El tonto del pueblo, el listo, el loco, el alcalde cacique. ¿Son estereotipos a desterrar?
Hombre, yo creo que por ahora hay más en las ciudades que en los pueblos [ríe]. Los pueblos son sociedades normales donde hay el mismo grado de inteligencia o de no inteligencia que pueda haber en una ciudad.
¿Quedan alcaldes caciques?
En un país donde la política está tan denostada, habrá casos de corrupción, habrá alcaldes caciques, pero en general ser alcalde de tu pueblo, de un pueblo donde no cobras, donde al final cuando se rompe la cañería, significa que el primero al que llaman a casa es al alcalde. Hay mucha gente con un grado de compromiso muy importante que no se valora. En muchos casos el sueldo es cero.
Los mensajes LGTBI, la diversidad, el feminismo, ¿qué grado de penetración tienen en la España despoblada?
Al final vivimos en una especie de idea global, todo acaba penetrando. Hablando del feminismo, yo reivindico a esas abuelas que igual se quedaban viudas con cuatro o cinco hijos muy pequeños y que tiraban para adelante. Qué ejemplo el de esas mujeres, ¿no? Las sociedades rurales también están impregnadas, aunque lógicamente haya distancia. ¿Cuál es el principal elemento educativo o formativo? La televisión? Al final todo llega a todas partes.
Usted procede de la raya con Portugal. Creo que fue Saramago quien comparó a España y Portugal con dos hermanos siameses que viven de espaldas. ¿Comparte esta opinión?
Una cosa es la raya, la frontera, las relaciones de vecinos. En la zona de la raya los matrimonios mixtos se llevan produciendo desde siempre. En mi pueblo hay un montón de apellidos portugueses. Otra cosa es que políticamente, en Lisboa siempre ha habido un discurso nacionalista enfrentado a lo español, no sea que…
Hablemos sobre periodismo. Estamos un poco gritones, ¿no le parece?
Hubo un tiempo en que iba a las tertulias y había un respeto hacia el otro. Cada cual representaba unas posiciones distintas pero no había ese grado de forofismo que hay ahora, donde mucha gente se pone la camiseta del Madrid o del Barça y va allí a defender la causa como si fuera un diputado. Hay periodistas que defienden la camiseta con más eficacia que los propios diputados que también forman parte de la mesa. Es una cosa que me extraña. El momento periodístico se parece mucho al político, un momento de mucha tensión.














