La vuelta del Levante a Primera División se sentenció con una permanencia épica e inolvidable. Misión cumplida, pensarán algunos por muy difícil que fuera la contienda, aunque la sensación de alivio fue abundante entre los dos máximos responsables de la dirección deportiva del club levantinista tras una temporada intensa y llena de altibajos, pero que acabó de la mejor forma posible. Héctor Rodas y Jose Gila, secretario técnico y jefe de scouting respectivamente, han aprobado con nota su primera experiencia al frente de la nave del Ciutat de València, rumbo a un proyecto ilusionante cuyo proceso se verá impulsado y agilizado después de lograr una salvación que ocupa un lugar destacado en la historia de un club acostumbrado a superar obstáculos. En el caso de los encargados de diseñar la plantilla, que cumpla las ilusiones de todos los granotas, no iba a ser menos. Sin embargo, las limitaciones económicas y dificultades para incorporar piezas que elevasen la competitividad del equipo no fueron un impedimento para terminar tocando el cielo en La Cartuja.
A pesar de tener argumentos de sobra para celebrar el hito de su Levante, el fútbol circula a una velocidad tan alta que se ven incapaces de tomarse cualquier respiro. “Nosotros, dado el presupuesto que tenemos, debemos ser muy proactivos, anticiparnos al resto y ser muy ingeniosos. No da tiempo a descansar. Tenemos que empezar a cerrar cosas que llevamos tiempo trabajando y tomar decisiones. Nuestra idea de proyecto es tener la mayor estabilidad posible, tener una metodología que vaya creciendo cada año y nos dé rendimiento. Espero que consigamos ser un equipo más estable en Primera División”, dijo Héctor Rodas en SUPER, consciente de que coincide con Jose Gila sobre la dureza del curso para alcanzar la salvación. Pese a ello, ninguno dudó de los futbolistas dirigidos por Luís Castro ni de sus posibilidades por quedarse en la élite.
“Ha sido un tobogán de emociones, una montaña rusa. Daba la sensación de que, por mucho que hicieras, no te daba. Y, sobre todo en el esprint final, ganabas y no te servía porque los rivales también ganaban. Daba angustia e incluso ansiedad por intentar salir del descenso, pero el objetivo se ha logrado de la forma más épica posible. Es con lo que te quedas después de una temporada muy complicada. Aun así, desde dentro es imposible no pensar que te vas a salvar. Si no, no vendrías a trabajar con la necesidad de hacer cosas y de sentirte útil para alcanzar el objetivo. Desde dentro, además, ves el trabajo del cuerpo técnico, de los jugadores, de los scouts, de Pepe Danvila, de nosotros mismos… Entonces, es imposible pensar que no se va a conseguir. Evidentemente, cuando hay una derrota o una serie de partidos que no sacas te vienes un poco abajo, pero, cuando estás dentro, no te queda otra posibilidad. Siempre hay fe”, aseguró Gila.
Inevitablemente, el sufrimiento va de serie en circunstancias tan tensas. Sobre todo, cuando la escalada hacia la salvación se afrontó sin red de seguridad y sin margen de error. Navegar en la cuerda floja provocó nervios e intranquilidad. El miedo a descarrilar en cualquier kilómetro estuvo latente independientemente del tramo de la competición. No en vano, cada centímetro de sufrimiento terminó valiendo la pena. “A nivel de emociones, estos dos últimos meses han sido los peores de mi vida. Cada partido era una final y te daba la sensación de que el coche iba a 200 durante todo el camino y que, en cualquier momento, podías pinchar e irse todo al garete. Esa sensación de sufrimiento, de todo lo que hay detrás y de dejar escapar una oportunidad de estar en Primera División, con el riesgo de que la estabilidad del club cambiase, era complicada. Sin embargo, quien no arriesga no gana”, comentó Héctor con Gila transmitiendo las mismas emociones. “Se pasa muy mal. Las últimas semanas, de repente, Héctor me mandaba un WhatsApp a las 5 de la mañana y yo ya estaba despierto. Se pasa mal y, sobre todo, también sufren nuestras familias: padres, amigos, parejas… Es duro, pero es lo que hay. Si te quieres dedicar a otra cosa más tranquila, serás feliz de otra manera. Nuestra felicidad está en el reto constante de tener la posibilidad de conseguir un objetivo. Es lo que después hace que valga la pena”, aseguró.
Sin apenas tiempo para saborear ni festejar la permanencia, la rueda no se detiene. Mientras la gente descansa y coge fuerzas para afrontar una nueva temporada con los bidones de energía hasta arriba, Héctor Rodas y Jose Gila aprovechan el tiempo para atar fichajes a pesar de que, a sus espaldas, lleven una carga de trabajo y de estrés difícil de soportar. En febrero de 2025, y sin previo aviso, asumieron la salida de Felipe Miñambres dando un paso al frente y reestructurando las profundidades de la dirección deportiva para dotarla de eficientes e interesantes herramientas. Desde entonces, no se han parado ni para coger aire. Enlazaron el ascenso con la planificación de la 25/26 y volverán a encadenar la salvación con la confección de la 26/27. No obstante, poco les importa. Gila siente que “es un círculo que no se acaba nunca. Siempre estás trabajando. Cuando acaba la temporada tienes que traer a los jugadores cuando todo el mundo se va de vacaciones. Y, cuando empieza la temporada, ya no puedes porque tienes que seguir el campeonato. Desconectamos un par de días en septiembre y antes del mercado de invierno, pero, el resto del tiempo, estamos las 24 horas del día. Hablamos más entre nosotros que con nuestras parejas y con nuestras familias, pero si lo hacemos es por algo. Nadie nos obliga. Si lo hacemos es porque es una droga que nos engancha y que, al final, compensa cuando ves a tanta gente contenta por conseguir los objetivos”.
Rodas, a su vez, reconoce que “ha sido, en todos los sentidos, un año y medio muy intenso. Tocó asumir un reto que no era fácil. Era una oportunidad, pero la situación del primer equipo aún era dudosa al no saber si iba a playoff o a ascenso directo. Además, el filial estaba en descenso. Conseguimos darle la vuelta a ambas situaciones, pero tocó encadenar otra vez el mercado, empezando de cero con primer equipo y con filial. Desconectar más de dos días del teléfono ha sido imposible, pero somos gente que tiene mucha hambre y que amamos al club. Hace que te impliques más. Ha sido imposible desconectar tanto tiempo, pero nos gusta esto. Como nos gusta, y queremos ayudar y que el proyecto avance, mantenemos la energía, que no es fácil”.
Binomio ideal en Orriols
El tándem formado por Héctor Rodas y Jose Gila no se entiende por separado. Junto al respaldo de Jose Danvila, quien sigue sus movimientos de cerca y les ayuda en todo lo que está en su mano, ambos se retroalimentan y se benefician de sus respectivas virtudes. Pasan tanto tiempo juntos que de la amistad que ha brotado entre informes, análisis y reuniones nace el éxito del Levante: permanencia en Primera División siendo el club con menos recursos de la élite del fútbol español. “Es un binomio perfecto. Lo que no tiene él lo tengo yo y viceversa. Al tener experiencia como jugador veo otras cosas, pero Gila lleva casi una década en direcciones deportivas y tiene más experiencia que yo. Nos compenetramos muy bien. Sabemos hasta dónde puede llegar cada uno y qué tenemos que hacer. Llevamos tanto tiempo hablando que con una mirada o un sticker ya está todo hablado. Es muy bueno que tengamos esta relación. Estamos conectados entre nosotros y también con Danvila. El ambiente de trabajo que se ha generado es muy importante para que salga todo bien”, dijo Rodas.
Más allá de la experiencia que tenga a sus espaldas, Gila, que se unió al Levante en 2019 a través de la dirección deportiva encabezada por Manolo Salvador, empezó a construir su camino desde un ámbito totalmente distinto al actual. Estudió la carrera de Periodismo en la Universitat Autònoma de Barcelona, se doctoró en Comunicación Audiovisual y Publicidad y, mediante una beca de postgrado otorgada por el Comité Olímpico Internacional, hizo una tesis para analizar el ‘engagement’ relacionado con la audiencia de la competición. Pese a ello, una asignatura del máster que estudió, donde empleaba una aplicación que analizaba datos procedentes de las redes sociales, fue el paso definitivo para adentrarse en el mundo del fútbol mediante el almacenamiento y el análisis de datos.
“Siento que el doctorado es algo que pasó hace mucho tiempo. Al final todo en la vida te da un bagaje, un poso y unas experiencias que te sirven. Todo el tema de la comunicación me ha servido a la hora de presentar un proyecto a un jugador, al Consejo de Administración, a Danvila… Todo lo que en su día estudié me sirve para tener capacidad comunicativa con tal de convencer de un fichaje o presentar un informe más atractivo”, comentó Jose Gila, sabiendo que en Héctor Rodas tiene un referente en el que apoyarse y que sabe más que nadie cuáles son las necesidades del jugador. “He vivido prácticamente de todo: he estado en equipos donde no he jugado mucho, se me ha dicho que buscara equipo el último día de mercado, he entrado en vestuarios donde compañeros tenían una carta de despido… A la hora de tomar decisiones y comunicárselas a los jugadores intento hacer lo que me hubiese gustado que hubiesen hecho conmigo: ser directos, ir de cara y ayudarles a tomar decisiones. Tengo una visión holística de todo. He sido canterano y sé cómo se trabaja en cantera. He sido asistente en primer equipo y en filial y sé las necesidades que tienen los jugadores. Ahora, desde un segundo plano, lo observo todo mejor”.
No obstante, por mucho que Héctor Rodas y Jose Gila procedan de ramas distintas, la pasión y el sentimiento hacia el Levante corren por sus venas. Y juntos trabajarán codo con codo para que el club no detenga su ritmo de crecimiento y siga celebrando hitos a la altura de la emoción que supuso lograr la permanencia. “Para mí el Levante lo es todo. Ha sido el club que me ha formado como persona y como jugador. Me ha permitido cumplir todos mis sueños con creces. Ahora me ha dado la oportunidad de comenzar una nueva andadura en otra faceta del fútbol. El Levante es una de las patas más importantes de mi vida. Quiero devolverle lo que me ha dado. No lo haces por tema laboral o económico. Mi sueño es dejar un legado y que se me recuerde también por eso”, cerró Héctor.














