- Una combinación que puede resultar peligrosa
- Los efectos secundarios agravan el problema
- Riesgo de complicaciones
- Cinco recomendaciones para un verano seguro
- Los fármacos son una ayuda, no la solución
Los especialistas alertan de que estos tratamientos pueden reducir la sensación de sed y disminuir la ingesta de líquidos, un efecto que, combinado con las altas temperaturas, incrementa el riesgo de deshidratación y de sufrir complicaciones de salud.
Una combinación que puede resultar peligrosa
El doctor Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica del Hospital Universitario HM Sanchinarro, advierte de que el auge de estos medicamentos coincide este verano con episodios de calor extremo, lo que obliga a adoptar medidas adicionales de prevención.
«Los fármacos influyen en el cerebro para disminuir el apetito y, en algunos casos, reducen también la sed, disminuyendo la ingesta tanto de alimentos sólidos como de líquidos. Si a eso le sumamos el exceso de calor del verano, se pueden dar escenarios de deshidratación«, explica el especialista.
Los medicamentos basados en GLP-1, utilizados inicialmente para tratar la diabetes y cada vez más empleados contra la obesidad, actúan reduciendo el apetito y retrasando el vaciado del estómago.
Sin embargo, esos mismos mecanismos pueden hacer que algunos pacientes beban menos agua de la necesaria, especialmente si no perciben sensación de sed.
Los efectos secundarios agravan el problema
A este riesgo se suman los efectos secundarios digestivos que pueden provocar estos tratamientos.
Entre los más habituales figuran las náuseas, los vómitos, las digestiones pesadas, la sensación prolongada de saciedad y las alteraciones del tránsito intestinal, que pueden manifestarse tanto con diarrea como con estreñimiento.
Según López-Nava, todos estos síntomas favorecen una menor ingesta de líquidos y alimentos y, en el caso de los vómitos y la diarrea, aumentan además la pérdida de agua y electrolitos.
«En verano, con temperaturas extremas, esta combinación puede favorecer una deshidratación importante si no se extreman las medidas de hidratación», señala.
El especialista insiste en que «no solo el calor favorece la pérdida de líquidos por el sudor; muchos pacientes tratados con GLP-1 beben menos, comen menos y, además, pueden presentar síntomas digestivos que dificultan una hidratación adecuada. Es una combinación que requiere especial vigilancia durante los meses de verano».
Riesgo de complicaciones
La advertencia llega en un verano marcado por varias olas de calor que han elevado considerablemente las temperaturas en buena parte del país. Según recuerda el experto, cuando el organismo pierde agua de forma continuada aumenta el riesgo de sufrir problemas médicos potencialmente graves.
Entre las complicaciones que puede provocar una deshidratación destacan la insuficiencia renal aguda, los trastornos electrolíticos, los síncopes o incluso alteraciones de la tensión arterial.
El peligro aumenta especialmente cuando al calor se añade la práctica de ejercicio físico intenso con el objetivo de acelerar la pérdida de peso.
«Cuando hay calor extremo se incrementa la pérdida de agua y de electrolitos. Si al calor le sumamos ejercicio físico para perder peso, consumo de fármacos para adelgazar y reducción de la ingesta de alimentos y de agua, tenemos una combinación muy peligrosa que la población debe tener en cuenta», subraya López-Nava.
Cinco recomendaciones para un verano seguro
Ante esta situación, los especialistas recuerdan la importancia de seguir unas pautas básicas para minimizar el riesgo de complicaciones.
La primera es mantener una hidratación adecuada aunque no exista sensación de sed, ya que precisamente estos medicamentos pueden alterar ese mecanismo natural del organismo.
También aconsejan evitar el ejercicio intenso durante las horas centrales del día, cuando las temperaturas alcanzan sus máximos, y moderar el consumo de alcohol, ya que favorece igualmente la pérdida de líquidos.
Además, recomiendan consultar con el médico si aparecen vómitos persistentes, diarrea o dificultades para mantener una hidratación correcta, así como no utilizar estos medicamentos sin prescripción y seguimiento médico.
Los fármacos son una ayuda, no la solución
El doctor López-Nava insiste en que estos tratamientos deben entenderse como una herramienta más dentro del abordaje integral de la obesidad, y nunca como una solución definitiva.
«Tomar fármacos para adelgazar no es la panacea. Es solo una ayuda para cambiar de hábitos, pero hay que hacerlo de forma consciente, controlada y con un seguimiento profesional», afirma.












