Francia y Marruecos han cerrado el primer cuarto de final del Mundial, un duelo que se avecina caliente aunque tal vez no lo sea más como el que tuvo que lidiar el subcampeón mundial para batir a Paraguay. Un penalti transformado por Kylian Mbappé a 20 minutos del final decantó el choque, y resume claramente las dificultades que tuvieron los azules para romper la defensa guaraní.
Sólo pudieron hacerlo de esa manera, cuando estaban sucumbiendo a la crispación que estaba arraigando en el césped, entre la impotencia por no encontrar caminos hacia el área y la marrullería de Paraguay, cuyos jugadores siempre dejaban un recado en cada duelo. Felices a cada minuto que conservaban el 0-0, el plan que tenían fracasó por una incursión de Désiré Doué en el área cuyo derribo tuvo que ser sancionado desde la sala VAR.
Con el 0-1, los nueve jugadores guaranís que permanecían siempre detrás de la línea del balón trataron de avanzar en el campo. Tampoco entonces tuvieron el balón. No pudieron, después de que Francia hubiera recuperado la paz interior; hasta entonces, no habían querido. Orlando Gill impidió con dos paradas, en el tiempo añadido, que Mbappé adelantara a Lionel Messi en la lista de goleadores. Comparten el liderato con siete.
La metáfora de la tormenta
Gustavo Alfaro aplicó la metáfora que había compartido el día anterior cuando definió a Francia como «una tormenta eléctrica» que dirige todos los rayos hacia la portería. «Yo soy un hombre de campo, y cuando en Rafaela (Santa Fe, Argentina) venía una tormenta eléctrica, tenías que resguardarte donde fuera porque no teníamos pararrayos», explicó. Y se resguardó, efectivamente, más que nunca bajo la solana de Filadelfia.
Recuperó el técnico argentino de Paraguay la defensa de cinco que empleó ante Australia para asegurar el empate clasificatorio y que empleó en el tramo final ante Alemania para llegar a los penaltis. Frente a Francia la utilizó desde el principio sin un propósito distinto. Solo una acción aislada, una carambola, un balón parado o un error monumental del rival podía brindarle ventaja en el marcador.
Désiré Doué se duele en el área tras recibir una patada que derivó en el penalti que decidió el Paraguay-Francia disputado en Filadelfia. / SARAH YENESEL / EFE
Recuperó el técnico argentino de Paraguay la defensa de cinco que empleó ante Australia para asegurar el empate clasificatorio y que empleó en el tramo final ante Alemania para llegar a los penaltis. Frente a Francia la utilizó desde el principio sin un propósito distinto. Solo una acción aislada, una carambola, un balón parado o un error monumental del rival podía brindarle ventaja en el marcador.
Sacó el primer córner en el minuto 50. En la primera mitad sus jugadores apenas habían dado 76 pases entre ellos. Una cifra grotesca en un partido de octavos de final en un Mundial. Segundos después, un fantástico lanzamiento del meta Maignan permitió a Mbappé lanzarse al galope solo hacia Gill, pero falló el control con el pie, no con la mano, presa de la ansiedad ante una ocasión que no se repetiría y permitió que Juan Cáceres le quitara el balón.
El cambio mágico
No cayó en la Francia en la trampa de excederse y confundir la valentía con la imprudencia. Dalot Upamecano y Wiliam Saliba permanecieron atornillados atrás para reducir al bullicioso Julio Enciso y vigilar la banda izquierda por si Miguel Almirón desbordaba a Lucas Digne en carrera. En la banda de Jules Kounde no existía ese problema: Matías Galarza, el hombre de esa banda, era el segundo lateral y estaba más pendiente de prestar ayudas para tapar a Ousmane Dembélé. No hizo falta. Bajo el calor, esta vez tocó la mala versión de Dembélé. A Galarza le sobró tiempo para buscar líos con todos los franceses.
Por alguna extraña razón, Deschamps retiró antes de Bradley Barcola para que entrara Désiré Doué. Es uno de los cambios favoritos del técnico. Lo clavó. La segunda incursión de Doué terminó como la primera: con sus huesos en el suelo, esta vez en el área. El árbitro uzbeko Ingil Tantashev tampoco pitó nada, y tuvo que ser llamado a la sala VAR. Mbappé enterró el plan de Paraguay.
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