El fútbol, en su versión más romántica, suele venderse como un sueño colectivo. Un país animando a un grupo humano entero, deseando que lleguen lo más lejos posible. Pero lo cierto es que el deporte rey, para algunos, también puede ser una carga o una obligación con la que convivir. Y si no, que se lo pregunten a la esposa de Chris Killen, un futbolista desconocido para muchos, pero que tuvo que enfrentarse a un debate que aterra a cualquiera: ¿Amor o fútbol?
Si para jugar un Mundial tuvierais que renunciar a vuestra luna de miel, ¿lo haríais? Esta es la pregunta que se tuvo que hacer el futbolista del Middlesbrough cuando recibió la llamada de Ricki Herbert, seleccionador de Nueva Zelanda, para participar en Sudáfrica 2010. Era la primera participación del país tras su debut en 1982, una oportunidad única, pero envenenada.
De la boda a la concentración
La historia arranca lejos del césped, o al menos del de un estadio de fútbol. Killen se acababa de casar con Hannah en Loch Lomond, Escocia, el 29 de mayo de 2010. Tenían todo preparado para celebrarlo: una luna de miel de ensueño, en un destino con playas paradisíacas, pero el destino, y una convocatoria nacional, tenían otros planes.
Debía unirse de inmediato a la concentración en Austria, y no podía retrasarse ni un día. Con lo que eso conllevaba: o Mundial o luna de miel. Killen eligió lo primero y pospuso el bonito plan con su mujer. “Mi esposa hubiese estado más contenta si no me convocaban”, reconocería después con un toque de humor.
Killen, durante un partido con Nueva Zelanda / Oceania Football Federation
Nueva Zelanda había quedado encuadrada en el Grupo F junto a Italia, Paraguay y Eslovaquia. Un grupo complicado que no pudieron superar. Pero, pese a ello, valió la pena la elección de Killen y el gran sacrificio de Hannah, porque, contra todo pronóstico, no perdieron ni un partido, firmando tres empates y quedando por encima en la tabla del vigente campeón, Italia.
Tras el torneo y haber cumplido un sueño que no volvió a repetir nunca (Nueva Zelanda volverá en 2026 a un Mundial tras tres ediciones de ausencia), el fútbol cedió finalmente espacio a lo pendiente.
2017: culpable de agresión sexual
Killen regresó con su mujer y, por fin, pudo disfrutar de su luna de miel. Ese equilibrio entre lo profesional y lo íntimo es el que esconden muchas carreras deportivas de primerísimo nivel. Detrás de muchas decisiones hay grandes sacrificios. Eso forma parte del ‘contrato’ del deportista de élite.
Sin embargo, en 2017 volvería a ser protagonista, pero por un acto deleznable. Retirado desde 2013, Killen se declaró culpable de agresión sexual y fue condenado a 12 meses de cárcel y 200 horas de rehabilitación. Desde entonces, su nombre aparece en el registro de delincuentes sexuales.














