánchez llegó al Gobierno de España prometiendo una regeneración democrática y se va a ir de Moncloa institucionalizando la corrupción, empobreciendo a las clases medias y destrozando todas las certezas que construyeron con mucho esfuerzo nuestros padres y abuelos.
Allí donde está Sánchez hay corrupción. El compromiso de Vox es acabar con toda la obra política del PSOE, en algunos casos compartida con el PP.
Si mañana el PSOE cambiara de líder, ¿seguiría habiendo corrupción?
Sí. El problema es el PSOE. Es la mafia institucionalizada anclada en Ferraz, que ha pasado a Moncloa. Ha arrasado con todas las instituciones: ha corrompido el Constitucional, RTVE, el Tribunal de Cuentas… Ha llegado a corromper a altos mandos de la Guardia Civil. Pero es posible una alternativa política decente.
No todos los políticos han venido a robar y a colocar a sus amigos. Esperamos tener fuerza suficiente para darle la vuelta a todo.
«La aritmética va a dar: los españoles han decidido que PP y Vox seamos los actores principales»
El problema es tener esa fuerza. Porque con Sánchez en su peor momento, Vox se queda en torno al 20% y no logra capitalizar ese descontento. En cambio, sus homólogos europeos, como Le Pen, Meloni o la AfD en Alemania, tienen una mayor proyección de voto.
Vox llegará a ser la primera fuerza, pero eso requiere un proceso. No es comparable la realidad de otras naciones con España, porque esas naciones ya han sufrido la coalición que puede producirse en España entre el PP y el PSOE, no sólo la que ya ejercen en Bruselas, sino la que podrían llegar a materializar en el Gobierno de España.
Y eso ha sido algo definitorio para que esos partidos soberanistas, patriotas y aliados de Vox estén en altos porcentajes de voto.
Vox también está llamada a ser la primera fuerza nacional porque vamos a sufrir las consecuencias derivadas de la política migratoria que han impulsado los gobiernos en los últimos 40 años. Es uno de los mayores problemas que va a afrontar España en los próximos años. España es Francia con 15 años de retraso.
Si no he entendido mal, ¿cree que a día de hoy puede haber un pacto para el Gobierno de la nación entre el PP y el PSOE?
No descartaría absolutamente nada.
¿Entre Feijóo y Sánchez?
No sé si será entre Feijóo y Sánchez, o Sánchez con otro miembro del PP, o alguien del PP con otro miembro del PSOE. Pero juntos gobiernan en Europa y aplican las políticas que luego sufren los españoles, con normas que agravan y perjudican al tejido empresarial. Luego, no es un escenario descartable.
Sería bueno que el PP dijera bien claro que con el PSOE no quiere ir ni a negociar el Constitucional, ni el Tribunal de Cuentas, ni la Junta Electoral Central ni RTVE. Nosotros lo tenemos claro: con el PSOE la única interlocución es en el Congreso y ante sede judicial, y esperemos que pronto con el presidente por el medio.
Feijóo parece ahora más dispuesto a tener en cuenta a Vox. ¿A qué atribuye ese cambio?
Es la responsabilidad que nos exigen los españoles en un momento de emergencia nacional. La alternativa a la corrupción pasa por gobiernos de PP y Vox como ya estamos experimentando en las regiones. Evidentemente, aspiramos a gobernar solos, pero la realidad es la que es. Y el momento exige lo que ha hecho Vox: altura de miras y poner por delante los intereses de los españoles. Vox ha sido generoso y responsable en las negociaciones.
Hemos logrado que Extremadura sea la región en la que los que menos cobran, menos IRPF paguen; que en Aragón el ingreso mínimo vital no lo cobre alguien que acaba de llegar o esté en situación irregular. Cuando hay voluntad política, las cosas se pueden cambiar.
¿Y cree que ahora hay una mayor voluntad por parte de Feijóo?
El señor Feijóo ha asumido que Vox ha llegado para quedarse. Vox ha demostrado un crecimiento constante en todos los procesos electorales, se ha consolidado y es visto como la alternativa dispuesta a romper el consenso que protagonizaban en silencio PP y PSOE en los grandes temas. Nos sobra valentía para meternos en los líos necesarios que merece España: vivienda, inmigración, asfixia fiscal… Con Vox hay garantías, coherencia y certezas de cambio.
Atribuyo el cambio del PP a comprobar que Vox es un socio fiable en el que uno puede apoyarse. Las aritméticas parlamentarias y los españoles han decidido que seamos los dos actores principales para escribir esa España nueva y decente.
Usted es el número dos de Vox. ¿Se ve de vicepresidente segundo, tercero… o prefiere quedarse en Cataluña?
Estaré donde el partido me pida, pero no me veo ni de vicepresidente ni de ministro. Me veo como un español más peleando donde toque en cada momento, sea en un pequeño municipio de Cataluña, en el Parlamento o en el Congreso, sin perder de vista que es un acto de servicio.
Pero sí que ve un gobierno de PP con Vox.
Los españoles van a votar en esa dirección. La aritmética parlamentaria va a dar. Estoy convencido de que Vox va a obtener un gran resultado para protagonizar los cambios que merece España. En cualquier caso, es un debate que tocará cuando llegue el momento, porque lo primero son las medidas, es decir, el acuerdo de Gobierno.
¿Para qué vamos a gobernar? No aspiramos a llegar al Gobierno para sentarnos en una silla en lugar del que estaba hace años. Queremos medidas concretas, con presupuestos detallados, y luego ya se hablará de quién impulsa esas partidas.
«Sánchez es consciente de que los españoles no le soportan y su única manera de mantener el poder es cambiar el censo electoral por detrás»
Hace justo dos años Vox se salió de todos los gobiernos autonómicos. Hoy han hecho borrón y cuenta nueva y vuelven a estar en las autonomías. ¿Esta vez sí terminarán la legislatura?
Esa es nuestra voluntad. Ha costado mucho llegar, pero el acuerdo se cumple si dos personas lo quieren. Vamos a actuar con responsabilidad, no vamos a traicionar a nuestra palabra.
Y estamos convencidos de que el PP también mantendrá su palabra y demostraremos que hay un camino alternativo al caos y a la corrupción del PSOE. Es fundamental trasladar esa imagen, y a la vez alertar de que Sánchez no está fuera de Moncloa.
Puede volver a ganar las elecciones y está dispuesto a hacer todo lo que esté en su mano para mantenerse en el poder. Y lo estamos viendo en esa última vuelta de tuerca de la ingeniería electoral de la ley de nietos.
¿Qué tal la experiencia estos meses compartiendo gobierno con el PP en Extremadura, Aragón, Castilla y León y hace nada en Andalucía?
Hemos de agradecer el comportamiento de un socio que se está comportando de manera leal. Somos dos partidos diferentes. Estoy convencido de que la colaboración y la lealtad entre socios será la tónica habitual en la legislatura que acaba de arrancar. Cuando Vox está en los gobiernos las cosas cambian.
Eso es una garantía para que cuando logremos desalojar a Sánchez y al PSOE de Moncloa, España vuelva a ver el sol como hace tiempo que no lo ve.

500.000 nuevos españoles van a poder votar en las próximas generales gracias en parte a la ‘ley de nietos’. En total, el censo exterior rozará las tres millones de personas. ¿Esto es un pucherazo?
Esta expedición de nacionalizaciones masivas que ha disparado el voto CERA genera mucha inquietud. Que ciertas personas se puedan inscribir donde les dé la gana para emitir el voto genera inquietud. Y con un personaje siniestro como es Pedro Sánchez, claramente podemos hablar de ingeniería electoral.
La Junta Electoral Central se ha manifestado en contra de la instrucción impulsada por la hermana del ministro Puente. Eso también es muy revelador.
Vox está liderando una ofensiva a nivel parlamentario, judicial y europeo para exigir transparencia en todo el proceso, y para que Sánchez no pueda utilizar esa bolsa de votos que está creando de manera artificiosa o artificial para su beneficio propio. Vamos a hacer todo lo que esté en nuestra mano para parar este intento de fraude electoral.
¿Es un robo?
Puede llegar a ser un robo. Si Sánchez impulsa instrucciones ilegales y se alía con regímenes totalitarios como el cubano para poder modificar la emisión de voto… eso es un robo en español paladino. ¿Por qué se producen estas nacionalizaciones masivas?
Sánchez es consciente de que los españoles no le soportan y su única manera de mantener el poder es cambiar el censo electoral por detrás. Pero olvida que va a tener al pueblo español y a Vox enfrente para frenar este posible pucherazo.
¿Qué hacemos con las nacionalidades ya concedidas?
Es algo que tendrán que dirimir los jueces en su momento. Ahora estamos en evitar que se regale la nacionalidad de manera fraudulenta, como está haciendo Sánchez. El proceso de regularización y nacionalización masiva lleva al colapso de los servicios públicos.
Si en 2027 el censo CERA va a alcanzar los tres millones de personas, más allá de acciones jurídicas, Vox quizá esté pensando en hacer campaña en Argentina, por ejemplo. ¿Veremos a Santiago Abascal en Buenos Aires pidiendo el voto de la diáspora española para Vox?
[Se ríe] Es algo que se puede tener en cuenta. Pero estamos centrados en garantizar que esas personas puedan depositar el voto con garantías de que no hayan sido creados desde Ferraz o Moncloa.
A partir de ahí, buscaremos el voto en cualquier rincón, no sólo de España, sino del mundo entero, si el objetivo es sacar las políticas del PSOE y a Sánchez.
La prioridad nacional, dos meses después, ¿cree que ha quedado suficientemente clara?
Ha quedado claro y ha desmontado a todos los que decían que era un lema. Se ve en Aragón: la ley autonómica que otorga el Ingreso Mínimo Vital se va a modificar para que no lo cobre alguien que acaba de llegar a España. Eso es prioridad nacional.
También la batalla contra los falsos menores extranjeros no acompañados. Estamos impulsando pruebas de edad y comprobando cómo más del 60% eran mayores de edad. Y exigimos al Gobierno que impulse los procedimientos para que sean devueltos a sus países de origen.
Y recortamos el gasto político ineficiente para reforzar los servicios públicos. En Extremadura hemos reducido de 11 a 3 millones el presupuesto en cooperación internacional. Los hospitales y los colegios de los españoles no se pueden convertir en los hospitales y colegios del mundo.
Vox habla de deportaciones masivas. ¿Tienen un cálculo de cuánta gente debería ser deportada?
No, porque la opacidad del Gobierno es manifiesta. Pero cuando lleguemos al Gobierno de España haremos auditorías y ahí podremos cuantificarlo.
No va a quedar ni uno en España que venga a vivir del esfuerzo de los españoles, o a violentar nuestra convivencia. Y, por supuesto, ni uno que haya entrado en situación irregular.
«España es Francia con 15 años de retraso; llegó el momento de decir que no puede entrar ni uno más»
¿Existe inmigración buena y mala?
Es buena si es controlada, tiene capacidad de adaptación y viene en función de las necesidades económicas de una nación.
Los políticos que nos han gobernado durante los últimos 40 años han hecho que la inmigración se haya convertido en mala, porque los flujos migratorios han sido masivos y descontrolados.
Han comprometido la identidad de muchos barrios y ciudades. Hay gente que se siente extranjera en sus propios barrios y en sus propias ciudades.
La inmigración masiva y descontrolada ha disparado la inseguridad. En España llegó el momento de decir que no puede entrar ni uno más porque está todo colapsado y eso lo sufren los españoles.
Usted vive a caballo entre Madrid y Barcelona. ¿Nota muy diferentes las dos ciudades?
Sí, muy diferentes. Por desgracia, Barcelona está a la vanguardia de la degeneración y es el reflejo de lo que puede pasar en muchas ciudades. En Barcelona, en apenas tres semanas se han producido dos tiroteos con arma de fuego, con resultado mortal, y peleas a machetazos en las calles.
Y el incremento de las violaciones es exponencial. Es culpa del separatismo, aliado con el PSOE, que lideraba la política del «volem acollir» [la versión catalana de Refugees welcome].
Y eso ha tenido consecuencias: se ha disparado la criminalidad. Y en Madrid está empezando a pasar. Se disparan las bandas latinas y la criminalidad protagonizada por extranjeros. Y va a ir a más.
Cataluña puede dejar de ser Cataluña y convertirse en Argelia o en Marruecos. Se puede revertir, pero hay que hacerlo de manera urgente.
¿Veremos pronto a Puigdemont en Cataluña?
Por desgracia para el conjunto de los españoles y para suerte del PSOE, espero que no, pero me temo que sí.
¿Cuándo será?
Dependerá de lo que quiera prevaricar el Tribunal Constitucional, o de las órdenes del señor Bolaños, o del calendario que tenga Sánchez.
La ley de amnistía constituyó uno de los mayores actos de corrupción política de nuestra historia reciente. Fue un cambio de impunidad por poder, por mucho que algunos lo intenten revestir de legal.
Nadie olvida los adoquines que lanzaban a la Policía Nacional, ni los contenedores quemados en las calles de Cataluña.
Y nadie olvida cómo una mayoría social de españoles salió a plantar cara al golpismo y al trágala de PSOE y Sánchez. A pesar de Puigdemont, Sánchez y el PSOE, el espíritu de la selección nacional es el que prevalece en la sociedad española. Acabaremos superando a jarrones chinos como son Puigdemont o Sánchez. Ambos pasarán a la historia más negra de nuestra querida nación.
¿Trump o Meloni, papá o mamá? ¿Cómo están las cosas con sus aliados internacionales?
Siempre con papá y con mamá. Nunca hay que elegir entre papá y mamá. Son aliados. Nos llevamos fenomenalmente con Giorgia Meloni, con Trump, como nos llevamos también con Le Pen, con Ventura en Portugal y con todos nuestros aliados internacionales.
Nos une el objetivo de defender la soberanía de las naciones, una política de fronteras controlada y defender nuestro producto nacional.
Eso nos lleva a momentos de discrepar en ciertas políticas, nunca lo hemos ocultado y nunca hemos hecho giros políticos internacionales como alguna vez se ha pretendido dar a conocer.
Siempre hemos defendido unas alianzas que están cambiando el mundo. Las fuerzas patriotas soberanistas están obteniendo un mayor respaldo.
Vamos a estar siempre al lado de nuestros aliados, conscientes de que en algunos momentos vamos a tener puntos de disputa o de discrepancia política.

Hace dos meses las noticias de Vox eran salidas, crisis, purgas… ¿Se puede dar ya por cerrada esa etapa? ¿Qué lecciones saca?
Vox es el único partido nacional que no es una confederación de partidos autonómicos y que tiene unos cargos orgánicos que los eligen sus afiliados. Más de 70.000 afiliados eligen el Comité Ejecutivo Nacional, los estatutos, los reglamentos internos…
Vox tiene unidad de mensaje y de acción y lo que deciden los órganos de dirección lo cumple desde el presidente hasta el afiliado 71.546.
Esa coordinación, desde el último pueblo hasta el Congreso, va a ser lo que lidere nuestro Gobierno nacional. Todos los que están en el partido son conscientes de a qué nos enfrentamos y cómo funciona Vox. A nadie le sorprende. Algunos creían que iban a hacer de Vox su instrumento y resulta que no, que Vox es el instrumento de los españoles.
«Habrá renovación en Vox, no nos va a temblar el pulso para cambiar los equipos donde haga falta»
Con la salida de Javier Ortega Smith al Grupo Mixto, Vox se queda con 32 escaños en el Congreso. En su carta de despedida, dijo que otros le seguirían. ¿Está controlado el Grupo Parlamentario? ¿Teme que pueda haber más salidas?
Son esas frases que algunos repiten en cuanto dejan de tener alguna responsabilidad en el partido. Tenemos un grupo unido y cohesionado.
Como secretario general estoy orgulloso del partido que estamos construyendo, que ya está consolidado y es radicalmente distinto al que heredé en 2022.
El año que viene tenemos un gran ciclo electoral, con generales, si no se adelantan, autonómicas y municipales. ¿Veremos una renovación importante en las caras de Vox?
Vamos a trabajar con un gran programa. Y no nos va a temblar el pulso para cambiar los equipos donde haga falta. Si tengo que tomar decisiones difíciles —y lo hemos demostrado, las sabemos tomar— siempre en busca del bien común. Esa renovación se producirá.












