El pasado 3 de junio, la Unión Europea sacó pecho al presentar su esperada estrategia de soberanía digital para dejar de depender de las tecnologías de países como Estados Unidos, algunas tan relevantes como la inteligencia artificial o la nube. «No podemos permitirnos depender de otros», recalcó la presidenta de la Comisión Europa, Ursula von der Leyen.
El ambicioso plan de Bruselas responde al creciente temor a que Donald Trump explote esa dependencia como arma de coacción para imponer su voluntad a las capitales europeas. La reciente exclusión europea del acceso a Mythos, el modelo de IA de Anthropic capaz de poner en jaque la ciberseguridad, no ha hecho más que validar las voces que claman por una mayor autonomía tecnológica de Washington.
La iniciativa ha sido aplaudida por personalidades como Fracesca Bria, experta en innovación y asesora de la ONU, que definió la aprobación de esa estrategia como «un buen día para la independencia digital de Europa«. Sin embargo, también hay otros expertos que cuestionan el enfoque comunitario y advierten de sus limitaciones. En sus 129 páginas, la propuesta menciona el término «soberanía» hasta 72 veces, mientras que el objetivo de reducir la «dependencia» se limita a cuatro ocasiones, según un análisis publicado en Tech Policy Press.
Cerca del 70% del mercado europeo de la nube está en manos de los gigantes estadounidenses Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure y Google Cloud
Buscando soberanía en la nube
El plan de la UE se apoya principalmente en la la Ley de Desarrollo de la Nube y la IA (CADA, por sus siglas en inglés). Su principal punto busca reducir una mayor soberanía europea de la nube, la columna vertebral que sostiene internet. Actualmente, los proveedores europeos de cloud representan solo el 15% del mercado, mientras que cerca del 70% está en manos de gigantes como Amazon Web Services (AWS), Microsoft Azure o Google Cloud. Los tres se ven afectados por la US CLOUD Act, una ley que permite a la administración Trump obligarlas a entregar datos de sus usuarios, estén almacenados o no en EEUU.
Con la teórica misión de reducir esa dependencia, el marco europeo clasifica a los proveedores de nube según su nivel de soberanía. La escala, conocida como SEAL, va del 0 al 4, siendo 0 los que no garantizan ningún nivel de soberanía y 4 los que garantizan que tanto las operaciones como todos los componentes, desde los chips hasta el software, están «bajo control total de la UE». Por el medio quedan, en orden ascendente, los que ponen los datos bajo jurisdicción europea, los que garantizan la soberanía de los datos y los que aseguran ser inmunes a las interrupciones en la cadena de suministro global.
Los centros de datos para la IA están arruinando los objetivos de descarbonización de los gigantes tecnológicos / Agencias
Sin exclusión de EEUU
Los críticos señalan que esos niveles no excluyen explícitamente a los hiperescalares estadounidenses. Por ahora, ninguna empresa cumple con el cuarto nivel de soberanía, el más exigente, lo que significa que hasta el 99% de los datos públicos europeos quedarán por debajo de ese umbral y, por ende, podrían ser gestionados por proveedores de EEUU.
La estrategia también ha despertado el malestar de las compañías europeas de cloud, que han denunciado que se «corre el riesgo de aumentar aún más la dependencia de las tecnologías estadounidenses», ya que «no están en condiciones de cumplir ciertos criterios necesarios para los niveles de garantía más altos, los niveles 3 y 4».
«La regulación está enfocada a tener vías de escape para que Trump no pueda cortar los servicios de nube a la UE, pero no a ganar soberanía frente a las grandes tecnológicas», explica a EL PERIÓDICO la economista e investigadora Cecilia Rikap, que subraya que, con este marco, el Gobierno estadounidense seguirá accediendo a datos de los europeos. La autora de Teoría de la dependencia digital (Caja Negra Editora) indica que la propuesta encaja con la estrategia ya adoptada por empresas como Microsoft, que han empezado a formar entidades corporativas con sede en Europa dirigidas por consejos de administración compuestos por directivos europeos para así adaptarse a la normativa, lo que les facilitaría seguir haciendo negocio en el continente.
La regulación está enfocada a tener vías de escape para que Trump no pueda cortar los servicios de nube a la UE, pero no a ganar soberanía frente a las grandes tecnológicas
Más centros de datos para la IA
Bajo el principio «primero la IA», la segunda pata de la estrategia abraza definitivamente la idea que los modelos de IA generativa son una necesidad económica y geopolítica que hay que adoptar con urgencia. «La Comisión cree casi ciegamente en las promesas enormemente exageradas de la IA como camino único para resolver un deseo de productividad que no se va a concretar mientras acepta subordinarse a los gigantes estadounidenses», añade Rikap.
Esa prisa competitiva explica que la Comisión se haya fijado como misión principal triplicar la capacidad de los centros de datos en Europa en los próximos cinco a siete años. El texto exige a los Estados miembros designar «zonas de aceleración» para estas infraestructuras de computación.
La economista Cristina Caffarra, impulsora de la iniciativa para la independencia digital europea EuroStack, ha advertido que, sin un mercado europeo que sostenga esas infraestructuras, Europa podría aumentar su dependencia de las empresas cuyo dominio intenta reducir. «Necesitamos urgentemente enormes cantidades de capacidad de procesamiento», ha explicado a The Beiruter. «Se puede construir un centro de datos, pero si no hay demanda [de computación por parte del tejido empresarial europeo], al final solo se termina alquilando la capacidad a Microsoft».

Un usuario consulta ‘apps’ de chatbots de IA como ChatGPT (OpenAI), Claude (Anthropic), Gemini (Google), Perplexity, Copilot (Microsoft), Meta AI, Grok (xAI) o DeepSeek. / Philip Dulian / DPA
Rikap coincide en que «no es posible instalar un centro de datos sin los semiconductores de EEUU o de China», pero considera que la UE «sí podría hacerse con la tecnología de control» de esas infraestructuras, el software y los algoritmos, para así «ganar capacidad para decidir». No obstante, lamenta que en Bruselas esa visión «está ausente».
En un línea similar, Giorgos Verdi, responsable de política en el think tank Open Markets Institute Europe, advierte que, sin la creación de un ecosistema europeo competitivo que rompa «el dominio de las grandes tecnológicas sobre la economía digital europea», la «loable» iniciativa de la UE «está destinada al fracaso».
Como mínimo a corto plazo, no es esperable que Europa sea soberana en semiconductores de alta capacidad ni en los grandes modelos de lenguaje
Para el doctor en ingeniería informática Pep Martorell, ex director asociado del Barcelona Supercomputing Center (BSC), la UE deberá seguir apoyándose en tecnología de EEUU ahí donde no pueda ser autónoma. «Como mínimo a corto plazo, no es esperable que Europa sea soberana en semiconductores de alta capacidad ni en los grandes modelos de lenguaje» que dan forma a programas como ChatGPT, Claude o Gemini, ha subrayado recientemente.
Impacto ecológico
Además, y con ese objetivo en mente, Bruselas contempla rebajar las leyes para así apresurar el despliegue de data centers, naves industriales habitadas por servidores informáticos cuyo impacto energético y ecológico ha despertado múltiples denuncias en todo el mundo. También de la ONU, que proyecta que, en 2030, dispararán su contaminación y consumirán tanta electricidad como naciones altamente industrializadas como Francia o el Reino Unido.

Un centro de datos de Microsoft, grandes consumidores de energía / Agencias
Dos meses antes que se publicase la estrategia, una investigación de Investigate Europe destapó que Microsoft y el lobby que representa a gigantes tecnológicos como Amazon, Meta o Google lograron que la Comisión adoptase una cláusula de confidencialidad que les permite ocultar el impacto ambiental de sus centros de datos.
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