“No vamos a dejar ni un hombre atrás”. Los integrantes del Grupo de Rescate Venezuela, la primera institución de voluntarios rescatistas creada en el país, en 1968, se están dejando las manos para sacar de entre las ruinas del terremoto a uno de los suyos: Pedro José Linares Tamés, en torno a 62 años, hijo de vasco y de asturiana de Llanes. Linares Tamés se encuentra desaparecido junto a su esposa, Lisbeth Duque García. Con casi total seguridad se encuentran entre los restos de uno de los edificios derrumbados en la zona de La Guaira a consecuencia de la dupla sísmica que el pasado miércoles convirtió esta zona del país en un escenario desolado donde no dejan de aparecer nuevas víctimas mortales. “Nuestra organización está volcada al cien por ciento en buscar a Pedro y a Lisbeth”, asegura Reinaldo Andara, amigo íntimo de Pedro Linares e integrante del Grupo Venezuela en conversación con LA NUEVA ESPAÑA. Ya van 1.719 fallecidos y más de 5.000 heridos, según las cifras oficiales. Los desaparecidos todavía se cuentan por decenas de miles.
Los compañeros de Pedro José Linares Tamés no pierden la esperanza de encontrar con vida a su “entrañable amigo”. Cada segundo que pasa se reduce la esperanza. Hallarlo con vida casi parece un imposible. Ya han pasado ampliamente las primeras 72 horas cruciales, el margen que se concede para la superviviencia de un ser humano sin agua. Pero sus compañeros se resisten a hablar en pasado de un carismático y muy querido integrante de este equipo, siempre de buen humor, siempre bromista, siempre entregado a los demás. Fue él quien, en 1999, sobresalió sobre todos. Otra catástrofe natural: cuando se produjo el monumental corrimiento de tierras (deslave) de La Guaira, que arrasó este mismo estado llevándose por delante un número aún incontable de vidas humanas. Pedro José Linares Tamés logró salvar muchas vidas. “Fue una de las personas que más arduo trabajo hizo en este mismo lugar. Luego, se mudó aquí a La Guaira después de la tragedia del deslave”, detalla Reinaldo Andara.
Los compañeros del Grupo de Rescate Venezuela tienen la “absoluta seguridad” de que Pedro y su esposa, con la que mantenía un feliz matrimonio de varias décadas, se encontraban en el edificio, llamado Bahía del Mar. Su coche sigue estacionado allí. Su apartamento estaba en un sexto piso de los doce que tenía una torre que ahora está totalmente colapsada. Por el momento, se han encontrado pocos supervivientes. Las personas que en los eternos segundos del movimiento se encontraban en las inmediaciones de la edificación o “tres o cuatro personas que fueron expulsadas fuera del área en el momento del desplome”. Esos fueron auxiliados por los propios habitantes de la zona a los pocos momentos del desastre.
El sábado se incorporó maquinaria para mover las ruinas donde presumiblemente están Pedro y Lisbeth. Este domingo, los rescatistas amigos de Pedro Linares Tamés acercaron a un perro especializado en localización de supervivientes, de nombre “Tsunami”. Inspeccionó las ruinas, pero no detectó señales de vida. El acceso a los pisos intermedios es extremadamente complicado. Los rescatadores reconocen que la situación lo supera todo: “La tragedia es de una magnitud abrumadora. Si esto hubiese ocurrido en cualquier otro país del mundo, ninguno tiene puede tener la posibilidad de atender de manera simultánea a todos los casos que están ocurriendo allí”, afirma reinaldo amigo de Pedro Linares –fue el testigo de su boda y quien condujo el coche de los novios- y también rescatista como él.
Reconocen que las probabilidades de encontrar con vida al matrimonio son pocas. Pero los integrantes del Grupo de Rescate Venezuela no desfallecen. En grupos de cinco se van alternando. Reciben apoyos intermitentes de bomberos y de los efectivos de protección civil, cuya prioridad son los lugares donde pudieran aparecer personas vivas.
A veces Pedro Linares hablaba de sus primos de España. Su padre, ya fallecido, era de origen vasco y su madre, originaria de Llanes. Todos en el grupo de rescate tienen un mote por el que se llaman en broma. Era un refuerzo a su relación de hermandad. “Lo mismo que a mí me llaman el Iguano Macho a él le llamamos el Vasco Bruto”, dice Reinaldo Andara. Además de su labor como rescatistas viven de otros trabajos. Pedro Linares es empresario. Trabaja en el sector de la distribución de cables y materiales eléctricos en Caracas. Al parecer, Linares y Lisbeth estaban en el apartamento de la playa mientras remodelaban otra residencia que había comprado. A Pedro Linares le gusta el mar. Una de sus mayores aficiones es el kayak. “Es extraordinario remando”, dice su amigo.
Gran deportista, pero también “un tipazo” con mucho sentido del humor y “con los pies muy puestos en la tierra”. “Tiene un corazón enorme, a Pedro lo quiere todo el mundo y él es bien dado a ayudar a los demás. Pedro es el alma de lo que sea a donde llegue”, dice su amigo. “Pedro es un tipo muy jocoso, le puede poner el punto a todo”. También tienen otro mote para él: “Cambures”, viene de un personaje ficticio que se había inventado. Un superhéroe capaz de todo en las situaciones de rescate más apuradas. Lo que no puede el optimista “Cambures” no lo puede nadie. Con sus ocurrencias, dicen su allegados, disolvía “cualquier presión o angustia que se producía en las emergencias en las que estuvimos”.
Reinaldo Andara insiste: no van a dejar a nadie atrás. Son días impensables en Venezuela. Los muertos no dejan de sumar una cifra aterradora, los vivos siguen con el miedo en las entrañas: “No paraba de estremecerse la tierra y de rugir como un trueno, como un dragón. Fue muy prolongado, una eternidad. Mire, si a usted le tiembla la tierra en un terremoto y le duró treinta segundos le va a parecer una eternidad, pero dos minutos le van a parecer que son tres o cuatro reencarnaciones”.











