Mientras estamos felices tras ganar el Mundial y añadir una estrella a la camiseta y mientras Rodríguez Zapatero continúa avergonzándonos, la sabiduría popular afirma que no hay situación mala que no sea susceptible de empeorar y eso se le aplica al expresidente y también al estrecho de Ormuz, convertido en el centro del conflicto entre EEUU e Irán. Atrás han quedado otras exigencias como el cambio de régimen en Teherán, su política nuclear, el arsenal de misiles, o su apoyo a grupos afines que incendian la región. La ironía es que el objetivo central de Washington es hoy reabrir el Estrecho de Ormuz a la navegación, es decir regresar a la situación que había antes de que Trump y Netanyahu lanzaran su insensato ataque contra Irán. Lo que se dice hacer pan con unas tortas.
Durante los cinco meses que lleva un conflicto que según Trump se debería haber solventado “en días” y luego “en cuatro o seis semanas”, Irán se ha dado cuenta de que tiene a su disposición un arma mucho más poderosa que la nuclear que es, precisamente, el control de esa vía de agua por donde transita, entre otras cosas, el 20% del petróleo y gas que consume el mundo. Y esa baza no la va a soltar. El tráfico por el estrecho de Ormuz se ha vuelto a reducir prácticamente a cero tras repetidos ataques estos mismos días, con el consiguiente rechazo de armadores y capitanes a poner en riesgo sus buques y las vidas de sus tripulantes. La consecuencia es que el precio del petróleo que estaba a 60 dólares llegó a 110 al iniciarse el conflicto, bajó luego a 73 con la tregua y ahora vuelve a superar los 100 con tendencia a seguir subiendo porque los hutíes, aliados de Irán, se han sumado a la fiesta cerrando para los barcos de Arabia Saudita el Estrecho de Bab el Mandeb -la Puerta de las Lágrimas- por donde desemboca el Mar Rojo en el Océano Índico y por donde transita el 12% del comercio mundial. Es también la vía alternativa utilizada por Riad para exportar el petróleo que no puede sacar por Ormuz y que supone otro 5% del consumo global. De manera que en este momento, si los hutíes se salen con la suya, el mundo se verá privado no solo del petróleo que transitaba por Ormuz, ya cerrado por americanos e iraníes, sino también del que lo hacía por Bab el Mandeb que ahora solo podrá salir por el canal de Suez. Y el comercio entre Europa y Asía tendrá que bordear el continente africano. ¡Todo buenas noticias!
Los hutíes están enfadados con el ataque al aeropuerto de Sana donde iba aterrizar una delegación que regresaba del entierro en Irán del Líder Supremo Ali Jamenei y de su familia, asesinados por Israel el primer día de la guerra. Esa es su excusa aunque la mala relación entre Arabia Saudita y los hutíes viene de lejos, del Tratado de Taif de 1932 por el que la primera se quedó con un territorio que Yemen reclama desde entonces. Las cosas se complican más porque los saudíes son sunnitas y los hutíes son chiítas y porque Riad ha intervenido en la guerra civil de Yemen en contra suya.
EEUU e Irán atacan objetivos militares pero también civiles (puentes, ferrocarriles, aeropuertos, centros de datos) que pueden ser crímenes de guerra que serían mucho peores si, como amenazan, bombardean también plantas desaladoras que son absolutamente vitales en lugares donde no hay agua potable (ya se ha dañado una en Kuwait). Miles de personas podrían morir de sed. Otro riesgo es que ataquen las grandes infraestructuras energéticas de la región provocando daños cuya reparación puede exigir años. Si así sucediera el estrangulamiento actual del petróleo y gas, que aún confiamos que sea temporal, podría convertirse en algo más duradero y con consecuencias mucho peores porque ahora no tenemos las mismas reservas estratégicas o la capacidad de incrementar la producción que teníamos antes de que estallara este conflicto.
Así que a la vista de que esta guerra no parece tener una solución militar (salvo “devolver a Irán a la Edad de Piedra” como en su día sugirió Trump con delicadeza), sería deseable que americanos e iraníes negocien un alto el fuego, se pongan de acuerdo de una vez por todas y dejen de complicarnos la vida a los demás.
Fuente: Diario de Mallorca














