La selectividad es una carrera de fondo que empieza en primero de Bachillerato y termina dos cursos después. Sin embargo, cuando llega la PAU, muchos estudiantes y sus familias la viven como una prueba decisiva, capaz de condicionar su futuro académico. En toda España, más de 340.000 estudiantes encaran estos días una prueba cuya dificultad no reside en aprobar (más de nueve de cada diez la supera), sino en sacar nota suficiente para entrar en la universidad pública deseada. Este año, el alumnado madrileño es el primero en enfrentarse a los exámenes, el 1 de junio, en una convocatoria que se prolongará hasta el jueves. En la mayoría de las comunidades, la PAU se celebrará los días 2, 3 y 4. Castilla-La Mancha la tiene prevista a partir del día 8 mientras que los estudiantes catalanes serán los últimos: 9, 10 y 11 de junio. En Catalunya, las notas se publicarán el 23 de junio. El calendario oficial indica que las revisiones de exámenes se podrán celebrar los días 25, 26 y 29 de junio.
Las notas de corte –que no afectan a los campus privados– se han disparado en muchas facultades de la rama científica y sanitaria. Estas puntuaciones no las fijan las universidades ni reflejan la dificultad de los estudios, sino que dependen de la relación entre la demanda de cada grado y la oferta de plazas. Es decir, es la nota de admisión más baja con la que un estudiante consigue ser admitido.
Al ser una de las carreras más demandadas, Medicina tiene las notas de corte más elevadas: 13 en la Complutense de Madrid o 12,8 en la Universitat de Barcelona (datos de 2025). Lo mismo pasa con las ingenierías: Ingeniería Informática y Matemáticas tuvo el año pasado una nota de corte de 12,89 en la UB, mientras que en la Universidad Carlos III de Madrid fue necesario alcanzar un 13,3 para matricularse en Ingeniería Aeroespacial.
En el caso de Catalunya, donde toda la información relativa a la selectividad se puede encontrar en la página ‘online’ de Canal Universitats, habrá que esperar al 10 de julio para la publicación de la primera asignación de plazas.
La nota con la que los estudiantes compiten por una plaza universitaria pública se calcula con la media que sale de los dos cursos de Bachillerato (en caso de haber cursado religión, no cuenta) y la selectividad. La primera supone un 60% y la segunda, un 40%. En la PAU –que incluye cinco exámenes obligatorios, o cuatro si la comunidad no tiene idioma cooficial– la puntuación máxima no es 10 sino 14. Esto se debe a la posibilidad de los aspirantes de realizar tres exámenes voluntarios, que, en realidad, no son tan voluntarios porque la presión por conseguir una buena calificación hace que casi todos los hagan. El resultado de la parte voluntaria se multiplica por 0,1 o 0,2 (parámetros de ponderación) dependiendo de la relación entre la materia y el grado universitario al que opte el aspirante.
En la fase voluntaria, los estudiantes pueden examinarse de hasta tres materias de segundo de Bachillerato (comunes o de modalidad) distintas de aquellas de las que se hubieran examinado en la fase obligatoria.
La selectividad de 2026 continúa con el mismo formato del año pasado. No es un examen único e idéntico en toda España, pero mantiene en común la estructura, las características básicas, los criterios de evaluación y los de corrección. Al menos, esa es la teoría. La plataforma Escuela de Todos presentó hace unas semanas un estudio que compara la PAU de 2025 con la de 2023. El informe detecta una mayor armonización, en línea con los criterios aprobados por el Gobierno. Sin embargo, alerta de que todavía persisten “diferencias muy relevantes” que afectan a la igualdad de oportunidades de los estudiantes en el acceso a la universidad.
A pesar de la homogeneización, corresponderá a las comunidades autónomas concretar características, contenidos y criterios de corrección específicos de la prueba. La coherencia, la cohesión, la corrección gramatical, léxica y ortográfica de las respuestas, así como su presentación, cuentan para la nota. La valoración de estos aspectos supondrá, al menos, el 10% de la calificación de cada pregunta o tarea que implique la redacción de un texto.
Los ejercicios de la PAU –con un tiempo cada examen de 90 minutos– tienen un diseño más enfocado a evaluar las competencias de los estudiantes frente a su capacidad memorística. Se requiere al alumnado creatividad, capacidad de pensamiento crítico, reflexión y madurez. El 70% de la puntuación en cada examen corresponda a preguntas abiertas o semiconstruidas.
Copiar en la selectividad puede costar mucho más que un suspenso: la normativa prevé la expulsión del aula, un 0 en el examen y, en los casos más graves, la anulación de toda la PAU. El año pasado, a un estudiante en Barcelona se le retiró una prueba al ser sorprendido copiando con el móvil, un dispositivo que, según la normativa, está estrictamente prohibido y conlleva la anulación del examen. Las instrucciones que se leen al inicio de las pruebas son claras: “Durante el examen, el alumnado debe tener siempre las dos manos visibles y las orejas descubiertas, para permitir la verificación de que no se están utilizando dispositivos auditivos no permitidos”. Si se utilizan y el personal lo detecta (por norma, hay tres vigilantes por aula), la consecuencia es clara: un 0 en ese examen.
Este año, con las herramientas de IA utilizadas de forma masiva por los estudiantes a lo largo del curso, una de las medidas más destacadas en Catalunya y otras comunidades como Aragón, Murcia y Galicia es que, por primera vez, los organizadores podrán utilizar detectores de dispositivos electrónicos durante el desarrollo de los exámenes para garantizar la integridad de las pruebas.
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