quieren restringir que los niños jueguen en la vía pública

Barcelona lleva años transformando algunas de sus calles para reducir el uso del coche y ganar más espacio para los peatones. La pacificación de ejes urbanos ha permitido crear zonas más abiertas, con más vida vecinal y menos tráfico, pero también ha generado nuevos debates y problemáticas sobre cómo deben utilizarse estos espacios compartidos.

Imagen recurso de balcones en la ciudad de BarcelonaPexels

Y es que para los vecinos ha quedado demostrado que el hecho de ganar metros para la ciudadanía no siempre es mejor. Pues en calles muy densas, el mismo espacio puede servir para pasear, descansar, sentarse en una terraza, trabajar en un comercio o jugar. Y cuando todos esos usos coinciden en las mismas aceras, los conflictos acaban apareciendo.

En este contexto, vecinos y comerciantes de la ronda de Sant Antoni reclaman al Ajuntament de Barcelona que restrinja los juegos de pelota en los tramos pacificados de esta vía. Con esta petición, pretenden que el consistorio fije zonas y horarios para evitar molestias continuadas en el principal foco de quejas, que se concentra en el entorno de la plaza Pes de la Palla, especialmente en el tramo más amplio situado entre las calles Casanova y Villarroel.

Según denuncian las entidades vecinales y comerciales, los partidos improvisados por los niños -y no tan niños- dificultan el paso, generan ruido y provocan pelotazos contra fachadas, terrazas y establecimientos que incluso hacen saltar las alarmas de los locales. Sin embargo, aunque la petición formal es actual, el malestar no es nuevo. 

El verano pasado, vecinos y comerciantes ya iniciaron una campaña con carteles en portales y tiendas para pedir que los partidos no se alargaran hasta altas horas de la noche. También reclamaban que no se usaran comercios, árboles o elementos urbanos como porterías improvisadas.

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Imagen de dos niños jugando a la pelota en un campo de fútbolPexels

Pese a estas quejas, el Ajuntament evita plantear una prohibición general. El consistorio sostiene que el juego forma parte del uso legítimo del espacio público y defiende que la solución debe pasar por ordenar la actividad, reforzar la mediación y buscar espacios alternativos para descongestionar la ronda, pero en ningún caso prohibir.

La cuestión es especialmente delicada porque Barcelona también ha defendido en los últimos años una ciudad más jugable para niños y adolescentes. De hecho, la Sindicatura de Greuges ha pedido retirar los carteles genéricos de «prohibido jugar a pelota», aunque también insiste en equilibrar el derecho al juego con el descanso vecinal.



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