Aaron y su mujer salieron a cenar junto al expadrastro de Aaron, con quien se llevan de maravilla. El coche era de Aaron pero lo conducía Ramón, este decidió aparcar frente al mar e irse a disfrutar de una noche familiar. Sin embargo, mientras la pareja disfrutaba del postre, Ramón fue a revisar el coche para cambiarlo de sitio.
Al intentarlo, tiene una confusión entre el acelerador y el freno, el coche era automático y no lo controlaba bien. No se trató de una cuestión de alcohol ni nada raro, tampoco hubo heridos por suerte. Aunque intentó hacer por rescatar el automóvil, tuvo que saltar y nadar para no hundirse con el vehículo.
«De golpe escuché: ¡plaf! «, asegura Aaron mientras confiesa que deseaba que no fuera su coche. Mientras tanto, Ramón explica sus nuevas teorías, cree que no fue del todo su culpa, que antes sí, pero ya no. El alegato que da es que cuando sacan el coche del agua, estaba la marcha atrás puesta. Lo peor de esta historia es que el vehículo «tiene seis meses».
Uno de los protagonistas revela que se quedó paralizado ante la situación, pero, que se quedó aún más sorprendido cuando le estaban pidiendo ventitrés euros por «parking marítimo» además de una multa por contaminación y otros daños.
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