Es una de las intervenciones más demandadas de la cirugía plástica y vive un cambio notable. Durante décadas, la rinoplastia se entendió como una cirugía en la que era necesario modificar gran parte de la estructura de la nariz para conseguir un cambio visible. Hoy, sin embargo, se busca la naturalidad. Lo explica el doctor Gustavo Sordo, cirujano plástico y especialista en rinoplastia ultrasónica. La tendencia ya no pasa por reconstruir de forma completa la nariz, sino por preservar al máximo su anatomía original y actuar solo sobre aquello que realmente necesita corregirse.
Esta filosofía, conocida como cirugía de preservación, señala el médico, ha transformado la manera de abordar una de las operaciones más comunes. Además, responde a un cambio en las expectativas de los propios pacientes, que cada vez buscan resultados «más naturales y menos evidentes», manteniendo la identidad.
«Tradicionalmente, el éxito de una rinoplastia se asociaba a un cambio visible. En la actualidad el objetivo es distinto», señala el especialista
«Tradicionalmente, el éxito de una rinoplastia se asociaba a un cambio visible. En la actualidad el objetivo es distinto: conservar todo aquello que funciona y modificar solo lo necesario para conseguir una nariz armónica, estable y que siga formando parte de la identidad del paciente», señala el cirujano.
Anatomía natural
Lejos de buscar «una nariz perfecta», la cirugía de preservación parte de una idea muy sencilla: cuanto más se respeta la anatomía natural de la nariz, mayores son las posibilidades de conseguir «un resultado equilibrado, funcional y duradero», añade el especialista.
Según el cirujano, este cambio también ha transformado la forma de planificar la intervención: «Ahora la rinoplastia consiste en estudiar cada rostro para entender qué debe mantenerse y qué conviene modificar. Cada paciente tiene una anatomía diferente y, por tanto, cada cirugía debe ser distinta«.
Herramientas quirúrgicas
La incorporación de nuevas herramientas quirúrgicas ha contribuido a impulsar esta evolución, añade. Técnicas de alta precisión, como la rinoplastia ultrasónica, permiten trabajar de forma más respetuosa con los tejidos y adaptarse mejor a la filosofía de la preservación.
Sin embargo, el doctor Sordo insiste en que la tecnología, por sí sola, «no garantiza un buen resultado, puesto que, aunque la innovación permite ser más preciso, la decisión más importante sigue siendo la del cirujano».
Esta forma de entender la cirugía, finaliza, también repercute en la recuperación del paciente. Al respetar en mayor medida la anatomía original y reducir la agresión sobre los tejidos, es posible favorecer una evolución postoperatoria más cómoda y una inflamación más controlada, siempre dentro de los tiempos propios de cualquier intervención quirúrgica.
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