Un rescate transformado en revolución. Un camino hacia la gloria forjado desde las catacumbas del fútbol canario. Cuando Héctor Ramírez tomó los mandos de la UD Tamaraceite en 2013, lo hizo para devolver el lustre al club de su barrio y de su infancia. Todo comenzó con un empujón por parte de su hermano, Miguel Ángel Ramírez, con la idea de reiniciar la actividad de una entidad endeudada y que llevaba tiempo sin competir. Una vez pagado el importe que se le debía a la Federación Interinsular de Fútbol de Las Palmas, la regeneración del cuadro capitalino no hizo más que prosperar con el paso de los años. Lo primero fue construir equipos de base, una premisa absoluta por parte del presidente grancanario, pero luego un sueño todavía más grande apareció en el horizonte: volver a colocar al Támara en la Tercera División, como a principios de los ochenta.
Con ese pequeño paso, Ramírez puso en marcha su idea en Segunda Regional, la categoría más baja de todas las que existen en Gran Canaria. La ambición por crecer hizo que el estreno del primer equipo del Tamaraceite fuese inmejorable al lograr el ascenso a Primera en un solo curso y que, un año más tarde, también subiese a Preferente. En apenas dos campañas, entre 2015 y 2017, ya estaban a un solo paso de alcanzar el objetivo marcado. Sin embargo, en su tercera temporada terminaron de dar el salto definitivo al ascender a Tercera División después de una actuación brillante que evidenció el potencial de un proyecto que ya contaba con nombres ilustres como el de David González, el Moco.
Un palo en 2019
Una vez se estableció la primera meta, apareció otra más suculenta: el fútbol profesional. Poco a poco, el plantel del Tamaraceite se configuró como un plantel con capacidad para que su evolución no se detuviese después de dos ascensos consecutivos. Era el momento de apostarlo todo por lograr algo único. La ilusión se desbordó en el barrio y, en su retorno a Tercera División, el Támara lo bordó, acabando como campeón de la categoría en su reestreno y poniendo así el foco en la Segunda División B. Su rival para el asalto final sería la Peña Deportiva de Ibiza.
Tras un empate en el Juan Guedes en el encuentro de ida (1-1), todo quedó por decidirse en la vuelta en tierras baleares. Una expulsión más un penalti en contra cometido por Samuel Casais cuando los grancanarios ganaban por 0-1 lo cambió todo; los ibicencos igualaron la contienda y remataron la faena en la prórroga para acabar ganando por 2-1. El golpe para la entidad fue duro y el cuarto ascenso seguido quedó truncado. Eso sí, había que levantarse cuanto antes para intentarlo de nuevo más pronto que tarde, porque ese era el deseo de los jugadores y el club.
El asalto en El Hierro y el tropiezo de Guti en el Juan Guedes
Al año siguiente, la pandemia detuvo la competición y el Tamaraceite ocupaba la cuarta plaza de la clasificación. Una vez se pudo reanudar el fútbol, se llevó a cabo una fase final en la que se decidiría todo en El Hierro. Un gol de cabeza de David García sería suficiente para tumbar al Marino en semifinales, mientras que López Silva se vestiría de héroe en el choque decisivo para anotar un doblete ante el San Fernando que serviría en bandeja un histórico ascenso a la tercera categoría del fútbol nacional para el cuadro dirigido por Chus Trujillo. En apenas cinco años, el club pasó de la nada a verse dentro del fútbol profesional, algo que destaca de forma notable la visión revolucionaria de Héctor Ramírez.
Esa misma campaña también se produjo el histórico debut de la entidad en una Copa del Rey que cambió su formato al actual, con eliminatorias a partido único hasta semifinales que se definían en el campo del equipo de menor categoría. En ese 2019, los capitalinos tumbaron a la UD Almería, que en ese momento estaba en Segunda, con José María Gutiérrez, Guti, como entrenador (3-2), y cayeron por 0-1 ante el Granada de Diego Martínez. Sin duda, fue una experiencia provechosa para el club, que puso su nombre ya en la órbita nacional antes del gran ascenso.
Profesionalismo, regreso a Tercera y renacimiento
En el estreno en Segunda B, el Tamaraceite hizo una muy buena campaña y peleó, incluso, por intentar acercarse a la zona de promoción a Segunda División. Todo salió rodado pese a las dificultades que aún había respecto a la pandemia y al hecho de ser novatos en la categoría. Al final, sellaron la permanencia y les pilló la reestructuración de la Real Federación Española, que dividió la extinta Segunda B en dos: la Primera RFEF y la Segunda RFEF. Los grancanarios se posicionaron en la cuarta liga del fútbol español en 2021, aunque las cosas no les salieron bien, ya sin Chus Trujillo en el equipo, y acabaron descendiendo junto a los otros cuatro equipos canarios con los que compartían grupo.
Hubo que rehacerse y renacer. A partir de ahí, se fue regenerando el proyecto con paciencia y con tranquilidad. Ramírez le dio las llaves del equipo al técnico capitalino Iván Martín en octubre de 2023 y, bajo sus órdenes, se llevó a cabo un cambio importante en el plantel: jugadores como Aythami Álvarez o David González, pilares de la revolución, dejaron la entidad. Sin embargo, la receta del éxito se fue forjando hasta quedarse la temporada pasada a las puertas de la gran final por el ascenso. Aun así, el fútbol les dio revancha y esta misma campaña volvieron a verse las caras con el Sanfer, su verdugo 365 días atrás. El Támara consumó su venganza, se plantó en la eliminatoria decisiva ante el Guijuelo y logró una gran remontada en el Juan Guedes ante su público para retornar a la Segunda RFEF después de que un gol de Santi Salgado en la ida les diese algo de vida (2-1). El 2-0 de la vuelta, con tantos de David García y Julen, elevó al club al mundo profesional de nuevo.
Futuro basado en la canariedad
Ahora, con todo un verano por delante para trabajar, el Tamaraceite se prepara para desembarcar en una categoría difícil, pero que ya conoce. Los grancanarios tienen claro que ahora lo más importante es consolidar su proyecto en dicha competición con una plantilla formada íntegramente por canarios, algo que contó el propio Héctor Ramírez durante la semana pasada. El presidente ha conseguido algo que parecía imposible: construir de la nada un club que no solo tiene a su primer equipo en el fútbol profesional, sino que además presume de una cadena de filiales que continúa creciendo y mejorando temporada tras temporada. Todo empezó como una forma de volver a resucitar lo que un día fue el equipo de su infancia y acabó con una revolución que ha hecho feliz a todo un barrio, aunque el siguiente capítulo parece que todavía está por escribirse.
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