El objetivo de Aitana esta noche ha quedado claro antes incluso de que pisara el escenario: trasladar a las 8.500 personas que han abarrotado el Príncipe Felipe a su ‘Cuarto Azul’. La escenografía ya era toda una declaración de intenciones. Una estructura de dos pisos recreaba un dormitorio abierto, como si el público estuviera mirando desde fuera una escena íntima.
Los primeros en dejarse ver han sido los bailarines. Subían las escaleras, cruzaban la habitación, entraban y salían de escena como sombras dentro de una casa. De repente, las luces rosas han cambiado a un azul intenso. Los gritos han roto el silencio. Y entonces, Aitana.
Cinco años después de su último concierto en Zaragoza, la ‘extriunfita’ ha vuelto a la capital aragonesa por todo lo alto, con el que probablemente sea el ‘show’ más ambicioso de toda su carrera. En él recorre algunos de los momentos más difíciles que ha vivido en los últimos años: una ruptura, una fuerte depresión y el camino hasta volver a encontrarse consigo misma. Una historia que comienza mucho antes, en el cuarto azul en el que pasó su infancia. Con el paso del tiempo, esa habitación pasó a ser su refugio y hoy da nombre a un álbum y a una gira que convierte ese recuerdo en el lugar desde el que contar su historia.
Y el público zaragozano no ha dudado en apoyarla. Mucho antes de que la catalana empezase a cantar, bastaba un vistazo al pabellón para darse cuenta: miles de ‘fans’ vestían de tonos azulados para transitar ese viaje emocional junto a ella. Un viaje que, por cierto, ha echado a andar con uno de los mayores ‘hits’ de su último disco: ‘6 de febrero’. Un coro formado por 8.500 voces ha acompañado a la cantante en cada verso. Y, para sorpresa de nadie, también en todas las canciones que han venido después.
‘Segundo intento’ y ‘Duele un montón despedirme de ti’ han sido algunas de ellas, hasta que, durante unos minutos, Aitana ha dejado a un lado ‘Cuarto Azul’ para revisitar algunos de los temas más queridos de ‘11 razones’. Entre ellos, ‘Más’ y ‘No te has ido y ya te extraño’, dos himnos (porque sí, a estas alturas ya no tienen otro nombre) para toda una generación.
A continuación, la artista ha parado de cantar durante unos minutos para saludar a los allí presentes, lo cual ha desatado una nueva ovación por parte del público: «Buenas noches, Zaragoza. Esta noche estamos con muchas cosas. Antes de salir, mi equipo me ha dicho que no venía desde 2021. Estuve aquí con ’11 Razones’, uno de los discos más especiales de mi carrera. Me hace muchísima ilusión volver».
No obstante, las muestras de cariño no se han quedado en los aplausos. Desde las primeras filas asomaban pancartas y regalos preparados por quienes han pasado más horas haciendo fila. Entre ellos, una figura de Aitana a tamaño real vestida de baturra y una medida de la Virgen del Pilar (por supuesto, de color azul).
Poco después ha llegado el silencio. Hay canciones que solo se cantan. Otras se confiesan. ‘Cuando hables con él’ pertenece a las segundas. En cuanto han sonado los primeros acordes, la cantante se ha abierto como pocas veces y ha convertido la puesta en escena en una conversación pendiente con su expareja, Miguel Bernardeau. Con ese tema ha finalizado la parte más melancólica del ‘show’, la que da voz a los estragos de cargar durante años con la etiqueta de la ‘chica perfecta’.
Con el dedo roto
Pero el álbum también habla de lo que viene después. De volver a encontrarse. De disfrutar sin pedir permiso. Ahí es cuando ha entrado ‘Miamor’. Aunque pertenece a ‘Alpha’, la realidad es que encajaba a la perfección en la narrativa del concierto. La fractura de un dedo que sufrió la cantante el pasado jueves no le ha impedido llevar a cabo el icónico y tan (por desgracia) polémico ‘dancebreak’ que acompaña al tema. Con él, de hecho, ha inaugurado el tramo más disfrutón de la noche y, de nuevo, ha dejado un mensaje claro (con una mirada desafiante a cámara): ya no está dispuesta a encajar en la imagen que otros han construido de ella.
También merece una mención especial ‘Las babys’, la canción en la que la artista ha subido al escenario a varios niños del público y a algunos rostros conocidos, entre ellos el zaragozano Juanjo Bona. Mientras todos seguían la famosa coreografía de ‘Saturday Night’, el recinto se ha venido abajo al grito de “¡Juanjo, Juanjo, Juanjo!”.
Aunque, tras tanta expectación, el partido España-Bélgica no se ha retransmitido en las pantallas del Felipe, el fútbol ha tenido un lugar protagonista en el espectáculo. Sobre todo al final. Suena: “Me ve entrando en la disco y se me queda mirando”. Todo el pabellón en pie. El escenario se llena de amigos y familia de la catalana. Todos celebran al unísono la victoria de la selección en cuartos de final. Lo hacen con el mismo tema los jugadores al otro lado del charco. Y es que, en estos momentos, ¿qué es ‘Superestrella’ sino la banda sonora perfecta de cualquier final feliz?
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