Dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron esta madrugada Venezuela, dejando—hasta el momento— 164 víctimas mortales, y un millar de heridos y daños materiales. Para la población de Canarias, históricamente vinculada a la que muchos conocen como la octava isla, los problemas de comunicación derivados de esta catástrofe natural han sido una de sus principales preocupaciones. Y es que el contacto entre quienes residen en el Archipiélago y sus familiares y amigos en Venezuela se ha visto afectado por las interrupciones en las redes. Pero por suerte, Johanna Expósito, una venezolana afincada en Tenerife desde hace seis años, no ha sido una de esas.
Johanna Expósito, una venezolana afincada en Tenerife desde hace seis años. / El Día
Pese a las complicaciones del desastre, ella pudo mantener contacto. A las doce de la noche —siete de la tarde allá—, mientras regresaba a casa en coche, recibió varios mensajes de su grupo familiar de WhatsApp. «Nos comentaron que habían notado un temblor muy fuerte en Caracas, pero gracias a dios todos estaban bien», detalla. Ellos viven al noreste de la ciudad, en El Marqués. Y la zona más afectada por los terremotos fue La Guaira, a 20 minutos de la Capital.
Para ella, el miedo no ha sido la emoción que más le ha invadido, sino la pena. «Tenían un viaje planificado para venir a verme a mi graduación, pero el terremoto ha destrozado el aeropuerto«, cuenta. Estaba previsto que la familia de Expósito tomara un avión este mismo domingo. «Han sido años y años planificando esto, y ahora me da mucha tristeza que no puedan visitarme», señala. La joven también reconoce que la situación es preocupante. «Me da mucha pena la gente que tampoco ha podido localizar a su familia», agrega.
La grabación de un partido de béisbol, testigo de los seísmos
Cuando comenzaron los seísmos, cada miembro de la familia de Expósito se encontraba en una parte diferente la capital venezolana. Sus hermanos, por ejemplo, estaban viendo un partido de béisbol. «Me contaron que todo el mundo salió corriendo hacia el centro del campo», indica.
Sus padres, en cambio, permanecían en casa. «Ellos viven en unos edificos y vieron como las estanterías de la casa se venían abajo», apunta. De hecho, los platos y vasos se cayeron al suelo y se destrozaron. Al principio no eran conscientes de lo que pasaba. «Pero luego se dieron cuenta de que había sido un terremoto, cogieron los coches y se desplazaron hasta las calles afectadas para ayudar en lo que se pudiera«, menciona.
El papel de la ciudadanía
La situación actualmente es caótica. «Hay varios edificios derrumbados y mucha gente desaparecida», explica. Según cuenta la joven, en la población local se ha volcado para ayudar a los afectados. «Están intentando localizar a gente que está en el extranjero y que no saben nada de sus familias», aclara. Expósito pudo hablar por la noche con sus allegados, pero por el momento no ha vuelto a establecer contacto. «Espero hablar con ellos a la tarde y estoy a la espera de conocer más información sobre los vuelos«, concluye.
















