El triunfo ante Arabia Saudí dejó varias lecturas futbolísticas, pero también unas cuantas escenas entre bambalinas que explican bastante bien cómo ha vivido España estas primeras horas de Mundial. Algunas tienen que ver con el césped. Otras, con la gestión de Luis de la Fuente. Y unas cuantas más, con un vestuario que ha querido transmitir normalidad, aunque por dentro el empate sin goles ante Cabo Verde había dejado bastante más nerviosismo del que después se quiso reconocer en público.
De la Fuente preparó muy bien el partido / RONALD WITTEK / EFE
La primera gran historia del día tuvo que ver con el once. Luis de la Fuente guardó el secreto con celo absoluto y la fórmula le funcionó. Nadie supo nada hasta muy cerca de la hora del partido. Ni los propios futbolistas recibieron pistas claras sobre los cambios que iba a introducir el seleccionador, hasta el punto de que algunos familiares se enteraron por la prensa de la alineación. El técnico no soltó prenda y mantuvo la incógnita prácticamente hasta dos horas antes del encuentro. Ni una señal, ni un gesto, ni una conversación que delatara por dónde iban los tiros. Secretismo total. Y éxito total también, porque el plan no se filtró y sorprendió incluso dentro de la propia expedición.

Pedri, Rodri, Cubarsí y Baena / EFE
Ese hermetismo contrasta con lo que se intentó transmitir después en la zona mixta. Allí, varios futbolistas evitaron entrar de lleno en el nerviosismo que la prensa había detectado tras el estreno gris ante Cabo Verde. El mensaje fue el mismo: tranquilidad, confianza, cero dramatismo. Pero la realidad es que sí hubo tensión. Porque las cosas no habían funcionado, porque el equipo no había convencido y porque el empate había dejado una sensación incómoda en el ambiente. Después, con la victoria ya en el bolsillo, se quiso proyectar una imagen más limpia y calmada, más controlada, pero dentro sí existió esa preocupación que siempre aparece cuando una selección que se siente favorita no responde como esperaba.
La presencia de Lamine Yamal
En ese escenario también se movió el caso de Lamine Yamal. Desde fuera se había interpretado que el blaugrana estaba tocado por la situación y por cómo había vivido el debut, pero en la zona mixta se intentó rebajar esa lectura. Álex Baena, por ejemplo, llegó a deslizar un expresivo “mira cómo estaba”, como queriendo desmontar la idea de un Lamine especialmente afectado porque jugó un muy buen primer tiempo. El propio futbolista de Rocafonda, eso sí, evitó cualquier exposición: esquivó a la prensa y abandonó la zona mixta por otra puerta, sin detenerse a hablar. Solo lo hizo con las televisiones con derechos.

Cucurella originó el cuarto gol de España / RONALD WITTEK / EFE
En general, el ambiente posterior dejó una sensación bastante clara. Los que habían jugado estaban satisfechos por haber sacado adelante un partido que tenía trampa después del tropiezo inicial, pero sin ningún tipo de euforia. Y los suplentes asumían con total normalidad que lo importante era ganar y resetear el ruido generado tras Cabo Verde. Nadie cayó en celebraciones exageradas. Se respiraba más alivio que entusiasmo.

Lamine Yamal celebra su primer gol en un Mundial / Europa Press
También fue significativa la actitud de Cucurella. El lateral ya había dicho lo que consideraba que tenía que decir y, cuando apareció por la zona mixta, aceleró el paso y dejó claro que ahora mismo solo hay una prioridad: el Mundial. Sin desvíos, sin regodearse y sin alimentar demasiado una conversación que dentro del grupo intentan cerrar cuanto antes. España ganó, sí, pero lo que no se vio explica que el arranque del torneo había dejado cicatriz. De la Fuente respondió con secretismo, el equipo con una puesta en escena mucho más seria y el vestuario con un discurso medido. Por fuera, calma. Por dentro, algo bien distinto. Eso sí, el optimismo vuelve a reinar.









