Primeros de grupo, Messi sólo en la final y un cuadro que queda limpio de elementos como Cannobio, un tipo que debía jugar con ganas de demostrarle a Bielsa que un día se equivocó con él y lo que hizo fue ganarse la enemistad de por vida de todo al que le gusta el fútbol. Qué si, es Uruguay, siempre ha sido una selección contundente, canchera, intensa, agobiante, dura. Pero Cannobio jugó tan acelerado que pudo enviar a Cubarsí de vuelta a casa en ambulancia. O a Pedri.
La roja directa es el justo premio a un tipo que se enfrentó a Bielsa después de que en toda una Copa América sólo jugase los minutos del descuento contra Colombia. Bielsa obligaba al extremo a entrenar con los sparring de la selección. Limaron asperezas entrenador y jugador por la mediación de Luis Suárez. Contra España salió Cannobio desbocado y entendiendo que sólo con entradas animales podía ganarse el afecto de un seleccionador que ya es historia. Y el árbitro se lo miraba como si fuera uruguayo y todo lo que pasaba estuviera dentro de la normalidad.
El partido deja tocada a España por las lesiones de Yeremi Pino, en la clavícula, y Nico Williams, en el adductor, y podría haber sido peor.
La selección española sólo tiene un futbolista con la contundencia para responder a una intimidación, es Gavi, y estaba en el banquillo. Importante que el azulgrana esté preparado porque un Mundial no se gana sin futbolistas de este perfil.
De la primera fase lo único importante es quedar primera y aprender, que De la Fuente haya podido pulsar qué jugadores están mejor físicamente y a qué jugadores les falta un poco de finura. Sabe que hay futbolistas con estrés mundialista, agobiados porque no entra el gol, como Ferran. El valenciano entiende el juego como pocos y con la selección marca goles importantes. Ya entrará.
Ahora empieza el Mundial y no quedan selecciones en el cuadro del perfil de Uruguay y eso facilita la vida de un equipo acostumbrado a la pista de baile más que al barro.
Estos tres partidos le han servido al seleccionador para entender no sólo el estado físico de sus futbolistas de medio campo, la sala de máquinas de una España de toque, sino también de la frescura mental. Llegó con una idea futbolística clara el seleccionador pero la competición te desnuda y la suerte es que España tiene banquillo.
Dani Olmo volvió a ser utilizado como revulsivo después de ser titular ante Arabia Saudita y mejorar sensiblemente a la selección. Y quizás sea uno de los futbolistas que se ha ganado más minutos y de calidad, porque cuando se espesa la selección él se presenta fresco. Olmo consolaba como el resto a los jugadores de Uruguay al acabar el partido. Estaban destrozados. La charrúa tiene dos estrellas pero las consiguió Uruguay en blanco y negro. Y con un portero de 40 años como Muslera que hace regalos inverosímiles y fallando lo que fallan arriba, poco hay que hacer. Y si la solución es emplear la dureza extrema, pues no dan pena. Por muchos uruguayos de gran corazón que nos hayamos cruzado en nuestro camino. Uruguay se va a casa y con el mismo autocar, Cannobis, que del bello pasó a la bestia.









