Cihan ha entrado en la celda con la intención de hablar de hombre a hombre. A pesar de todo lo que ha pasado entre ellos, le ha reconocido que lo que hizo en el campo fue necesario: «En tu lugar habría hecho lo mismo. También habría escogido salvarte la vida a ti». Para Cihan, aunque sean enemigos, la familia sigue siendo lo primero.
Sin embargo, el rencor de Sahin no se borra con un disparo. Le ha recordado el daño que se han hecho. Por su parte, Cihan ha intentado tenderle la mano, ofreciéndole salir de allí y volver con ellos: «Ven con nosotros». Pero Sahin, orgulloso y roto por las circunstancias, se ha negado. No quiere favores ni limosnas.
El jefe del clan se ha ido del calabozo con las manos vacías y con la confirmación de que, aunque la muerte de Mahmut les haya unido por un momento, el rencor y resentimiento que le tiene es demasiado grande.
Lo más triste es que, a pesar de tanto esfuerzo, Kaya y Zerrin han sido separados. No han conseguido ese final feliz que tanto soñaban, al igual que ocurrió en su día con Sahin y Nare. En esta familia, los finales felices parecen ser una misión imposible.












